ARBOR
CLXXXIII
723 enero-febrero [2007] 75-86 ISSN: 0210-1963
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Nº
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E L A N U D A MI E NT O D E L O S E X U A L Y L O C U L T U R A L E NL A O B R A D E F R E U D
que es, ante todo, a la que querrá oponerse el “retorno”de Jacques Lacan, sin que los denunciados abusos de esosmiembros y esas corrientes tengan por qué llevarnos a de-monizarlos o condenarlos en bloque, como a veces sucedeentre los seguidores de los que pretendían retornar, peroque, en realidad, fundan otra interpretación, otra “escuela”u otra inspiración que se disemina, a su vez, en miríadasde ellas.Sin pretender entrar ahora en esa pugna o, por decirlocon los términos de E. Roudinesco, en esa “batalla de loscien años” (Roudinesco, 1988-1993), pero tomando notade ella, trataré de algunos problemas del “psicoanálisisaplicado”, planteando, en primer lugar, por qué y cómose ocupa el psicoanálisis de la cultura, para analizar, mástarde, algún momento privilegiado del anudamiento efec-tuado por Freud entre lo sexual y lo cultural, y finalizarapuntando ciertas cuestiones y perspectivas abiertas den-tro de un ámbito particular, que quizá se dejara englobarbajo el rótulo de “filosofía de la historia”
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.
1. ¿P
OR
QUÉ
Y
CÓMO
SE
OCUPA
EL
PSICOANÁLISISDE
TEMAS
CULTURALES
?
Las relaciones del individuo y la sociedad o, si se quiere,de las pulsiones y la cultura, son, en Freud, un tema delarga data. Ya en las cartas a Fliess, le comentaba en1897: “El ser humano sacrifica, en aras de la más ampliacomunidad humana, una parte de su libertad de incurriren perversiones sexuales [...]. El incesto es antisocial y lacultura consiste en la progresiva renuncia al mismo” (1950,III, 3575).Concebido como un
método
terapéutico,
desde el que setrata de alzar una
teoría del psiquismo,
el psicoanálisises también, para su fundador, un
método de estudio
delas instituciones culturales, dando lugar a lo que se sueleconocer como “psicoanálisis aplicado”. Mas, aunque la de-nominación provenga del propio Freud, no deja de suscitarequívocos. Sugiere la imagen de una técnica y una teoría,ya preparadas y listas, que después se
aplican.
Sin em-bargo, el estudio de la cultura no es, para el psicoanálisis,un mero complemento, sino que, según hemos indicado,estuvo presente en Freud desde el principio, contribuyendoa la forja de las principales hipótesis y conceptos psicoana-líticos. Sin multiplicar los ejemplos se puede reparar en elpapel de la
censura
en la primera tópica o del
superyó
enel segundo modelo del psiquismo, equivalentes psíquicosde la función social de interdicción y de los ideales quela cultura ostenta. Institución intrapsíquica e instituciónsocial se doblan, así, mutuamente, de forma que las neu-rosis, nos advierte en
Múltiple interés del psicoanálisis,
“senos revelan como tentativas de resolver individualmenteaquellos problemas de la compensación de los deseos, quehabrían de ser resueltos socialmente por las instituciones”(1913b, II, 1864). Y, nada más abrir su estudio
Psicologíade las masas y análisis del yo,
Freud rechaza la oposiciónentre psicología individual y psicología social, dado que,“en la vida anímica individual aparece siempre integrado‘el otro’, como modelo, objeto, auxiliar o adversario” (1921,III, 2563).Mas, en cualquier caso, la interpretación de las forma-ciones culturales no puede realizarse como la de losindividuos
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. Es preciso considerar su peculiaridad. Capazde ocuparse de las más variadas y, en principio, de todasellas, por cuanto que todas pueden ser psicoanalíticamentecuestionadas, se podría decir, con Paul Ricoeur (Ricoeur,1970), que el estudio psicoanalítico de la cultura se ca-racteriza por la
irrestricción del campo y la limitación de la perspectiva,
la cual no tiene por qué negar reductiva-mente otros acercamientos. El riesgo se puede conjurar siel psicoanálisis se atiene al punto de vista que potenciasu examen: Freud intentó explicar los caracteres del psi-quismo considerado “normal” a través de los caracteresagigantados de su caricatura, un poco a la manera en que–caricaturas aparte– Platón trataba de averiguar qué es la justicia –después de la infructuosa discusión con Trasíma-co en el Libro I de
La República
– pasando a considerarla,no en los individuos, sino en “las letras grandes de laciudad” (Platón, 1986, 368d-369a). Si en 1900, cuandodiseña la “primera tópica” del psiquismo, el modelo fue elsueño –ese producto habitual y extraordinario, esa, por asídecirlo, “excepción cotidiana”–, en 1914, cuando trate deinvestigar el narcisismo presente en todos los individuos,parte de las psiconeurosis narcisistas, y, más tarde aún,tratará de explicar un fenómeno común, el duelo, desde laafección melancólica. Pues bien,
enlazando, una vez más,normalidad y patología, diríamos que la perspectiva desde la que enfoca el estudio de la cultura se caracteriza por el valor ejemplar que para la interpretación de la misma tie-nen la neurosis
(cf., p. ej., 1913a, II, 1794)
y el sueño.
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