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La Prosperidad Mundial
23 enero 1995A las Asambleas Espirituales Nacionales de los Bahá'ís de todo el mundoQueridos amigos:Conforme el siglo veinte toca ya a su fin, asistimos a una marcada aceleración de losesfuerzos que pueblos y gobiernos realizan por lograr un entendimiento compartidoen temas que afectan al futuro de la humanidad. La Conferencia sobre el Desarrollo yMedio Ambiente celebrada en Río de Janeiro en 1992, la Conferencia Mundial deDerechos Humanos de Viena (1993), la Conferencia Internacional sobre Población yDesarrollo de El Cairo (1994) y la Cumbre Mundial para el Desarrollo Social deCopenhague, a la que seguirá en septiembre la Cuarta Conferencia Mundial sobre laMujer (Pekín), son pruebas evidentes de esta aceleración. Dichos acontecimientosconstituyen hitos cimeros dentro de la miríada de actividades que tienen lugar endiferentes rincones del mundo y que tienen por protagonistas a un amplio abanico deredes asociativas y organizaciones no gubernamentales en búsqueda urgente devalores, ideas y medidas prácticas que adelanten las perspectivas de un desarrollopacífico para todos los pueblos. En este empeño puede apreciarse el impulso que vacobrando la unidad de pensamiento en proyectos de alcance mundial, y cuyaplasmación es descrita por las sagradas escrituras como una de las luces de unidadque han de iluminar el camino hacia la paz. Naturalmente, los bahá'ís de todo elmundo se sienten alentados por estas tendencias esperanzadoras, y, según lo permitanlas oportunidades, continuarán prestándoles mayor apoyo moral y práctico.En vista de la intensa atención dispensada a los temas de desarrollo económico ysocial desde la celebración en Brasil de la Cumbre de la Tierra, solicitamos de laOficina de Información Pública de la Comunidad Internacional Bahá'í que preparaseuna declaración sobre el concepto de prosperidad global en el contexto de las
 
enseñanzas bahá'ís. La declaración está ya lista para su difusión. Nos complace muygratamente poderles proporcionar un ejemplar de "La riqueza de la humanidad" yrecomendarles que la usen en sus contactos con gobiernos, organizaciones y públicoen general. Albergamos la convicción y esperanza de que esta declaración les ha deayudar a promover que los miembros de sus comunidades enriquezcan sucomprensión en asunto de tanta importancia, y en esa misma medida dinamice sucontribución a los procesos de construcción social que están ocurriendo a lo largo delplaneta.Con amorosos saludos bahá'ís:La Casa Universal de Justicia
 
LA RIQUEZA DE LA HUMANIDADEl ideal de una paz mundial está tomando cuerpo de un modo que hubiera sidoimpensable hace tan sólo un decenio. Obstáculos que otrora parecían infranqueablesse han derrumbado al paso de la humanidad; conflictos que parecían insuperables hancedido ante los procesos de consulta y resolución en curso; surge una voluntad decontrarrestar las agresiones militares mediante la acción internacional concertada. Elresultado es que tanto las masas de la humanidad como un buen número de líderesmundiales han asistido a un reverdecer de la esperanza en el futuro del planetacuando ésta ya casi parecía extinguida.Por todo el mundo inmensas energías intelectuales y espirituales buscan su cauce deexpresión, energías cuyo empuje guarda proporción directa con las frustracionesacumuladas de las últimas décadas. Por doquier se multiplican las muestras de eseanhelo que albergan los pueblos de la tierra por poner fin al conflicto, sufrimiento yruina, lacras a las que ningún país es hoy inmune. Hay que captar y encauzar estamarea de impulsos de cambio a fin de superar las demás barreras que traban el logrode ese antiguo sueño: alcanzar la paz mundial. El esfuerzo de voluntad requerido entamaña empresa no puede suscitarse sólo mediante llamamientos a combatir lainterminable lista de males que afligen a la sociedad. Antes bien, debe alumbrarsemediante una visión de la prosperidad humana, y ello en el sentido más hondo de laexpresión: el despertar de posibilidades de bienestar espiritual y material hoy anuestro alcance. Sus beneficiarios deben ser todos los habitantes del planeta, sindistinciones, y sin que valgan condiciones impuestas que nada tengan que ver con lasmetas fundamentales propias de tal reorganización de los asuntos humanos.Hasta la fecha la Historia ha conocido principalmente la experiencia de tribus,culturas, clases y naciones. Con la unificación física del planeta alcanzada en estesiglo y el reconocimiento de la interdependencia de cuantos viven en él, comienzaahora la historia de la humanidad como un solo pueblo. El largo y lento procesocivilizador del carácter humano ha seguido un desarrollo esporádico, desigual ymanifiestamente injusto en cuanto a las ventajas materiales que ha dispensado. Noobstante, gracias a todo un patrimonio de diversidad cultural y genética acumuladodurante épocas pasadas, los habitantes de la tierra se enfrentan hoy al reto deaprovechar su herencia colectiva a fin de asumir, consciente y sistemáticamente, laresponsabilidad de forjar su futuro.Resulta poco realista imaginar que la visión de lo que haya de ser el siguiente estadioen el progreso de la civilización pueda formularse sin, al mismo tiempo, hacer unexamen detenido de las actitudes y supuestos sobre los que descansan los actuales
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