DE AHORAEN ADELANTE
Era el 18 de octubre de 2006. La tensión entre los Estados Unidos y Corea del Norte acaparaba los titu-lares de los periódicos. El ambiente indicaba que nos acercábamos a una guerra en Asia, una mortífera y nuclear.En aquel entonces, era entendible. No había mucha esperanza. Era George W. Bush el presidente, y ahora lo esBarack Obama. El hombre del “cambio” enfrenta la misma situación pero en el Medio Oriente con Irán.Al principio, todo era meras suposiciones. El Estado islamita había declarado que sus investigacionesnucleares eran para desarrollar su medicina y generar, en un futuro, electricidad para su población. Motivosdignos pero vigilados de cerca por la comunidad internacional. El 25 de septiembre de 2009, Obama delató antelas Naciones Unidas (ONU), una segunda planta nuclear para enriquecimiento de uranio escondida en Qom. Undía antes, el gobierno iraní anunció la existencia de esta facilidad a la Organización Internacional de EnergíaAtómica (IAEA, por sus siglas en inglés).Un mes después, el 25 de octubre, la IAEA visitó la planta para asegurarse de que no se estuviera llevan-do a cabo un proceso distinto al de su planta en Natanz; uno que pudiera formar una bomba nuclear. El Consejo
de Seguridad de la ONU comenzó a negociar con Irán. No intervendrían en su programa “pacíco” siempre ycuando el país enriqueciera su uranio en Europa al 20%, lo requerido para sus nes.La negociación no llegó a ningún lado. Irán no rmó. Estados Unidos ha dicho que su paciencia tiene
límites, por un lado tiene a Israel que ve al país como una amenaza y por otro, sus dos guerras en Afganistán eIrak. No puede combatir solo. Y a pedido ayuda de Rusia y China pero con sus vetos en las negociaciones, lanación norteamericana no ha podido reforzar las sanciones económicas que desea imponer al presidente iraní Mahmud Ahmadineyad.Mientras, el líder fortalece sus alianzas en Latinoamérica. Su gira por Bolivia, Brasil y Venezuela,ha plantado bandera y conseguido apoyo en la región. ¿A cambio de qué? Irán estará invirtiendo millones dedólares en ayuda humanitaria a estas naciones, sobre todo en la que rige Lula da Silva, quien va en busca de unasiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU.
Se complica el panorama. Este n de año, se acaba el período de espera para la “recapacitación” de Irán.
¿Será Irán el nuevo Corea del Norte? Anteriormente, esa fue una pregunta que dio paso a un análisis de mi au-toría. Hoy, le doy una respuesta.Si éste país no realiza un acuerdo “conveniente” para él y la comunidad internacional, podría ocurrir lomismo que con la nación norcoreana. Habría sanciones pero no guerra. A Estados Unidos no le conviene librarotra batalla en el Medio Oriente cuando lo que quiere es salir de allí. Si a China y a Rusia no les incomodó queCorea del Norte desarrollara su bomba atómica, ilícitamente, no necesariamente se van a preocupar por unanación más lejana y con grandes problemas internos.Es el petróleo, el mejor calmante en esta situación. En el 2008, Irán era el tercer país con más reservas anivel mundial, según el reporte anual de la organización petrolera BP. Reservas que suplen a estos países y quetratan de hacerle competencia a Arabia Saudita, líder en la región.No obstante, si Irán decide emplear sus esfuerzos para enriquecer el uranio y así crear un arma nuclearperdería protección mundial. Rompería con el Tratado de No Proliferación Nuclear dotado del 1 de julio de1978, y sería vulnerable a cualquier ataque proveniente de los Estados Unidos o no. Al menos, hasta el 2012 nose tendría que preocupar tanto por las manos de Obama: están ya atadas por el Premio Nobel de la Paz.
Condicionada la presión nuclear
Por Natalia A. Bonilla Berríos
NOVIEMBRE 2009 |
LATITUDES
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