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L i a h o n a
Por el élder Dallin H. Oaks
Del Quórum de los Doce Apóstoles
H
e decidido hablar sobre la im-portancia del
deseo
. Espero quecada uno de nosotros examinesu corazón para determinar lo querealmente desea y cómo clasifca susdeseos más importantes.Los deseos dictan nuestras priori-dades, las prioridades aectan nuestrasdecisiones y las decisiones determinannuestras acciones. Los deseos sobrelos que actuamos determinan las cosasque cambiamos, lo que logramos y loque llegamos a ser.Primero hablo sobre algunos de-seos comunes. Como seres mortales,tenemos necesidades ísicas básicas.Los deseos que satisacen estas nece-sidades compelen nuestras decisiones y determinan nuestras acciones. Tresejemplos demostrarán cómo anulamosesos deseos con otros deseos queconsideramos más importantes.Primero, la comida. Tenemos la ne-cesidad básica de la comida, pero porun tiempo ese deseo puede superarsepor un deseo más uerte de ayunar.Segundo, un techo. Como joven-cito de 12 años, me resistía al deseode reugiarme bajo un techo porquetenía un deseo mayor de cumplir conel requisito de escultismo de pasaruna noche en el bosque. Yo era unode los tantos jovencitos que dejaba lascómodas tiendas o carpas y hallaba elmodo de construir un reugio y prepa-raba una cama primitiva de los mate-riales naturales que podíamos hallar. Tercero, el dormir. Incluso estedeseo básico puede anularse por undeseo aún más importante. Como joven soldado de la Guardia Nacionalde Utah, aprendí un ejemplo de ellode un ofcial experto en combate.En los primeros meses de la Guerrade Corea se llamó al servicio activo auna batería de artillería de campaña deRichfeld, de la Guardia Nacional deUtah. El grupo de artillería, comandadopor el capitán Ray Cox constaba deunos 40 hombres mormones. Despuésde entrenamiento adicional y con sol-dados de reserva de otros lugares comoreuerzo, se los envió a Corea, dondeparticiparon en algunos de los comba-tes más eroces de esa guerra. En unabatalla, tuvieron que rechazar un asaltodirecto hecho por cientos de soldadosde la inantería enemiga, la clase deataque que había anulado y destruido aotros grupos de artillería de campaña.¿Qué tiene que ver eso con el supe-rar nuestro deseo de dormir? Duranteuna noche crucial, cuando la inanteríaenemiga había atravesado el rente yllegado a la retaguardia que estaba enmanos de la artillería, el capitán hizo
El deseo
A fn de lograr nuestro destino eterno, desearemos las cualidades que se requieran para convertirnos en un ser eterno y trabajaremos para obtenerlas.
puntos uertes y los testimonios de mu-chos de mis ejemplares jóvenes amigos y asociados. Cuando estoy con ellos,me ortalezco; y cuando sé que estáncon otros, me alienta el saber que estánhaciendo el bien y prestan servicio ennombre del Maestro, a quien adoran yse esuerzan por obedecer.La gente hace cosas buenas eimportantes debido a que tiene un tes-timonio. Si bien eso es cierto, tambiénobtenemos un testimonio debido a loque hacemos. Jesús dijo:“Mi doctrina no es mía, sino deaquel que me envió.“El que quiera hacer la voluntad deél conocerá si la doctrina es de Dioso si yo hablo por mí mismo” (Juan7:16–17).“Si me amáis, guardad mis manda-mientos” (Juan 14:15). Al igual que Nef y Mormón de laantigüedad, “no sé el signifcado detodas las cosas” (1 Nef 11:17; véasetambién Palabras de Mormón 1:7),pero déjenme decirles lo que sí sé.Sé que Dios, nuestro Padre Celes-tial, vive y nos ama. Sé que Su Hijoúnico y especial, Jesucristo, es nues-tro Salvador y Redentor y es Cabezade la Iglesia que lleva Su nombre.Sé que José Smith vivió todo lo queha dicho y enseñado con respectoa la restauración del Evangelio ennuestros días. Sé que hoy nos guíanapóstoles y proetas, y que el Pre-sidente Thomas S. Monson poseetodas las llaves del sacerdocio quese necesitan para bendecir nuestra vida y adelantar la obra del Señor. Séque todos tenemos derecho a esteconocimiento, y si están pasandodifcultades, pueden confar en la veracidad de los testimonios queescuchen desde este púlpito en estaconerencia. Ésas son las cosas que sé y de ellas orezco mi testimonio, enel nombre de Jesucristo. Amén. ◼
 
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Mayo de 2011
que las líneas teleónicas se conectarancon su tienda de campaña y ordenóque los numerosos guardias quecuidaban el perímetro lo llamaran acada hora, en punto, a lo largo de todala noche. Eso mantuvo a sus guardiasdespiertos, pero también signifcó queel sueño del capitán Cox se interrum-pió una y otra vez. “¿Cómo lo hizo?”,le pregunté. Su respuesta demuestra elpoder de un deseo abrumador:“Sabía que si alguna vez regresá-bamos a casa, me encontraría con lospadres de esos muchachos en las ca-lles de nuestro pequeño pueblo y noquería tener que enrentar a ningunode ellos si sus hijos no regresaban acasa por algo en lo que yo hubieseallado como su comandante”
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.¡Qué ejemplo del poder que signi-fca un deseo abrumador en cuanto aprioridades y acciones! ¡Qué ejemplotan poderoso para todos nosotros, quesomos responsables por el bienestarde otras personas: padres, líderes ymaestros de la Iglesia!Para concluir esa ilustración,temprano en la mañana que siguióa esa noche de insomnio, el capi-tán Cox guió a sus hombres en unacontraoensiva sobre la inanteríaenemiga; tomaron 800 prisioneros ysólo tuvieron dos heridos. Al capitánCox se lo condecoró por su valentía, y a su batería se la condecoró con laUnidad con Mención Presidencial porsu extraordinario heroísmo y, comolos guerreros de Helamán (véase Alma57:25–26) todos regresaron a casa
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.El Libro de Mormón contiene mu-chas enseñanzas sobre la importanciadel deseo.Después de muchas horas de lucharcon el Señor, se le dijo a Enós que suspecados le eran perdonados. Entonces,él “empe[zó] a anhelar” el bienestar desus hermanos (Enos 1:9); él escribió:“Y… después que hube orado y mehube aanado con toda diligencia, medijo el Señor: Por tu e, te concederéconorme a tus deseos” (versículo 12).Fíjense en los tres actores esencialesque precedieron la bendición prome-tida: deseo, labor y e.En su sermón sobre la e, Almaenseña que la e puede comenzaraunque “más no sea [con un] deseo decreer” si “dejamos que este deseo obreen [nosotros]” (Alma 32:27).Otra gran enseñanza sobre eldeseo, especialmente sobre lo quedebería ser nuestro mayor deseo,ocurre cuando el misionero Aarón leenseñó al rey lamanita. Cuando lasenseñanzas de Aarón captaron su in-terés, el rey preguntó: “¿Qué haré paranacer de Dios…” y “…lograr esa vidaeterna?” (Alma 42:15). Aarón contestó:“…si tú deseas esto… si te arrepien-tes de todos tus pecados, y te postrasante Dios e invocas con e su nom-bre, creyendo que recibirás, entoncesobtendrás la esperanza que deseas”(versículo 16).El rey así lo hizo y en una oraciónpotente declaró: “…abandonaré todosmis pecados para conocerte …y [ser]salvo en el postrer día” (versículo18).Con ese compromiso y esa determi-nación de su mayor deseo, su oraciónue contestada de manera milagrosa.El proeta Alma tuvo un gran deseode proclamar el arrepentimiento atodo pueblo, pero fnalmente enten-dió que él no debía desear el poderpersuasivo que eso requeriría porque,concluyó él: “…un Dios justo…. con-cede a los hombres según lo que de-seen, ya sea para muerte o para vida”(Alma 29:4). De modo similar, en larevelación moderna el Señor declaraque Él “…[juzgará] a todos los hom-bres según sus obras, según el deseode sus corazones” (D. y C. 137:9).¿Estamos realmente preparadospara que nuestro Juez Eterno dé estaenorme importancia a lo que real-mente deseamos?Muchos pasajes de las Escriturashablan sobre lo que deseamos entérminos de lo que buscamos. “El quetemprano me busca, me hallará, y noserá abandonado” (D. y C. 88:83); “…buscad diligentemente los mejores do-nes” (D. y C. 46:8); “…el que con di-ligencia busca, hallará” (1 Nef 10:19).“Allegaos a mí, y yo me allegaré a vosotros; buscadme diligentemente, y me hallaréis; pedid, y recibiréis; lla-mad, y se os abrirá” (D. y C. 88:63).Reacomodar nuestros deseos paradar la más alta prioridad a las cosas dela eternidad no es ácil. Todos somostentados a desear ese cuarteto mun-danal de propiedades, prominencia,orgullo y poder. Tal vez los deseemos,pero no debemos establecerlos comonuestras más altas prioridades. Aquellos cuyos deseos más ele- vados son adquirir posesiones caenen la trampa del materialismo. Noescuchan la advertencia: “No busqueslas riquezas ni las vanidades de estemundo…” (Alma 39:14; véase también Jacob 2:18). Aquellos que deseen prominenciao poder deberán seguir el ejemplo del valiente capitán Moroni, cuyo servicio
 
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no ue por “poder” ni por los “honoresdel mundo” (Alma 60:36).¿Cómo nacen nuestros deseos?Muy pocos tendrán el tipo de crisisque motivó a Aron Ralston
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, pero suexperiencia proporciona una lección valiosa sobre cómo nacen los deseos.Mientras Ralston caminaba en un re-moto cañón del sur de Utah, una rocade unos 365 kilos se deslizó y atrapósu brazo derecho. Durante cinco soli-tarios días luchó por librarse. Cuandoestaba a punto de darse por vencido y aceptar la muerte, tuvo una visiónde un niño de 3 años que corría haciaél y a quien levantaba con su brazoizquierdo. Considerando eso una visión de su uturo hijo y la seguridadde que aún podría vivir, Ralston searmó de valor para tomar la medidadrástica que salvaría su vida antes dequedarse sin uerzas: quebró los doshuesos de su brazo derecho atrapado y después utilizó la navaja multiusoque tenía en la mano para cortárselo.Después, sacó uerzas para caminar8 kilómetros para pedir ayuda
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. ¡Quéejemplo del poder que tiene un deseoabrumador! Cuando tenemos una visión de lo que podemos llegar a ser,nuestro deseo y nuestro poder paraactuar aumentan enormemente.La mayoría de nosotros nuncaarontaremos tan extrema crisis, perotodos arontamos trampas potencialesque impedirán el progreso hacia nues-tro destino eterno. Si nuestros deseosrectos son lo sufcientemente intensos,nos motivarán a cortar y a librarnos deadicciones, y de otras presiones pe-caminosas y prioridades que impidennuestro progreso eterno.Debemos recordar que nuestrosdeseos rectos no pueden ser super-fciales, impulsivos ni temporales. Tienen que ser sinceros, inquebran-tables y permanentes; motivados deese modo, procuraremos la condicióndescrita por el proeta José Smith,hasta “vencer lo malo de [nuestra vida] y [perder] todo deseo de pecar”
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. Ésaes una decisión muy personal. Comoel élder Neal A. Maxwell dijo:“[Cuando] se describe a las perso-nas como que ‘han perdido el deseode pecar’, son ellas y solamente ellasquienes han decidido dejar en ormadeliberada esos malos deseos al tenerla voluntad de ‘abandonar todos [sus]pecados para llegar a conocer a Dios”.“Por lo tanto, todo eso que desea-mos insistentemente, con el tiempo, eslo que fnalmente llegaremos a ser y loque recibiremos en la eternidad”
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. Aun con lo importante que esperder todo el deseo de pecar, la vidaeterna requiere más. A fn de lograrnuestro destino eterno, desearemoslas cualidades que se requieran paraconvertirnos en un ser eterno y traba- jaremos para obtenerlas. Por ejemplo,los seres eternos perdonan a todos losque les han hecho daño; ellos ponenel bienestar de los demás por delantede sí mismos; y aman a todos loshijos de Dios. Si eso parece dema-siado diícil, y en verdad no es ácilpara ninguno de nosotros, entoncesdebemos comenzar con un deseo detener dichas cualidades e implorar anuestro amado Padre Celestial ayudaen cuanto a nuestros sentimientos.El Libro de Mormón nos enseña quedebemos “… [pedir] al Padre con todala energía de nuestros corazones, que[seamos] llenos de este amor que él haotorgado a todos los que son discípu-los verdaderos de su Hijo Jesucristo”(Moroni 7:48). Termino con un ejemplo fnal deun deseo que debería ser primordialpara todos los hombres y las mujeres,los que están casados y los que estánsolteros. Todos debemos desear y tra-bajar seriamente para asegurarnos unmatrimonio por la eternidad. Aquellosque ya han logrado un matrimonio enel templo deben hacer todo lo posiblepor conservarlo. Aquellos que esténsolteros deben desear un matrimonioen el templo y realizar esuerzos prio-ritarios para obtenerlo. Los jóvenes y jóvenes adultos solteros deben resistirel concepto políticamente correcto,
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