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E
L
P
ARLAMENTO
 
ENTRE
C
REONTE
 
 Y
A
NTÍGONA
.E
L
 
ORDEN
 
SIMBÓLICO
 
ESTATAL
 
 Y
 
LA
 
IDEOLOGÍA
 
DE
 
LOS
 
DERECHOS
 
HUMANOS
 
(
1
)
Por 
César Delgado-Guembes ( 
 )
Cuenta focles que, en el siglo V antes de Cristo, Creonte dispuso que elcadáver de uno de los hermanos de Antígona recibiera la sepultura propia de losciudadanos tebanos. Dispuso a la vez que el cadáver de Polinice, el hermanorebelde, quedara a la intemperie, fuera de la ciudad, para que se pudrierapúblicamente y sea devorado por los buitres.Antígona desacata la orden de Creonte y sepulta al hermano subversivo. Por suconducta es procesada, y ella invoca un orden superior al de la voluntad delmáximo gobernante, de orígenes remotos, perdidos en la tradición griega. Susustento se fijó en el orden divino o natural. El de Creonte en la capacidad deordenar que tiene quien cuenta con autoridad legítima para mandar. Dos lógicas.Dos premisas. Y dos posiciones en conflicto. Difícil la conciliación y la concordiaentre la esfera trascendente de la tradición y la cultura constitutiva de un pueblo, yla esfera terrenal del orden vertical e inmanente de quien posee y a quien se lereconoce el poder.
1
Este trabajo fue expuesto en la Conferencia que dictó el autor con ocasión del V Encuentro Internacional deDerecho Humanitario y Derecho Militar, realizado del 26 al 28 de Abril del 2011, en el Hotel Los Delfines, enLima, Perú. Ha sido publicado electrónicamente en http://es.scribd.com/doc/54061067/CDG-Ciudadania-Parlamento-y-Derechos-Humanos-Ponencia-Lima-Peru-2011
2
El autor tiene estudios en filosofía, es abogado y ha concluido el magister en sociología en la PontificiaUniversidad Católica del Perú. En su condición de investigador de la institución parlamentaria ha publicadolibros y artículos especializados sobre el estatuto, la organización, gestión, procesos y normatividadparlamentaria entre los que se cuenta
Para la Representación de la República
(a publicarse en Julio de 2011por el Fondo Editorial del Congreso);
Prerrogativas Parlamentarias
(2007);
Congreso: Procedimientos Internos
(1995)
;
y
Qué Parlamento Queremos
(1992). Es profesor de derecho, gestión y procesos parlamentarios envarias universidades peruanas. Está vinculado laboralmente al Congreso desde 1980, donde se hadesempeñado en posiciones asesoriales y funcionariales. Fue Sub Oficial Mayor de la Cámara de Diputados(1991-1992), y Oficial Mayor del Congreso (2003). Para acceder a sus publicaciones puede revisarse elenlace en http://www.scribd.com/people/view/5117586-delgadoguembes
 
¿Cuál es la finalidad del Parlamento en el capitalismo tardío de la globalizacióneconómica y de la ideología universal de los derechos humanos? ¿Existenefectivamente de modo universal y ahistórico los derechos subjetivos de laspersonas, más allá del reconocimiento que hace el Estado de los derechos cívicoso políticos de aqllas como ciudadanos? ¿Son universales los derechoshumanos cuando los Estados distinguen entre los derechos fundamentales de losciudadanos y los derechos de los extranjeros en el territorio? ¿Existe en el Perú unorden político basado en valores supraestatales, o sólo se reconocen los derechoscívicos y políticos de quienes nacen y residen en territorio peruano?Estas son algunas de las delicadas cuestiones que deben encarar losparlamentos, en el nuevo espacio de su existencia política. Nuevamente el dilemaentre el orden basado en una unidad de dirección, y la libertad de cada uno de losindividuos que coexisten bajo una misma autoridad. ¿Cuánto orden es posible si elvínculo de la asociación política no es atendido ni cuidado por los individuos, ycuánta libertad es posible sin que ésta constituya una amenaza contra el proyectode convivencia bajo un mismo Estado?Pero además de la paradoja del orden y la libertad, el parlamento también seencuentra en otra encrucijada, ¿cuánto Estado es posible que se afirme y por elque se apueste, ante el afianzamiento de comunidades supraestatales endirección al Estado mundial, sin que ello le signifique mella en su propio rol yautoridad al aprobar convenios internacionales a cuya sujeción somete al Estado?¿Sobre qué base reposa el carácter normativo de un derecho supraestatal sinEstado con capacidad para exigir y vincular su aplicación y vigencia?Si los parlamentos son el lugar privilegiado de la pluralidad de la colectividadsocial, no es menos cierto que los parlamentos también se integran como unorden unitario en el Estado. Entre la multiplicidad diversa de sujetos, ninguno deellos igual a otro, y la unidad ordenada de destino con de esa mismadiversidad, se constituye la paradoja del Estado moderno: los parlamentos definenqué es la ley universal, basándose para ello en el consenso mayoritario, pero loque de universal afirman no puede lógicamente incluir a la totalidad efectiva y purade la multiplicidad de individuos en una misma sociedad. Menos n le seposible incluir a quienes son extranjeros en el territorio nacional. El Estado debedirigir la multiplicidad hacia un orden unitario y homogéneo irremediablementeparcial, limitado y excluyente de diferencias, pluralidades y multiplicidadesconcretas que no alcanzan a calificar en la regla de pertenencia al ordenhomogéneo que debe establecer el Estado.Lo que pareciera tener las características de una cuestión entre literaria y teóricaestá muy lejos de una y otra dimensiones. La Antígona de hoy personifica la
 
opción por la libertad, el disenso, la desobediencia, e incluso la subversión,basados en un orden natural y eterno. Y Creonte personifica el rol simbólico delEstado que debe afirmar verticalmente la universalidad del orden bajo su imperio ysu capacidad de mando. ¿Cómo actuar sin excesos y dentro del equilibrio quemantenga un orden con no más restricción de la libertad que la necesaria parapreservar la unidad de destino, y tanta libertad como la que no conduzca a loscaprichos de la desintegración y de la anomia?. ¿Cuáles serán los límites acualquier fundamentalismo rígido, sea estatal o individual?En el espacio de estas reflexiones me referiré a cinco distintos temas, en cada unode los cuales existe una demanda o capacidad de intervención del parlamento. Encada uno de estos mismos temas también converge y se intersecta algunadimensión relativa al reconocimiento de la universalidad de los derechos humanos.Los temas que abordaré son, primero, el Estado Constitucional de Derecho;segundo, la espinosa cuestión de la pena de muerte; tercero, la imprescriptibilidadde los crímenes de guerra y de lesa humanidad; cuarto, el tratamiento de lasprerrogativas de altos funcionarios en una democracia que se dice igualitaria, conpleno respeto de los alcances del debido proceso, sustantivo y procesal; y elquinto, el control constitucional que realiza el Congreso sobre la actividad jurisdiccional de los más altos magistrados. Todos son casos fronterizos en losque es posible advertir los límites entre lo que es estatalmente posible, y lo que espolíticamente correcto.
IL
OS
 
LÍMITES
 
AL
 
LEGISLADOR
 
SEGÚN
 
LA
 
DOCTRINA
 
DEL
E
STADO
C
ONSTITUCIONAL
 
DE
D
ERECHO
Para quienes sostienen la doctrina del Estado Constitucional de Derecho una delas características centrales de ese tipo de Estado son las limitaciones que elrespeto, la defensa y la vigencia de los derechos humanos imponen en la actividaddel legislador. Para que dicho tipo de Estado exista se añade como característicasadicionales la concepción de la Constitución como un cuerpo rígido de normascuya modificación exige un proceso con mayorías agravadas de aprobación, elcarácter jerárquicamente supremo de las normas recogidas en el documentoconstitucional, y tambn el control que sobre los actos del legislador seencomienda al sistema jurisdiccional, sea o no con control concentrado, a travésde un único órgano jurisdiccional.
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