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El intelectual como ciudadano
Entrevista con
Cornelius Castoriadis
 por Emmanuel Terré y Guillaume Malaurie
 En
noviembre de 1979 El Viejo Topo publicó la en-trevista que reproducimos aquí. Traducida y editada por Josep Sarret, la entrevista es un amplio extractode la publicada en el n.° 9/10 (septiembre-octubre de1979) de la revista Esprit.
 — 
Un espectro recorre la Europa de los intelectuales: el espec-tro del autoritarismo. Ello produce un repliegue entre los euro- peos que han conocido una experiencia democrática que lesopone a un Tercer Mundo antaño fuente de esperanza y hoy sospechoso de tentaciones y desviaciones totalitarias. El intelec-tual comprometido, colmado de certezas y también, a veces, de generosidad, deja paso a un intelectual s reservado perotambién más preocupado por la ética. ¿Qué piensa usted de estedoble movimiento de repliegue?
 —No es posible replegarse sobre Europa. Es una ilusión, una política de avestruz. Ningún “repliegue” de los intelectualeslogrará cambiar en lo más mínimo la realidad contemporánea,esencialmente mundial. Es ésta una actitud totalmente “antieu-ropea”. La única singularidad cualitativa de Europa, del mundogreco-occidental, que cuenta para nosotros, es la creación de launiversidad, la apertura, la puesta en cuestión crítica de unomismo y de su tradición.Los “intelectuales de izquierdahan tratado durante muchotiempo de eludir el verdadero problema político. Han buscado
 
2constantemente en algún lugar una “entidad real” que desempe-ñase el papel de salvador de la humanidad, de redentor de laHistoria. Creyeron encontrarla, primero, en un proletariado ideale idealizado, y después en el Partido Comunista, que sería su“representante”. Más tarde, sin analizar las razones del fracaso –  provisional o definitivo, qué importa– del movimiento obrerorevolucionario en los países capitalistas, borraron a estos paísesdel mapa e invirtieron su fe en los países del Tercer Mundo.Tomando el esquema de Marx en sus aspectos más mecánicos,quisieron poner a los campesinos, africanos o vietnamitas en ellugar del proletariado industrial y hacerles jugar un mismo pa- pel. Hoy algunos de estos intelectuales, en virtud de este movi-miento pendular del sí al no que encubre su ausencia de re-flexión, escupen sobre el Tercer Mundo por razones tan estúpi-das como las que les llevaron en otro tiempo a adorarlo. Antesdecían que la democracia, la libertad, etc., eran mixtificacionesoccidentales y burguesas, y que los chinos, por ej., no las necesi-taban para nada. Ahora dejan entender que esos rbaros noestán suficientemente preparados para recibir tan preciosos do-nes. Ha bastado que se produjera una pequeña abertura en latrampilla totalitaria de Pekín para comprobar que, ¡oh, milagro!a pesar de Peyrefitte, Sollers y Kristeva, los chinos no son tandiferentes como parecían y que, en cuanto han tenido la posibi-lidad de hacerlo, se han puesto a reivindicar derechos democrá-ticos. — 
 Parece como si los intelectuales hubiesen roto con la nociónde compromiso y como si hoy su principal preocupación fuesela ética. En su opinión, ¿cómo pueden hoy los intelectuales es-tablecer un vínculo que les una a la dinámica social?
 —El “repliegue sobre la ética” es, en el mejor de los casos, una“falsa conclusión” sacada de la experiencia del totalitarismo, y
 
3desempa actualmente una funcn mixtificadora. ¿Qde-muestra –qué viene demostrando desde hace tiempo– la expe-riencia del Tercer Mundo? Que las revueltas populares que, enestos países, provocan o acompañan al hundimiento de las so-ciedades tradicionales siempre han sido canalizadas y recupera-das por una burocracia (en la mayoría de los casos, de tipo “mar-xista-leninista”, aunque hoy es de esperar que empiecen a proli-ferar las burocracias monoteístas), que se aprovechan de ellas para acceder al poder e instalar un régimen totalitario. Esto plan-tea el problema político del totalitarismo, que también se planteóen Europa, a partir de otra evolución especifica. Evidentemente,y tanto en un caso como en otro, frente a este problema todas lasconcepciones heredadas, tanto el marxismo como el liberalismo,han fracasado. Debemos afrontar este problema, tanto en el pla-no teórico como práctico. El “repliegue sobre la ética” es, eneste sentido, una huida y un escarnio de la propia ética. Ningunaética que se detenga en la vida individual merece ese nombre.Desde el momento en que se plantea la cuestión social y políti-ca, la ética se vincula a la política. El “qué debo hacer” no con-cierne solamente a mi existencia individual, sino a mi existenciaen tanto individuo que participa en una sociedad en la que nohay tranquilidad histórica y en la que el problema de su organi-zación, de su institución, está abiertamente planteado. Y lo estátanto en los países “democráticos” como en los países totalita-rios. Es la experiencia misma del totalitarismo, y su posibilidadsiempre presente, la que muestra la urgencia del problema polí-tico como problema de la institución de la sociedad en su con- junto. Disolver este problema en una serie de actitudes supues-tamente “éticas” equivale, de hecho, a mixtificar las cosas.Es preciso, ahora que tanto se habla de la función de los intelec-tuales en la sociedad contemporánea, establecer las distinciones pertinentes y evitar las simplificaciones y las banalidades queempiezan a propagarse. Se pretende actualmente que los intelec-
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