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José Manuel Gómez.No debe extrarnos si el periodismo esrecibiendo unaafectación directa de la atmósfera nacional de atonía ydistorsión moral y ética. Es gico presumir que la vieja ybondadosa intención de ser leales a la sociedad en que estamosdebatiéndonos y hacer de los medios un trasunto de ella mismase realice tanto para bien como para mal. Esta es la realidad, asíse aparte del deber ser.En líneas generales y con el obvio reconocimiento de que hayexcepciones ejemplares de claridad de discernimiento ysindéresis, de fidelidad a principios y normas éticos y de corajepara defenderlos con resolución y carácter inflexibles, no esnecesario siquiera hacer un escrutinio riguroso e intenso del
aquí y ahora
de la cultura profesional periodística para inferirque esrodeada de amenazas y tentaciones que puedenvolverse irresistibles si no se asume la ética, desde la formaciónuniversitaria de los próximos y futuros colegas, como unadecisión radical de resistencia. Pero de resistencia racional yproyectiva, de la que pueda esperarse un influjo positivo en eldespertar de la conciencia de una sociedad abrumada por labanalidad, el cálculo utilitario abyecto, la malicia y la mala fe yla indolencia ante el dolor, la injusticia y la incertidumbre demuchísimos seres humanos.Así como el individuo se parece a su ciudad, un objetivo naturalde cada medio periodístico debe consistir en parecerse a suslectores, oyentes, televidentes o cibernautas, si se proponepermanecer en sus hábitos, en la competencia diaria por laaudiencia y en el dinámico y complejo escenario social.Sin embargo, esa condición especular es de dos caras, porque sees espejo de los rasgos positivos y nobles, pero también de losdefectos, los vicios y las perversiones de la sociedad. Las luces ysombras y las paradojas de cada día están reflejándose en laagenda informativa y de opinión y en las diferentes modalidadesde la vida mediática.Por supuesto que es legítima y puede ser catártica la críticapertinaz de los medios, de su neutralidad sospechosa yrecurrente ante las perversidades de actualidad e intespúblico, de su virtual incompetencia para emitir juicios de valor
 
y calificar sin eufemismos lo justo y lo injusto, lo conveniente ylo inconveniente, lo correcto y lo torticero, lo honorable y loindecente.No obstante (y estoy diciéndolo no sólo como periodista sino,sobre todo, desde mi perspectiva de profesor de éticaprofesional y otras materias de la carrera) se incurre confrecuencia en descalificaciones generalizadoras y tendenciosasque acaban por crear en los estudiantes y futuros colegas unaactitud de aborrecimiento a los medios periodísticos y a losperiodistas, a la cultura profesional del periodismo.Esta es una de las contradicciones deplorables que se verificanen buena parte de las facultades de comunicación: Lainsistencia desaforada en la presunta perversidad de “losmedios” y en la virtual inutilidad de los periodistas, así como enla infructuosidad de su defensa profesional de la teoría, de losvalores éticos, de la metodoloa de trabajo y del modointeligente de usar la tecnología.Tal actitud, estimulada por lo regular desde la ignorancia y eldesconocimiento de la cultura profesional y de los criterios,propósitos y procedimientos de la actividad periodística, generauna vocación derrotista. ¿Para qué la ética (pregunta unestudiante), para qué la reflexión sobre el deber ser del buenperiodismo, para qué las teoas sobre el derecho a lainformacn y el servicio blico de ilustrar y guiar a losperplejos, si en suma se nos enseña que el mundo de “losmedios” y el académico son irreconciliables?Una ética marcada con el sello del realismo optimista, delentusiasmo por emprender la realización de ideales detransformación y cambio, de la confianza en que el estado decosas tiene que cambiar y hay que empezar a construirproyectos depurativos y renovadores, es la que debeamospreconizar en los programas de formación profesional. De locontrario, las generaciones que llegan para el relevo habrán deseguir profesando una mentalidad derrotista y claudicante.Parte inseparable de la formación profesional es la apertura a lacrítica y la disposicn a la autocrítica permanente, comofactores de autoevaluación y mejoramiento cualitativo. Aunquepueden exagerar los ciudadanos que en su condición de
 
lectores, oyentes, televidentes o cibernautas ponen en cuestióndeterminados textos informativos y aprovechan para lanzardenuestos contra los periodistas y señalar posibles vaos ydebilidades culturales, ante los graves responsabilidades deinformadores y orientadores es preciso admitir que hay fallasoriginadas en su educación media y profesional y que esapremiante reforzar la formación humanística.Debe hablarse con ánimo de autocrítica de problemas que estánemergiendo con fuerza cada vez mayor en las universidades yque están reproduciéndose de modo exponencial en las salas deredacción y los medios periosticos. Se advierten comoamenazas contraculturales, que forman un catálogo de obviosmotivos de preocupación para la gente.La lista de tales amenazas está volviéndose extensa. Puedenagruparse en tres categorías, como lo señalé en uno de losarculos semanales cuando fui Defensor del Lector de ELCOLOMBIANO:1) Las deficiencias teóricas debidas al menosprecio de lasciencias y disciplinas humanas y sociales, el facilismo de lo lighty la pereza mental que impide la reflexión sobre los porqués delperiodismo.2) La distorsión del criterio, la falta de sindéresis (la facultadque permite discernir sobre la verdad y la mentira, el bien y elmal, lo justo y lo injusto) y la infravaloración de los asuntosmorales y éticos.3) La indisciplina y la negligencia para asumir responsabilidadesy trabajar con método y la incompetencia lingüística, notoria enla degradación progresiva del lenguaje.Es erróneo, por ejemplo, en nombre de la especializacn,hacer del periodismo una secta separada de todas las demásactividades intelectuales y espirituales y rehusar la necesariaformación filosófica, histórica, literaria y jurídica y el manejode varios idiomas.Tal tendencia dilata la conciencia de responsabilidad social ydesvirtúa la razón de ser del periodismo, al que el sentido de lohumano le es consustancial. La avidez por el saber, por el
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