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ayer vi ganar a los argentinos
roberto arlt
Ustedes dirán que soy el globero más extraordinarioque ha pisado
El Mundo
por lo que voy a decirles:Ayer fue el primer partido de fútbol que vi en mi vida,es decir, en los veintinueve años de existencia que tengo,si no se cuentan como partidos de fútbol esos con pelotade mano que juegan los purretes y que todos, cuandomenores, hemos ensayado con detrimento del calzado yla ropa.Sí; el primer partido, de modo que no les extrañen lasmacanas que puedo decir.
"Carnet" de periodista
Una naranja podrida reventó en el cráneo de un lonyi;cuarenta mil pañuelos se agitaron en el aire, y Ferreyra,de una magnífica patada, hizo el primer
goal
. Ni un equipode ametralladoras puede hacer más ruido que esasochenta mil manos que aplaudían el éxito argentino. Tanta gente aplaudía tras de mis orejas, que el vientodesalojado por las manos zumbaba en mis mejillas. Luego, el juego decreció deentusiasmo y empecé a tomar apuntes. Aquí van; para que se den cuenta cómo trabajaun cronista que no entiende ni medio de football (creo que así lo escriben los ingleses).He aquí lo que vi. Un negro que vendía un paraguas abollado para librarse del sol. Unregimiento de chicos que vendían ladrillos, cajones, tablas, naranjas, manzanas, bebidassin alcohol, diarios, retratos de los footbolistas, caramelos, etc., etc.Un jugador argentino dio una costalada, Cherro erró un
goal
; de pronto suenanaplausos y en la pista de "Las oficiales", más aplausos a granel. El "Torito de Mataderos"pasaba entre una barra de admiradores. Una voz gritaba tras mío:"Ese Evaristo está toda la tarde con la platea" (y Evaristo fue el que hizo el segundo
goal
en combinación con Ferreyra).Otra naranja podrida estalla en el cráneo del mismo lonyi. Cientos de cachadoresmiran y se ríen. Cherro yerra otro goal y un fulano que se esconde tras de los bigotes, selos retuerce al compás de malísimas palabras.Las gradas están negras de espectadores. Sobre estos cuarenta mil porteños, decontinuo una mano misteriosa vuelca volantes que caen entre el aire y el sol conresplandores de hojas de plata. Se apelotonan jugadores uruguayos y argentinos entorno de un jugador estirado en el suelo. Fue una patada en la nuca. No hay vuelta; losdeportes son saludables.
 
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Otra naranja podrida revienta en el cráneo del mismo lonyi. Ferreyra gambetea quees un contento. No hay vuelta, es el mejor jugador del equipo, con Evaristo. "¡Ferreyrasolo!", gritan las tribunas, y el otro: "Ahí lo tienen al juego científico".
desde un techo
Al sur de la cancha de San Lorenzo de Almagro, sobre avenida La Plata, hay unafábrica con techo de dos aguas y varias claraboyas. Pues, de pronto, la gente empezó amirar para aquel lado, y era que de las claraboyas, lo mismo que hormigas, brotabanmirones que en cuatro patas iban a instalarse en el caballete del tejado. Algo como decinematógrafo.A todo esto el primer tiempo había terminado. Entonces, del alambrado que separalas populares de las plateas, vi despegarse al lonyi que recibía las naranjas podridas enel mate. Tenia el cogote chorreando de podredumbre, la jeta cansada de tanto estarcolgado y se dejó caer en el portland del piso con gran satisfacción de los propietarios delas naranjas. Ahora el suelo quedó convertido en campamento gitano. Comencé acaminar.Había una cosa que me llamó la atención, y era el agua que continuamente caía delo alto de las tribunas. Le pregunté a un espectador por qué hacían ese regado, y el es-pectador me contestó que eran ciudadanos argentinos que dentro de la Constituciónhacían sus necesidades naturales desde las alturas. También vi una cosa formidable, yera un montón de purretes colgados de los fierros en la parte inferior de las tribunas, esdecir, del lado donde únicamente se ven los pies de los espectadores. Todos estos chicosrivalizaban en agarrarle las piernas a una espectadora para ellos invisible.
al margen del fútbol
Seguí caminando pensando en los espectáculos que la suerte me había deparadover por primera vez en mi vida, y vi un regimiento de mujercitas de aspecto pocoedificante acompañadas de la barra de sus "maridos". Habían hecho rueda en asientosde diarios y tragaban salame de caballo y mortadela de burro. El ruidoso trabajo demasticación era acompañado de una continua repetición de tragos de un brebajemisterioso que tenían encerrado en un porrón. Luego tropecé con una brigada deforajidos que vendían ladrillos, no para tirárselos a los jugadores, parece que para éstosse reservan las botellas. Los ladrillos eran para servir de pedestal a los espectadorespetisos. Apareció un negro arramblando con una hoja de puerta, levantó una tribuna ycomenzó a vocear: "Veinte centavos el asiento". Varios padres de familia subieron alpalco improvisado.
avenida la plata
Salí del field pocos minutos antes que Evaristo hiciera el segundo
goal
. Todas laspuertas de avenida La Plata estaban embanderadas de magníficas pebetas. ¡La pucha sihay lindas muchachas en esta avenida La Plata! De pronto resonó el estruendo de todauna muchedumbre de aplausos; desde lo alto de la tribuna un brazo como un semáforohizo una señal misteriosa sobre el fonso celeste y la vopz rapidísimamente levantó ungrito en las gargantas de todas las pebetas:—Ganamos los argentinos: 2 a 0.Hacía mucho tiempo que los porteños no jugaban con trepidés. Los uruguayosdieron la impresión de desarrollar un juego más armónico que el de los argentinos, pero
 
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éstos, aunque desordenadamente, trabajaron con lo único que da el éxito en la vida: ElEntusiasmo.
El Gráfico, 1975 (originalmente publicado en El Mundo, década del 30)
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