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1
N
UEVOS
 
RETOS
 
PARA
 
LA
 
PACIFICACIÓN
 
DEL
P
ERÚA
 
INICIOS
 
DEL
 
SIGLO
XXI
Por
César Delgado-Guembes
(
1
)
En los 60s el Perú fue afectado con la violencia armada generada por movimientosinsurreccionistas con una clara orientación ideológica anticapitalista. La vocaciónsubversiva de dichos movimientos se sustenen la doctrina, publicaciones yexperiencia que experimentó la Unión Soviética bajo el desarrollo de las ideas deLenin, y en China bajo el liderazgo de Mao. El enfoque leninista oppor laconcentración de esfuerzos en el proletariado de las ciudades, en tanto que el enfoquemaoísta privilegió el cercamiento de las ciudades desde la lucha armada en las zonasrurales a lo largo del eje andino comprendido entre Amazonas y Puno.En los 80s la paz social nuevamente fue socavada, en particular por los movimientosterroristas que no sólo cuestionaban la organizacn estatal vigente, sino quepretendían ganar el apoyo de la población amedrentándola. Si en los 60s la subversiónse organizó como «guerrilla» y se basó en la reivindicación de demandas populares,en los 80s el terrorismo político tuvo una dimensión igualmente política que desbordóel esquema del sustento y de la organización guerrillera. En los 80s el terrorismopretendía avanzar por el sendero de la violencia pura, sin contemplación alguna concualquier enemigo que se opusiera a su visión política.Las raíces del terrorismo y de la subversión en los 80s tuvo como origen lasderivaciones de los movimientos políticos comunistas maoístas, en especial delPartido Comunista del Perú – Bandera Roja, y Partido Comunista del Perú – PatriaRoja, ambos fundados en 1968. Es de esta última agrupación política que en 1970nace y se construye
Sendero Luminoso
, bajo la fundación, inspiración y conducción deAbimael Guzman quien, luego del período de investigación y formación que se inició acomienzos de los 70s, entre otros con la formación y adoctrinamiento de niños, jóvenes y adeptos en las Escuelas Populares, empela preparacn delenfrentamiento armado contra el Estado.
1
 
El autor es profesor de derecho parlamentario en la Pontificia UniversidadCatólica del Perú desde 1994, y se ha desempeñado como funcionario y asesor enel Congreso de la República del Perú desde 1980. Durante los años 2009 y 2010 halaborado en calidad de destacado en el Ministerio de Defensa como Asesor delDespacho Ministerial. Este ensayo ha sido publicado en internet en el siguienteenlacehttp://es.scribd.com/doc/36192784/CDG-Retos-para-la-pacificacion-del-Peru-a-inicios-del-siglo-XXI-2010.Otras publicaciones del autor pueden obtenerse de suespacio web enhttp://www.scribd.com/people/view/5117586-delgadoguembes, enespecial enhttp://es.scribd.com/doc/43979554/CDG-Narcosubversion-en-el-Peru-Diagnostico-y-estrategia-estatal, y, sobre la estrategia contra el terrorismo que secierra a comienzos de los 90s enhttp://es.scribd.com/doc/8763370/CDG-Proceso-de-pacificacion-en-el-Peru-de-los-90s
 
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El inicio histórico de las operaciones terroristas ocurre con el atentado contra lavoluntad popular el día 17 de Mayo, en las elecciones de 1980, en el pueblo deChuschi, provincia de Cangallo, Departamento de Ayacucho. Dicha acción formó partedel plan acordado por la Conferencia Nacional Ampliada en 1979, para el inicio de lalucha armada a través del ejército guerrillero popular y el frente de operaciones.En una y otra ocasiones, en los 60s y en los 80s, el Estado optó por combatir lasubversión y el terrorismo con una estrategia fundamentalmente militar. La dimensiónsocial, política y económica, que se encontraban a la base y en el origen de ladenuncia y de la lucha militar de la subversión y del terrorismo no formó parte de unaestrategia integral y sostenida en el tiempo.A inicios del siglo XXI el Perú nuevamente advierte signos de violencia armada.Nuevamente también en la base y en el origen de la organización armada existe unaaguda problemática social y económica que, minimizada o minusvalorada, deja lapretendida eliminación del problema en la dimensión policial y militar. Es importantepues pensar en el nuevo tipo de manifestaciones de violencia que se larva en lasociedad peruana, así como en la perspectiva desde la que debe abordarse elenfrentamiento militar de estas fuerzas contrarias al proyecto colectivo de país,dejando constancia que sin la comprensn de los factores sociales, políticos yeconómicos toda propuesta y esfuerzo de pacificación está condenado a reeditarse enel futuro, de modo similar a como antes ocurrió con las victorias militares sobre lasubversión y el terrorismo en los 60s y en los 80s.En las páginas que siguen el propósito es intentar una explicación y comprensión de lasituación actual y el clima de violencia que viene larvándose en diversas zonasandinas y amazónicas en el Perú. Parte de la reflexión comprende igualmente laconceptualización del tipo de defensa que corresponde hacer al Estado frente alenemigo que esta vez, y una vez más, se alza contra el Estado y contra la sociedadperuana total. Se trata de plantear propuestas que permitan asentar la estrategiadesde la cual el Estado debe defender a la colectividad, y el rol que les corresponde ala fuerza armada si el énfasis de la estrategia, una vez más, es eminentemente militar.
1. E
L
 
NUEVO
 
ESCENARIO
 
DEL
 
CONFLICTO
 
 Y
 
DE
 
LA
 
PACIFICACIÓN
 
EN
 
EL
P
ERÚ
Los grupos subversivos que niegan las bases de la convivencia en el Perú continúanamenazando la paz, la normalidad y la estabilidad social. Es necesario leer conclaridad el nuevo mensaje de zozobra que produce la violencia. No ha sido erradicadala prédica y estrategias de muerte. Zonas específicas del territorio pretenden quedar liberadas de la acción y control estatal.El Perú está lejos de haber quedado pacificado luego de la captura de los altosmandos de
Sendero Luminoso
y del
Movimiento Revolucionario Túpac Amaru 
. Lashuestes de Sendero se replegaron lentamente para reconstruir la organización cuyo
 
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liderazgo se rompió a comienzos de los 90s. El repliegue está focalizado en seccionesalejadas del ande y de la amazonía.A diferencia del movimiento ideológico del terrorismo previo, las nuevas formas deagrupamiento y de acción subversiva se valen de una nueva y distinta lógica defuncionamiento. Hoy la finalidad es poner a la población del lado de la subversión. Noconvertirla en su adversario por el terror puro e inconfundible. El terror actual sedisfraza. Se presenta como socio y compañero de las poblaciones empobrecidas. Parasumar con ellas un frente común de oposición al Estado. Ya no se mata a lospobladores del campo. Ahora se los seduce y soborna con la prebenda de la gananciaeconómica. Ya no se vuelan torres de electricidad ni se asesina a los dirigentes de lascomunidades. Ahora, contrariamente, se facilita el crecimiento económico de lospobladores mediante el desarrollo de una cadena productiva que vincula a laslocalidades más apartadas con el consumo que se realiza en las principales urbes delglobo.Las nuevas formas de alteración de la normalidad social muestran la alianza de dospeligros contrarios al desarrollo de la sociedad peruana, la subversión (nueva cara delterrorismo que la precedió) y, su complemento y sustento económico-financiero, eltráfico ilícito de drogas. Esta maligna alianza mantiene un escondido, conveniente ysilencioso pacto de colaboración. El propósito de ambas formas de negación de la pazsocial y de la salud espiritual del Perú es el desarrollo de una economía ilícita almargen de las reglas que el Estado y la Constitución establecen, y el socavamiento delsistema político por la vía de las armas.Esta es una alianza próspera cuando a ella se suma la coincidencia de que los teatrosde operaciones se concentran en territorios rurales dispersos, afectados por lapobreza y formas extremas de ésta. El apetito económico de la industria del tráficoilícito de drogas, la coincidencia de intereses con las agrupaciones subversivas y elabandono y apremiante necesidad material de poblaciones a las que dificultosamentellegan el Estado y la economía, configuran una combinación social y políticamenteexplosiva, porque la lealtad a los principios que constituyen la identidad y unidad denuestra sociedad son abiertamente ignorados por el narcotráfico y el terrorismo, quemantienen en calidad de rehén a la población económicamente deprimida en las zonasen que se concentra las operaciones del narcoterrorismo.La necesidad, la precariedad y la pobreza operan como detonantes de la alianza conquien financia y apoya. El pueblo es útil a los fines y a la pretensión de dominio ypoder subversivo. Y los agentes de la subversión tienden puentes a una población queparticipa en actividades económicas rentables para ambos.Si en los 80s el terrorismo pretendió polarizar a la población agudizando el conflictoentre ricos y pobres, la expresión actual de su acción difiere significativamente con unaestrategia dialécticamente distinta. Hoy el abandono económico no sirve para mostrar la oposición frente a quienes mayores recursos tienen a su disposición. Sirve paraincluirlos en la cadena que los incluye como parte de un sistema paralelo al estatal. 
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