DON DE LA FORTALEZA
Nuestra sociedad del bienestar, tan llena de recursos yoportunidades, tan saturada de comodidades y bienes materiales, tan preocupadapor la seguridad y la felicidad a cualquier precio... ha hecho del ser humano –denosotros- seres profundamente débiles.Sí, nosotros, que lo tenemos todo, que nunca pasaremos hambre, que nunca nosfaltará un techo, que jamás experimentaremos el total desamparo de los pobres ymarginados... nosotros vivimos llenos de miedos y preocupaciones.La fragilidad y la vulnerabilidad se han apoderado de nosotros...Y así, envueltos de debilidad, vivimos atemorizados, como encogidos, incapaces deasumir riesgos, de afrontar dificultades, de jugarnos de verdad la vida por algo opor alguien. Y en vez de compartir, acaparamos; en vez de crecer, sobrevivimos; envez de apostar, ahorramos...¿En qué momento del camino nos hemos olvidado de las palabras de Jesús?: “Quienguarde su vida la perderá, pero quien pierda su vida por mí y por el Reino, ése laganará para siempre”Vivimos llenos de cosas... pero también de miedos, de frustraciones, de complejos einseguridades. Y pretendemos huir de la dificultad, cuándo ésta nos ayuda asuperarnos. Y rechazamos siempre el sufrimiento, cuando éste es a menudoineludible pues forma parte de la vida y nos enseña su significado más profundo.Sí... corremos el peligro que vivir agazapados, empequeñecidos por el poder denuestra debilidad.El Espíritu es fortaleza y nos da siempre energía y vitalidad. Él nos empuja, noslevanta, nos sostiene para que seamos capaces de seguir caminando, de seguirsiempre hacia delante y como dijo Jesús
, “ir en su nombre y enseñar su amor a todos los pueblos y a todas las naciones”.
La fortaleza del Espíritu es un don que está vivo, que crece día a día en nuestrointerior y que siempre, siempre nos acompaña, está con nosotros.
¿CÓMO Y DÓNDE ME INVITA EL ESPÍRITU A VIVIR CON FORTALEZA?
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