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Artículo publicado en A. Cordovilla Pérez, J. M Sánchez Caro, S. del Cura Elena (dir.),
Dios y el hombreen Cristo. Homenaje a Olegario González de Cardedal 
, ISBN 84-301-1595-1, Sígueme, Salamanca,2006, pp.447-471. 
El dinamismo de la vida humana: personalidad y “personeidad”.
Pilar Fernández Beites
(Universidad Pontificia de Salamanca) Es un dato innegable que las personas van cambiando de modo constante a lo largo de suproceso vital. Y podemos añadir que en este cambiar consiste realmente su vida. Yo, desde luego,no soy ahora como era hace diez o quince años. No sólo se ha modificado externamente mi cuerpo(tal como se constata de un golpe de vista), sino que mis hábitos, mis capacidades, misconocimientos… han sufrido múltiples alteraciones; incluso puedo haber experimentado uncambio radical de carácter (conversión), que hace que mis amigos vean ahora en mí una personanueva. Y, sin embargo, yo sigo siendo la misma. Como dice el filósofo español Xavier Zubiri, elhombre no es siempre “lo mismo”, pero es siempre “el mismo”. En los cambios, justamentegracias a los cambios, se mantiene la identidad de la vida.Si utilizamos términos algo más técnicos, podemos afirmar que a lo largo de la vida varía lapersonalidad del individuo, pero esta variación de la personalidad sólo es posible porque hay algoque ha permanecido: lo que Zubiri propone denominar la “personeidad”. Para explicar loscambios en la personalidad, que se apoyan en la permanencia de la personeidad, Zubiri ofrece unainteresante teoría: la “teoría de la apropiación”. Pero, a mi juicio, esta explicación acerca de lagénesis de la persona humana no puede entenderse hasta el final si no se cuenta en ella con ladistinción técnica entre facultad y capacidad, que es una diferencia decisiva y creo que no harecibido la suficiente atención. 
1. Génesis de la persona.
Zubiri afirma, frente a todos los existencialismos, que el hombre sólo puede hacer su propiavida, sólo puede ser libertad (existencia), porque es más que libertad: el hombre no es meraexistencia, sino que tiene también esencia. La esencia del hombre es, según Zubiri, una esencia ensentido fuerte, que no se agota en el hacerse como tal: el hacerse sólo es posible si hay algo quepermita el hacerse (y este algo, a su vez, no es un hacerse). El hombre es entendido, por tanto,como una esencia, pero como una “esencia abierta” (frente al resto de los entes que son “esenciascerradas”). El hombre está abierto a la realidad y, en concreto, a su propia realidad; por ello se
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comporta operativamente respecto a su propia realidad, es decir, actúa libremente. La esencia delhombre da cabida a la libertad, pero esto no impide, sino más bien exige, que la esencia sea previaa la existencia. Como sostiene Zubiri con toda claridad: "No hay prioridad de la existencia sobrela esencia, sino que se trata de una esencia que `de suyo' se comporta operativamente respecto a supropia realidad, porque, y sólo porque, es una esencia transcendentalmente abierta"
1
.Aquí no puedo discutir la original y compleja ontología de Zubiri que le permitefundamentar sus tesis sobre la persona, pero al menos me gustaría hacer una breve indicación alrespecto.Zubiri propone una distinción decisiva entre las notas “constitutivas” ylas “constitucionales” (a las que hay que añadir, por último, las notas “adventicias”, que son lasaccidentales). Las notas constitutivas son las esenciales en sentido estricto, que coincide con elsentido de la tradición. La esencia constitutiva es la esencia en sentido fuerte: la esencia previa ala existencia, que es justamente la que permite el hacerse. Pero Zubiri logra incorporar laexistencia a la esencia humana gracias a la introducción de las notas constitucionales. Según heintentado mostrar en otro lugar 
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, las notas constitucionales deben considerarse esenciales, y nomeramente accidentales o adventicias, de modo que los cambios por libertad pueden adquirir unvalor esencial para la persona. La esencia abierta (constitutiva) permite, y exige, que los cambiosse incorporen como perteneciendo al ámbito de lo esencial (constitucional): así se tiene el hacersepropio de las esencias abiertas. Pero se mantiene la prioridad de la esencia sobre la existencia,porque la variación que caracteriza las notas constitucionales (existencia) sólo es posible gracias alas notas constitutivas inalterables (esencia).Dejando al margen estas difíciles cuestiones ontológicas, podemos ofrecer una primeravisión panorámica de la teoría zubiriana sobre la génesis de la vida humana. Según ya heseñalado, la tesis básica de Zubiri es que el hombre se hace a sí mismo, pero sin perder suidentidad; y para expresar esta idea de partida, Zubiri logra dar con una fórmula brillante: elhombre es siempre "el mismo", pero no es siempre "lo mismo". El hombre es proceso y, por tanto,es distinto en cada fase del decurso vital: no es siempre lo mismo. Mas, a pesar de los cambiospropios de cada etapa genética, el hombre es siempre el mismo. El hombre se construye en parte así mismo, porque, aunque en su hacerse pase por diferentes fases, en todas ellas sigue siendo elmismo. Al decir que el hombre es siempre el mismo, ponemos el acento en la identidad y alseñalar que no es lo mismo, consideramos el aspecto dinámico de la vida, el hacerse de modo
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Sobre la esencia
, Alianza Editorial, Madrid, 1985, p.506. A partir de ahora me referiré a esta obra con la abreviatura
SE 
.
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En un trabajo todavía no publicado que tiene por título “Sobre la esencia humana”, me ocupo de estas cuestiones propiamenteontológicas.
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progresivo.La fórmula de ser el mismo sin ser lo mismo la aplica Zubiri a los seres vivos en general yno sólo al hombre: es la
teoría de la mismidad 
. Los seres vivos, dice Zubiri, se caracterizan por la “mismidad”, frente a la mera “estabilidad” de los entes inanimados. Las cosas son estables, sonsiempre lo mismo. Por el contrario, los seres vivos se caracterizan por la mismidad. Un ser vivono es siempre lo mismo (no posee identidad en el sentido de estabilidad), pero es siempre elmismo (identidad como mismidad). Zubiri muestra, además, en un análisis brillante, que las cosasmantienen su identidad, entendida como estabilidad,
a pesar 
del cambio, mientras que los seresvivos conservan la identidad, definida ya como mismidad, no a pesar del cambio, sino justamente
gracias
al cambio. La cosa material es estable, es decir, es la misma a pesar de las acciones delmedio sobre ella. Por el contrario, el ser vivo es el mismo, no a pesar de, sino gracias a susacciones en el medio:
 
“La mismidad no es una mera persistencia sino que es el acto reduplicativo y formal enque un ser vivo ejecuta unas acciones precisamente para ser aquello que estructuralmente yaera"
3
. “El viviente nunca es
lo
mismo precisa y formalmente
para
ser siempre el mismo"
4
.
 
Un ente inanimado
es siempre el mismo, porque es siempre lo mismo
. Lo único que varía enél es lo accidental: son cambios leves que no llegan a tocar la esencia. Si los cambios sonsuficientemente fuertes, dejan de ser accidentales; entonces ya sí tocan la esencia, pero estosignifica que la destruyen: la cosa pierde su identidad. El ente inanimado mantiene su identidadoponiéndose a los cambios accidentales, soportándolos si ellos no son lo suficientemente fuertespara destruirle; conserva su identidad a pesar de los cambios (que por esta razón son accidentales).Por el contrario, los seres vivos mantienen su identidad, no a pesar de los cambios, sino en loscambios. En los seres vivos la sustantividad es siempre la misma, pero no es siempre lo mismo.En términos ontológicos, diríamos que en el ser vivo las distintas configuraciones que lasustantividad va adquiriendo no son necesariamente accidentales: pueden pertenecer al nivelconstitucional, que debe considerarse esencial, porque la esencia incluye el hacerse.Pues bien, en el hombre a la mismidad se añade la “suidad”; utilizando los términos de
Estructura dinámica de la realidad 
, al "dinamismo de la mismidad" se suma el "dinamismo de lasuidad". La suidad (el ser “suyo” y no sólo “de suyo”) hace que el hombre posea una “esenciaabierta”, frente a las “esencias cerradas” de los seres vivos. La inteligencia, que abre al hombre a
3
 
Estructura dinámica de la realidad 
, Alianza Editorial, Madrid, 1989, p. 185.
4
 
op.cit.
, p.200.
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