tergiversaciones sino también absolutos disparates. Barruel pasaba por alto,entre otras cosas, que el grupo de Weishaupt ya no existía en 1786, que siempreestuvo enemistado con los masones y que éstos no sólo por regla general habíansido monárquicos y conservadores sino que además habían experimentado lapersecución a manos de los revolucionarios, muriendo centenares de ellos en laguillotina. Con todo Barruel, que había tomado sus ideas de un matemáticoescocés llamado John Robinson, apenas mencionaba a los judíos porque,ciertamente, éstos no habían tenido ningún papel de importancia durante laRevolución y porque además incluso habían sido víctimas de los excesos de ésta.Pese a sus evidentes deficiencias, la obra de Barruel despertó, sin embargo, lapasión de un oficial llamado J. B. Simonini que le escribió desde Florenciaproporcionándole supuestas informaciones sobre el papel judío en la conspiraciónmasónica. En una carta —que fue un fraude de Fouchá para impulsar a Napoleónhacia una política antisemita— el militar felicitaba al clérigo pordesenmascarar a las sectas que estaban “abriendo el camino para el Anticristo” yse permitió señalarle el papel preponderante de la “secta judaica”. SegúnSimonini, los judíos, tomándole por uno de los suyos, le habían ofrecido hacersemasón y revelado sus arcanos. Así se había enterado de que el Viejo de laMontaña (el fundador de la secta islámica de los Asesinos que tanto agradaba aNietzsche) y Manes eran judíos, que la masonería y los iluminados habían sidofundados por judíos y que en varios países —especialmente Italia y España— losclérigos de importancia eran judíos ocultos. Su finalidad era imponer eljudaísmo en todo el mundo, objetivo que sólo tenía como obstáculo la Casa deBorbón a la que los judíos se habían propuesto derrocar. Ni que decir tiene quelas afirmaciones de Simonini carecían de la más mínima base (por esa época tantolos masones como los iluminados si acaso habían tenido alguna actitud hacia losjudíos era de rechazo). Sin embargo, los dislates contenidos en la mismahicieron mella en la mente de Barruel, que, a juzgar por su obra, estaba bienpredispuesto a creer este tipo de relatos.De hecho, pese a que juzgó más prudente no publicarla, entre otras razonesporque temía que provocara una matanza de judíos, distribuyó algunas copias encírculos influyentes. Finalmente, antes de morir en 1820, relató todo a unsacerdote llamado Grivel. Nacería así el mito, tan querido a tantos personajesposteriores, de la conjura judeo-masónica, mito al que se incorporaron los datossuministrados por Simonini en su carta. Con todo, inicialmente, la idea de unaconspiración judeo-masónica iba a caer en el olvido y durante las primerasdécadas del siglo XIX ni siquiera fue utilizada por los antisemitas. Conposterioridad, una obra de creación titulada Biarritz volvería a resucitarlo enAlemania. El autor de la novela se llamaba Hermann Goedsche y ya tenía un ciertopasado en relación con documentos de carácter sensacional. En el períodoinmediatamente posterior a la revolución de 1848 había presentado unas cartas envirtud de las cuales se pretendía demostrar que el dirigente demócrata BenedicWaldeck había conspirado para derrocar al rey de Prusia.El acontecimiento dio origen a una investigación cuyo resultado no pudo resultarmás bochornoso: los documentos eran falsos y además Goedsche lo sabía. Este sededicó entonces a trabajar como periodista en el Preussische Zeitung, elperiódico de los terratenientes conservadores, y a escribir novelas comoBiarritz. Esta se publicó en 1868, una fecha en que la población alemanacomenzaba a ser presa de renovados sentimientos antisemitas a causa de laEmancipación —sólo parcial— de los judíos. En un capítulo del relato, que sepresentaba como ficticio, se narraba una reunión de trece personajes,supuestamente celebrada durante la fiesta judía de los Tabernáculos, en elcementerio judío de Praga. En el curso de la misma, los representantes de laconspiración judía mundial narraban sus avances en el control del gobierno
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Bueno nose si los protocolos de los sabión de sión sean verdad o mentira, pero hay que saber que Brendita tiene amigos judios, con eso significa que su imparcialidad se fue a la basura que buiiiiiiiiiiiinaa como te quedo el ojo ENANA. Me pasas la voz cuando tu foro de porqueria expreso se vaya al desague completo.
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