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E
L
P
ARLAMENTO
 
ENTRE
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REONTE
 
 Y
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NTÍGONA
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L
 
ORDEN
 
SIMBÓLICO
 
ESTATAL
 
 Y
 
LA
 
IDEOLOGÍA
 
DE
 
LOS
 
DERECHOS
 
HUMANOS
 
(
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)
Por 
César Delgado-Guembes ( 
 )
Sumario
: I Los límites al legislador según la doctrina del Estado Constitucional de Derecho. II La pena demuerte en el ordenamiento jurídico aplicable en el Perú. III El rol de la agencia entre la seguridad nacional yla exigibilidad de derechos. IV La imprescriptibilidad de los delitos de lesa humanidad. V Las prerrogativasparlamentarias en las democracias igualitarias y el debido proceso. VI El control político de la actividad jurisdiccional. VII Para concluir 
Cuenta Sófocles que, en el siglo V antes de Cristo, Creonte dispuso que elcadáver de uno de los hermanos de Antígona recibiera la sepultura propia de losciudadanos tebanos. Dispuso a la vez que el cadáver de Polinice, el hermanorebelde, quedara a la intemperie, fuera de la ciudad, para que se pudrierapúblicamente y sea devorado por los buitres.Antígona desacata la orden de Creonte y sepulta al hermano subversivo. Por suconducta es procesada, y ella invoca un orden superior al de la voluntad delmáximo gobernante, de orígenes remotos, perdidos en la tradición griega. Susustento se fijó en el orden divino o natural. El de Creonte en la capacidad deordenar que tiene quien cuenta con autoridad legítima para mandar. Dos lógicas.
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Este trabajo es una versión revisada, corregida y aumentada de la exposición que el autor presentó en laConferencia que dictó con ocasión del V Encuentro Internacional de Derecho Humanitario y Derecho Militar,realizado del 26 al 28 de Abril del 2011, en el Hotel Los Delfines, en Lima, Perú. El texto original fue publicadoelectrónicamente enhttp://es.scribd.com/doc/54061067/CDG-Ciudadania-Parlamento-y-Derechos-Humanos-Ponencia-Lima-Peru-2011
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El autor tiene estudios en filosofía, es abogado y ha concluido el magister en sociología en la PontificiaUniversidad Católica del Perú. En su condición de investigador de la institución parlamentaria ha publicadolibros y artículos especializados sobre el estatuto, la organización, gestión, procesos y normatividadparlamentaria entre los que se cuenta
Para la Representación de la República
(Diciembre de 2011, FondoEditorial del Congreso);
Prerrogativas Parlamentarias
(2007);
Los viajes del Presidente
(1998);
Congreso:Procedimientos Internos
(1995)
;
y
Qué Parlamento Queremos
(1992). Es profesor de derecho, gestión yprocesos parlamentarios en varias universidades peruanas. Está vinculado laboralmente al Congreso de laRepública desde 1980, donde se ha desempeñado en posiciones asesoriales y funcionariales. Fue Director General Parlamentario (2003 y 2010), Sub Oficial Mayor de la Cámara de Diputados (1991-1992), y OficialMayor del Congreso (2003). Para acceder a sus publicaciones puede revisarse el enlace enhttp://www.scribd.com/people/view/5117586-delgadoguembes
 
Dos premisas. Y dos posiciones en conflicto. Difícil la conciliación y la concordiaentre la esfera trascendente de la tradición y la cultura constitutiva de un pueblo, yla esfera terrenal del orden vertical e inmanente de quien posee y a quien se lereconoce el poder.¿Cuál es la finalidad del Parlamento en el capitalismo tardío de la globalizacióneconómica y de la ideoloa universal de los derechos humanos? ¿Existenefectivamente de modo universal y ahistórico los derechos subjetivos de laspersonas, más allá del reconocimiento que hace el Estado de los derechos cívicoso poticos de aqllas como ciudadanos? ¿Son universales los derechoshumanos cuando los Estados distinguen entre los derechos fundamentales de losciudadanos y los derechos de los extranjeros en el territorio? ¿Existe en el Perú unorden político basado en valores supraestatales, o sólo se reconocen los derechoscívicos y políticos de quienes nacen y residen en territorio peruano?Estas son algunas de las delicadas cuestiones que deben encarar losparlamentos, en el nuevo espacio de su existencia política. Nuevamente el dilemaentre el orden basado en una unidad de dirección, y la libertad de cada uno de losindividuos que coexisten bajo una misma autoridad. ¿Cuánto orden es posible si elvínculo de la asociación política no es atendido ni cuidado por los ciudadanos, ycuánta libertad es posible sin que ésta constituya una amenaza contra el proyectode convivencia bajo un mismo Estado?Pero además de la paradoja del orden y la libertad, el parlamento también seencuentra en otra encrucijada, ¿cuánto Estado es posible que se afirme y por elque se apueste, ante el afianzamiento de comunidades supraestatales endirección al Estado mundial, sin que ello le signifique mella en su propio rol yautoridad al aprobar convenios internacionales a cuya sujeción somete al Estado?¿Sobre qué base reposa el carácter normativo de un derecho supraestatal sinEstado con capacidad para exigir y vincular su aplicación y vigencia?Si los parlamentos son el lugar privilegiado de la pluralidad de la colectividadsocial, no es menos cierto que los parlamentos también se integran como unorden unitario en el Estado. Entre la multiplicidad diversa de sujetos, ninguno deellos igual a otro, y la unidad ordenada de destino con de esa mismadiversidad, se constituye la paradoja del Estado moderno: los parlamentos definenqué es la ley universal, basándose para ello en el consenso mayoritario, pero loque de universal afirman no puede lógicamente incluir a la totalidad efectiva y purade la multiplicidad de individuos en una misma sociedad. Menos aún le seráposible incluir a quienes son extranjeros en el territorio nacional. El Estado debedirigir la multiplicidad hacia un orden unitario y homogéneo irremediablementeparcial, limitado y excluyente de diferencias, pluralidades y multiplicidades
 
concretas que no alcanzan a calificar en la regla de pertenencia al ordenhomogéneo que debe establecer el Estado.Lo que pareciera tener las características de una cuestión entre literaria y teóricaestá muy lejos de una y otra dimensiones. La Antígona de hoy personifica laopción por la libertad, el disenso, la desobediencia, e incluso la subversión,basados en un orden natural y eterno. Y Creonte personifica el rol simbólico delEstado que debe afirmar verticalmente la universalidad del orden bajo su imperio ysu capacidad de mando.¿Cómo actuar sin excesos y dentro del equilibrio que mantenga un orden con nomás restricción de la libertad que la necesaria para preservar la unidad de destino,y tanta libertad como la que no conduzca a los caprichos de la desintegración y dela anomia?. ¿Cuáles serán los límites a cualquier fundamentalismo rígido, seaestatal o individual?En el espacio de estas reflexiones me referiré a cinco distintos temas, en cada unode los cuales existe una demanda o capacidad de intervención del parlamento. Encada uno de estos mismos temas tambn converge y se intersecta algunadimensión relativa al reconocimiento de la universalidad de los derechos humanosen el contexto de la doctrina y modelo del Estado Constitucional de Derecho.Los temas que abordaré son, primero, el sentido de los límites que establece elEstado Constitucional de Derecho para el legislador; segundo, la espinosacuestión de la pena de muerte para delitos de terrorismo, y los límites que elderecho supranacional puede ocasionar en el constituyente y en el Estado;tercero, la dificultad que se impone en la responsabilidad de las fuerzas armadasde garantizar la seguridad, mediante el discurso fundamentalista de la ideología delos derechos humanos, especialmente en el supuesto de los regímenes deexcepción; cuarto, la imprescriptibilidad de los crímenes de guerra y de lesahumanidad; quinto, el tratamiento de las prerrogativas de altos funcionarios enuna democracia que se dice igualitaria, con pleno respeto de los alcances deldebido proceso, sustantivo y procesal; y el sexto, el control constitucional querealiza el Congreso sobre la actividad jurisdiccional de los más altos magistrados.Todos son casos fronterizos en los que es posible advertir los límites entre lo quees estatalmente posible, y lo que es políticamente correcto, y son casos tambiénen los que cabe advertir la presencia de paradigmas globalmente hegemónicos yel conflicto que generan el fundamentalismo o axiomatismo de su afirmación.
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