Sí, el policía, el juez o el magistrado deben ser éticos, pero la ética no debe ser impuesta por policías, jueces o magistrados. Los códigos figuran en las primeras páginas denumerosos manuales de estilo, pero son cosa distinta de las normas imperativas paratitular, para escribir abreviaturas o para usar las mayúsculas.La ética es distinta porque nadie la impone, no nace de una presión exterior sino que esuna autoimposición que se da como resultado de una presión interior que Kant describíaal hacer alusión a la metáfora de un código o clave vital escrita en el corazón humano.Por eso hablaba de “la ley moral en mi corazón.” Hay, pues, un deletreo de lo quellevamos escrito en nuestra naturaleza; cuando se decodifica ese mensaje de lanaturaleza, se convierte en un mandato exigido por la libertad.Como un soberano ejercicio de su libertad, el periodista que decide que es bueno llegar a hacer un periodismo de excelencia, adopta unos valores y principios éticos distintivosde su profesión. Convertido en legislador de sí mismo, asume el control de su vida profesional y sigue el rumbo que está escrito, no en leyes ni en reglamentos, sino en sunaturaleza y en la de su profesión. Para este momento de la vida humana las metáforasabundan: está la del piloto que toma el timón, está la del desorientado que al descubrir el rumbo correcto corrige su derrotero; está la de quien consulta y sigue el norteseñalado por una brújula; también se habla de conversión, otros hablan de reconstruir lavida y los jóvenes de hoy de mover el piso. Después de los talleres he oído ese término, junto con el de redescubrir la profesión, el de renovar el entusiasmo original o el dereencontrarse con los sueños iniciales. En todo caso, este cara a cara con la ética, no esel kafkiano encuentro con ese poder sin rostro, de lo legal, sino el redescubrimiento delo mejor de uno mismo y el compromiso de mantener intactos, los mejores y máselevados sueños.Aquí se ha marcado ya otra diferencia entre lo legal y lo ético.Los reglamentos, los códigos, las leyes en general son transitorias, referidas asituaciones específicas y cambiantes. Son elementos prescindibles. La multiplicación delas normas éticas degrada a la ética porque la aproxima al lenguaje de los códigos de policía y de los reglamentos. Los valores éticos, por el contrario son tan permanentescomo la naturaleza humana, pero no estáticos. Cada uno de esos valores es un referentede las posibilidades del hombre. La ley señala errores, fallas posibles, infracciones odelitos. La ética indica las posibilidades de todo hombre. El lenguaje de la ética encarnala convicción de que el hombre, todo hombre, es un ser posible.El periodista, como persona y como profesional, encuentra en la ética la formulación desus posibilidades. Los códigos de ética guían, como brújulas, para descubrirlas; perocada persona descubre sus posibilidades y las convierte en su deber ser, en su utopía.Los miembros del Foro de Periodistas Argentinos, Fopea, que convocaron en noviembredel año pasado a colegas de todo el país para la celebración de un congreso nacional,tuvieron como objetivo de esa reunión proclamar y adoptar un código de ética quehabían trabajado durante tres años, a partir de un taller de ética en que pudieron ver lasdiferencias que hay entre unos reglamentos y normas legales, y un código de ética. Un primer borrador con normas escritas en clave de no, fue corregido al comprobar que laética es propuesta y no prohibición, es suma, no resta, abre caminos, no los clausura.Para ellos fue como poner por escrito lo mejor de sus sueños profesionales. Hace dossemanas encontré inmersos en la misma tarea a los periodistas de Brasil, convocados para una Asamblea extraordinaria en Vitoria, en la que darían los toques finales a larevisión de su código ético, que es la misma tarea que acaba de cumplir el Círculo dePeriodistas de Bogotá que anunció, además, su propósito de celebrar talleres regionales
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