de Weitling) al artículo de Hess publicado en los
21 pliegos
y al «Bosquejo para la Crítica de la EconomíaPolítica», de Engels, en los
Anuarios Franco-Alemanes
, en donde yo anuncié igualmente, de manera totalmentegeneral, los primeros elementos del presente trabajo.Aparte de estos escritores que se han ocupado críticamente de la Economía Política, la crítica positivaen general, y por tanto también la crítica positiva alemana de la Economía Política, tiene que agradecer suverdadera fundamentación a los descubrimientos de
Feuerbach
, contra cuya
«Filosofía del Futuro»
y contracuyas «Tesis para la reforma de la Filosofía» en las
Anécdotas
(por más que se las utilice calladamente) lamezquina envidia de los unos y la cólera real de los otros parecen haber tramado un auténtico complot del
silencio
.Sólo de Feuerbach arranca la crítica
positiva
, humanista naturalista. Cuanto memos ruidoso, tanto másseguro, profundo, amplio y permanente es el efecto de los escritos
feuerbachianos
, los únicos, desde la Lógica yla Fenomenología de Hegel, en los que se contenga una revolución teórica real.En oposición a los
teólogos críticos
de nuestro tiempo, he considerado absolutamente indispensable elcapítulo final del presente escrito, la discusión de la
Dialéctica hegeliana
y de la Filosofía hegeliana en general,pues tal trabajo no ha sido nunca realizado, lo cual constituye una inevitable
falta de sinceridad
, pues incluso elteólogo
crítico
continúa siendo
teólogo
y, por tanto, o bien debe partir de determinados presupuestos de laFilosofía como de una autoridad, o bien, si en el proceso de la crítica y merced a descubrimientos ajenos nacenen él dudas sobre los presupuestos filosóficos, los abandona cobarde e injustificadamente,
prescinde
de ellos,se limita a expresar su servidumbre con respecto a ellos y el disgusto por esta servidumbre en forma negativa ycarente de conciencia, y sofística [sólo lo expresa en forma negativa y carente de conciencia, en parte repitiendocontinuamente la seguridad sobre la
pureza
de su propia crítica en parte, a fin de alejar tanto los ojos delobservador como los suyos propios del necesario ajustamiento de cuentas entre la crítica y su cuna -la dialécticahegeliana y la Filosofía alemana en general-, de esta indispensable elevación de la moderna crítica sobre supropia limitación y tosquedad, tratando de crear la apariencia de que la crítica sólo tiene que habérselas con unaforma limitada de la crítica fuera de ella -concretamente con la crítica del siglo XVIII- y Con la limitación de lamasa. Finalmente, cuando se hacen descubrimientos -como los
feuerbachianos-
sobre la esencia de sus propiospresupuestos filosóficos, el teólogo crítico, o bien finge haberlos realizado
él
y lo finge lanzando los resultadosde estos descubrimientos, sin poderlos elaborar, como
consignas
contra los escritores que están aún presos dela Filosofía, o bien saben crearse la conciencia de su superioridad sobre esos descubrimientos, no colocando otratando colocar en su justa relación los elementos de la
dialéctica
hegeliana, que echa aún de menos en aquellacrítica de la misma, que aún no han sido críticamente ofrecidos a su goce sino haciéndolos valermisteriosamente, en el modo que le es
propio
, de forma escondida, maliciosa y escéptica, contra aquella crítica dela dialéctica hegeliana. Así, tal vez, la categoría de la prueba mediadora contra la categoría de la verdad positivaque arranca de si misma, la... etc. El teólogo crítico encuentra, efectivamente, perfectamente natural que del ladode la Filosofía esté todo
por hacer
, para que a pueda
charlar
sobre la pureza, sobre el carácter decisivo de lacrítica perfectamente crítica, y se considera como el verdadero
superador de la Filosofía
cuando siente que faltaen Feuerbach un momento de Hegel, pues por más que practique el fetichismo espiritualista de la«autoconciencia» y del «espíritu», el crítico no pasa del sentimiento de la conciencia.Considerada con exactitud, la crítica teológica -bien que, en el comienzo, fuese un momento real delprogreso- no es, en última instancia, otra cosa que la consecuencia y culminación llevadas hasta la
caricaturateológica
de la vieja
trascendencia filosófica
y, concretamente,
hegeliana
. En otra ocasión mostraré en detalleesta Némesis histórica, esta interesante justicia de la Historia que destina a la Teología, que fue en otro tiempo ellado podrido de la Filosofía, a exponer también ahora la disolución negativa de la Filosofía, es decir, su procesode putrefacción.[En qué medida, por el contrario, hacen necesaria los descubrimientos de Feuerbach sobre la esencia dela Filosofía una discusión critica con la dialéctica filosófica (al menos para servirles de
prueba)
se verá en miexposición].
Primer Manuscrito
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