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Mayo de 2011
que las líneas teleónicas se conectarancon su tienda de campaña y ordenóque los numerosos guardias quecuidaban el perímetro lo llamaran acada hora, en punto, a lo largo de todala noche. Eso mantuvo a sus guardiasdespiertos, pero también signifcó queel sueño del capitán Cox se interrum-pió una y otra vez. “¿Cómo lo hizo?”,le pregunté. Su respuesta demuestra elpoder de un deseo abrumador:“Sabía que si alguna vez regresá-bamos a casa, me encontraría con lospadres de esos muchachos en las ca-lles de nuestro pequeño pueblo y noquería tener que enrentar a ningunode ellos si sus hijos no regresaban acasa por algo en lo que yo hubieseallado como su comandante”
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.¡Qué ejemplo del poder que signi-fca un deseo abrumador en cuanto aprioridades y acciones! ¡Qué ejemplotan poderoso para todos nosotros, quesomos responsables por el bienestarde otras personas: padres, líderes ymaestros de la Iglesia!Para concluir esa ilustración,temprano en la mañana que siguióa esa noche de insomnio, el capi-tán Cox guió a sus hombres en unacontraoensiva sobre la inanteríaenemiga; tomaron 800 prisioneros ysólo tuvieron dos heridos. Al capitánCox se lo condecoró por su valentía, y a su batería se la condecoró con laUnidad con Mención Presidencial porsu extraordinario heroísmo y, comolos guerreros de Helamán (véase Alma57:25–26) todos regresaron a casa
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.El Libro de Mormón contiene mu-chas enseñanzas sobre la importanciadel deseo.Después de muchas horas de lucharcon el Señor, se le dijo a Enós que suspecados le eran perdonados. Entonces,él “empe[zó] a anhelar” el bienestar desus hermanos (Enos 1:9); él escribió:“Y… después que hube orado y mehube aanado con toda diligencia, medijo el Señor: Por tu e, te concederéconorme a tus deseos” (versículo 12).Fíjense en los tres actores esencialesque precedieron la bendición prome-tida: deseo, labor y e.En su sermón sobre la e, Almaenseña que la e puede comenzaraunque “más no sea [con un] deseo decreer” si “dejamos que este deseo obreen [nosotros]” (Alma 32:27).Otra gran enseñanza sobre eldeseo, especialmente sobre lo quedebería ser nuestro mayor deseo,ocurre cuando el misionero Aarón leenseñó al rey lamanita. Cuando lasenseñanzas de Aarón captaron su in-terés, el rey preguntó: “¿Qué haré paranacer de Dios…” y “…lograr esa vidaeterna?” (Alma 42:15). Aarón contestó:“…si tú deseas esto… si te arrepien-tes de todos tus pecados, y te postrasante Dios e invocas con e su nom-bre, creyendo que recibirás, entoncesobtendrás la esperanza que deseas”(versículo 16).El rey así lo hizo y en una oraciónpotente declaró: “…abandonaré todosmis pecados para conocerte …y [ser]salvo en el postrer día” (versículo18).Con ese compromiso y esa determi-nación de su mayor deseo, su oraciónue contestada de manera milagrosa.El proeta Alma tuvo un gran deseode proclamar el arrepentimiento atodo pueblo, pero fnalmente enten-dió que él no debía desear el poderpersuasivo que eso requeriría porque,concluyó él: “…un Dios justo…. con-cede a los hombres según lo que de-seen, ya sea para muerte o para vida”(Alma 29:4). De modo similar, en larevelación moderna el Señor declaraque Él “…[juzgará] a todos los hom-bres según sus obras, según el deseode sus corazones” (D. y C. 137:9).¿Estamos realmente preparadospara que nuestro Juez Eterno dé estaenorme importancia a lo que real-mente deseamos?Muchos pasajes de las Escriturashablan sobre lo que deseamos entérminos de lo que buscamos. “El quetemprano me busca, me hallará, y noserá abandonado” (D. y C. 88:83); “…buscad diligentemente los mejores do-nes” (D. y C. 46:8); “…el que con di-ligencia busca, hallará” (1 Nef 10:19).“Allegaos a mí, y yo me allegaré a vosotros; buscadme diligentemente, y me hallaréis; pedid, y recibiréis; lla-mad, y se os abrirá” (D. y C. 88:63).Reacomodar nuestros deseos paradar la más alta prioridad a las cosas dela eternidad no es ácil. Todos somostentados a desear ese cuarteto mun-danal de propiedades, prominencia,orgullo y poder. Tal vez los deseemos,pero no debemos establecerlos comonuestras más altas prioridades. Aquellos cuyos deseos más ele- vados son adquirir posesiones caenen la trampa del materialismo. Noescuchan la advertencia: “No busqueslas riquezas ni las vanidades de estemundo…” (Alma 39:14; véase también Jacob 2:18). Aquellos que deseen prominenciao poder deberán seguir el ejemplo del valiente capitán Moroni, cuyo servicio
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