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Lilloa 45 (1–2): 128–129, 2008
128
NECROLÓGICA: FEDERICO VERVOORST
 A
l cumplirse un año del fallecimiento del Dr. Federico Vervoorst, nuestrarevista ha querido recordar al apreciado Maestro. La especial personalidaddel Dr. Vervoorst, en la que destacaba su reconocida erudición, su gran capa-cidad de encarar los amplios y disímiles problemas de la botánica y su gene-rosa entrega intelectual, nos ha dejado en lo científico, en lo humano y en loanecdótico una rica y variada herencia de reminiscencias. Por ello la Editorade
Lilloa
ha invitado a dos científicos de nuestra institución para que, desde sus experiencias, recuerden a quien ha dado tanto a las Ciencias Naturales deesta parte del continente.
Q
uienes conocimosy frecuentamos al Dr. Fe-derico Vervoorst no du-daríamos en caracteri-zarlo por su rigurosidad.Tanto en lo profesionalcomo en lo personal,este rasgo lo definía y así lo transmitía en sus in- vestigaciones. Prueba deello fue el mapa fitogeo-gráfico de Tucumán, uninsumo básico para cual-quier estudio de base,que él publicara por la necesidad de otroscolegas, pues si de él hubiera dependido es-toy seguro de que lo habría llevado a másdetalles. Su pérdida física significó no sóloque se fue un hombre bondadoso, sino elconocimiento enciclopédico que poseía de la vegetación de muchas áreas del mundo y enespecial del Noroeste Argentino. Detalles dela flora, geología y hábitats en Tucumánfueron su pasión. Geólogo de formación, ensu carrera docente cubrió distintos cargoshasta llegar a Profesor Titular en lo que fue-ra la Escuela de Ciencias Naturales, y queposteriormente se convirtiera en Facultad deCiencias Naturales, be-cario Humboldt, miem-bro de la Academia Na-cional de Ciencias, Ase-sor Honorífico de laFundación Miguel Lillofueron algunos de los re-conocimientos a su la-bor. Poseía también sóli-dos conocimientos de varios idiomas e inclusocon un fuerte interés enel “quichua”, a tal puntoque entre sus tareas sehallaba la de agregar palabras a un diccio-nario “quichua-español” que siempre llevabacon él. El abordaje de sus estudios es lo quehoy llamaríamos “Ecología del Paisaje”, esdecir entendía que para explicar la distribu-ción de vegetación espacial y temporalmenteera necesario conocer el sustrato físico, elclima y el uso de la tierra, entre otros. Susestudios con el International Biological Pro-gram (IBP) en la zona de Pipanaco, en ladécada de 1970, lo convirtieron en una refe-rencia en ese tipo de abordaje. Su prepara-ción le permitía abordar temas microscópi-cos, como el estudio de los granos de polen,
Hombre bondadoso,conocimiento enciclopédico
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