¿Sabemos realmente si tenemos una autoestima saludable?
¿Quién es esa Diosa tan esquiva llamada Autoestima y cómo podemos atraerla hacia nosotrospara que nos nutra y sustente en nuestra vida y nuestros proyectos?, ¿Cómo podemos llegar asentir ese amor por nosotros mismos cuando nunca lo hemos hecho antes?, ¿Tenemos algunasolución posible a este entuerto? La respuesta quizás yace en una nueva lectura de los
Misterios Eleusinos
, aquellos en los que el drama de las diosas Démeter y Perséfone sirvieron como ritualde iniciación a los ciclos y fases de la vida…Pero como toda buena historia, este cuento ha decomenzar por el principio: Érase una vez…La autoestima se define comunmente por la valoración que hacemos sobre nosotros mismos, laopinión que nos merecemos cuando nos vemos en nuestra totalidad y sobre todo la
emoción
quesentimos cuando contemplamos: nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestros talentos, habilidades,nuestros logros, nuestras capacidades en todos los niveles de la vida. Cuando esa opinión esnegativa, decimos que tenemos una baja autoestima y cuando esa opinión es positiva, concluimosque tenemos una autoestima saludable. Cuando exageramos grandilocuentemente nuestroconcepto de nosotros mismos, la psicología nos habla de narcisismo, síndrome que procede delmito de Narciso, también presente dealgún modo en la historia de Démeter y Perséfone. Aquelque tiene una autoestima saludable muy probablemente pueda identificar esa condición, peroaquel que no la tiene, al no haberla experimentado en toda probabilidad nunca, no podráidentificar aquellas sensaciones y emociones que se sienten cuando se goza de una sanaautoestima. Es por ello, que nuestros amigos pueden alentarnos a querernos más, y sin embargosus palabras caen vacías y huecas sobre nosotros, incapaces de encontrar los
músculos internos
que activen esa autoestima óptima, ese amor a uno mismo.Esta dificultad por reconocer la autoestima saludable cuando gozamos de ella, nos indica que esemúsculo interno, que no hemos desarrollado aún, viene condicionado de nuestra infancia, inclusoa veces más allá de ella: nuestro entorno familiar y hasta socio-cultural. Se da así el caso muyfrecuente de que familias enteras sufren de baja autoestima transmitiéndose de padres a hijos ysociedades enteras la sufren dificultando así si cabe aún más, la activación de esos recursosinternos que nos hagan reconocer ese estado saludable de auto-valoración. Basta considerar porejemplo a todas aquellas etnias o sub-grupos sociales que son marginados por su condición racialo su situación económica..Si bien uno puede crecer con baja autoestima, es posible igualmente que una persona con unaautoestima saludable, vea dinamitada esa valoración positiva de si misma debido al deteriorogradual de sus relaciones personales o situaciones laborales o vitales que le lleven a formular unanueva opinión de si misma en términos negativos. Es muy frecuente que las malas relacionesmatrimoniales, por ejemplo, terminen haciendo mella en uno de los miembros generando esedeterioro en la autoestima. Los malos tratos en cualquier ambiente ya sea familiar, personal olaboral pueden fomentar la baja autoestima de quien sufre ese acoso. La pérdida del trabajo, unasituación de estrés o cambio repentino en la vida de una persona puede sacudir ese concepto deuno mismo y deteriorarlo si la persona no es capaz de reenderezar su auto-valía de un modopositivo y constructivo. Por todo ello, así como un músculo necesita ser ejercitado paramantenerse sano, fuerte y flexible, la autoestima también requiere de nuestro esfuerzo constantepor mantenerla en un estado óptimo.¿Por qué es importante la autoestima? Cabría preguntarse. Es ella la que nos nutre y nos sustentaen todos los niveles y es ella la que nos apoya y respalda en todo cuanto emprendemos en nuestravida. Podemos ser conscientes de ello o no, pero la realidad es que, si tenemos una baja opinión
Leave a Comment