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7) CULTURAS
El término “
Cultura
” en Ciencias Sociales y en la literatura vinculada a ellas se emplea en dosacepciones conectadas entre sí pero perfectamente diferenciadas.Por un lado, la “cultura” abarca
toda expresión
material o espiritual
de una
 
sociedad,expresn que necesita para su realización la adquisición
 
 previa de conocimientos y/oinstrumentos productivos o expresivos no da dos genéticamente.Otro modo de decir lo mismo esagrupar en la “cultura” de una sociedad o comunidad todas las prácticas individuales o colectivas querequieren un aprendizaje previo o un instrumental elaborado.Pero también se denomina “cultura” a la capacidad individual, poten cial, socialmenteadquirida, de un humano para incorporarse y partici
 
 par en los procesos anteriormenteenumerados (incluyendo los debates teóri cos sobre “cultura”). Por lo tanto Cultura es, desde el punto de vista individual, una capacidad adquirida, no innata. LaCultura potencia aptitudes naturales, encauza temperamentos originales, y también, inevitablemente,limita posibilidades innatas y regula potencialidades creativas.Pero una vez más me surgen dudas. ¿Es legítimo excluir lo genético de los patrones ycomportamientos culturales?
Entre los seres humanos
(exceptuando los casos de capacidades diferentes llamados“discapacidad”, motivados por alteración hereditaria o ambiental)
no hay diferencias en lacapacidad de razonamiento o abstracción que estén condicionadas por sus diferenciasétnicas.Tampoco ningún ser humano está condicionado en el desarrollo de su inteligencia porel tronco cultural del cual proviene
. Cualquier lengua materna permite apoyar los más sofisticados ysutiles procesos de razonamiento teórico, y cualquier cerebro humano no dañado, con capacidadneurológica standard, puede elevarse a las cumbres máximas del saber actual y futuro de la Humanidad,y aún superarlas.Toda búsqueda de una raza de inteligencia superior, además de partir 
de
 
una actitud éticamenterepudiable, es científicamente absurda. Nos sobra materia gris a todos para una actitud más inteligente,
COMO
 por ejemplo sería no destruir más el planeta. La estupidez humana tiene otras causas.Pero en la capacidad de expresarse artísticamente (tino de los componentes del ropaje cultural) y en laexteriorización diversa o en la represión de los sentimientos (también pauta cultural) ¿no hay acaso uncomponente genético?Actualmente la Antropología, apoyada en el conocimiento genético, está analizando seriamenteesta posibilidad. Yo no tengo dudas de que el bagaje genético, sin ser determinante, influye en lascapacidades de expresión artística y en el temperamento, aunque las construcciones culturalescircundantes, (incluyendo la construcción de género) inciden mucho más.Sí, todo eso puede incidir. Pero lo determinante para el acto de creación en el plano cultural (y estaes una de mis pocas certezas) es respirar un clima de libertad o haber aprendido a amarla; a amarla hastatal punto que se esté dispuesto a darlo todo por abrir brechas en un contexto de opresión.
7.1) Concepto plural de Cultura
Hasta el surgimiento de los Tribunales de la Inquisición en Europa todos pensaban que unencuentro de culturas en diálogo horizontal siempre resultaba en mutuo beneficio. Y en realidad era así.La Córdoba ibérica del siglo XV es un brillante ejemplo de esto. Mantenía una tradición pluricultural muy antigua y en la fiesta de la diversidad de culturas y cosmovisiones, con aportescristianos, moros y judíos, fue testigo de la construcción de un universo de sabiduría fascinante.Así era la Córdoba española del mejor Renacimiento, el Multicultural.Los grandes imperios de la antigüedad tampoco ponían mayores objeciones al hecho de que susdirigentes fueran educados durante algunas horas de su jornada por esclavos o sirvientes que eran profundos conocedores de las culturas sometidas. Aún la imposición teológica, cuando se daba, no exi-gía a las élites pensantes (“pensantes” en temas vinculados al poder) que lo hicieran según formas derazonar exclusivistas y rígidas.El “Siglo de las Luces” exaltó con Voltaire el librepensamiento, pero cambiando apenas un viejorefrán podríamos concluir que “a dogma caído, dogma puesto”.
 
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De cierto modo el Método Científico introdujo una nueva Inquisición y una nueva censura, unnuevo control represivo a la libre reflexión sobre la realidad circundante. Muchos lo estamos sufriendo. Ylo sufren mucho más quienes se ponen en franca ruta de colisión con los paradigmas científicos delmomento, sin refugiarse en una religión reconocida sino quedando a la intemperie, defendiendo suderecho a pensar diferente.A
los saberes “externos” al Método, a todas aquellas aseveraciones que no fueran productodel Método tal como se lo interpretara por los popes del momento, se les consideró desde entoncessuperstición, dogma irracional o en el mejor de los casos saber empírico no sistematizado.
Era tan extrema la confianza
en
los instrumentos experimentales de cada época
que
cierta vezllegó
a
demostrarse
científicamente
que la tierra
no giraba
sobre su eje; otra vez se comprobó que enlos objetos sólidos la masa
no era influida
 por la velocidad. Siglos después el mismo Método Científicoexperimental, con instrumentos más sofisticados, demostraría exactamente lo contrario para amboscasos, con una diferencia de cuatro siglos entre ambas rectificaciones.Las “paradojas” de la Física Cuántica y de la Teoría de la Relatividad son por un lado un avanceextraordinario de la Ciencia (hasta por la posibilidad que nos ofrecen de cuestionarla); pero son a lavez una demostración de que la certeza científica debe manejarse con mayor cautela. Las investiga-ciones de Heisenberg sobre el indeterminismo en el mundo de las micro partículas conmueve todoel edificio científico tradicional sobre la cognoscibilidad mecánica del cosmos a partir de lo muy pequeño.Pero fue la crisis ecológica planetaria, cuyos primeros indicios graves aparecieron en los '70, la quenos hizo repensar el valor de la Ciencia.Si por un lado la Ciencia es el sistema de conocimientos y creencias más eficiente paratransformar todo, es por otro lado el sistema de conocimientos y creencias más incapaz de prever sus propios efectos devastadores. Para peor la Ciencia sustituye la ética (propia de los sistemastradicionales de conocer y actuar) por la racionalidad de mercado, porque la Ciencia crece en lacompetición y requiere financiamientos cada vez mayores. Si es buen negocio, pongamos por ejemplo, producir armas cada vez más sofisticadas e impulsar la carrera armamentista, la Ciencia es una invitadainfaltable al reparto de utilidades.Con el cuestionamiento a la Ciencia surge el cuestionamiento a la cultura dominante y a suhegemonía impuesta por el mercado mundial en su expansión permanente. Inevitablemente entonces seredescubre el valor de las OTRAS culturas, sus formas de pensar y de actuar. Ya no hay más (o nodebería haber) una clasificación de seres humanos en más y en menos cultos sino en portadores de unau otra cultura.
ya no existe esa ciega fe en la ciencia de Occidente que nuestro sistema deenseñanza sigue inculcando, para mantener la cuota de poder de viejas vacas sagradas. Si bien laciencia de Occidente es un poderoso e irreemplazable instrumento transformador, no esomnipotente, ignora lo que depreda y está sometida a las leyes brutales del mercado. Fuera de suámbito hay saberes necesarios que sólo poseen los portadores de otras culturas.¿Qué significa ser expresión de una cultura? Yo soy un producto de la segunda mitad del sigloXX, me sirvo de la nueva tecnología, pero no sé fabricar un motor a explosión, ni una televisión,ni una computadora; desconozco los cálculos precisos para poner en órbita un satélitegeoestacionario. Los charrúas usaban en sus
quilapí 
los mismos signos que aparecen en las pictografías, pero se cuestiona que las pictografías fueran hechas por ellos. Pero ¿hasta dónde llegael concepto de
ellos?
¿No habría cierta división del trabajo? Nada se dice. Molestaría demasiado ala Historia Oficial descubrir que la cultura charrúa era muy desarrollada. Mejor para el Poder es preservar las rígidas sentencias sobre su atraso endémico.
Sólo es flexible la Ciencia cuando se lapresiona y se le paga para que sus conclusiones coincidan con los intereses de los que lafinancian.
Pero no hay mal que dure cien años. En América Latina asistimos en las últimas décadas alredescubrimiento, a la revalorización de los mitos y leyendas de los pueblos originarios.Tradicionalmente el botánico (trabajando para una universidad o un laboratorio) registrabacultivos, estudiaba la recolección y empleo de hierbas y controladores biológicos de plagas de lasculturas tradicionales, y atribuía toda esta sabiduría
indígena
a procesos prácticos de estascomunidades, a un saber empírico sin elaboración teórica anterior ni ulterior.Por su parte el antropólogo recogía leyendas y “supersticiones” que archivaba con curiosidad yque le servían para comparar imaginarios simbólicos de diferentes pueblos.
 
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Sólo ahora entendernos que el mito, la leyenda, el relato tradicional sobrenatural, son (al mismotiempo que expresión de espiritualidad) una forma teórica diferente de describir ciclos y procesos de la Naturaleza y la Sociedad.El saber tradicional tiene su conceptualización, su rigor discursivo, sus hipótesis yverificaciones, pero no lo comprendíamos; había faltado una aproximación holística a lascosmovisiones diferentes para entenderlas.Claro que los saberes de los pueblos tradicionales tienen errores y preconceptos. ¿La Cienciano los tiene?Claro que gran parte del saber tradicional de los pueblos originarios ha quedado obsoletocon el brusco cambio de contexto. ¿Pero acaso no es verdad también que gran parte del saber de laFísica Experimental ha quedado obsoleta por el brusco cambio de escala y de superposición deescalas en el que razonamos ahora'?Bien; vamos revalorizando así otros sistemas de conocimientos.La Ciencia, no obstante ello, es insustituible, y es el sistema de conocimientos más adecuado para encontrar soluciones tecnológicas a los nuevos desafíos; pero por sí sola, sin diálogo consaberes más éticos y de mayor responsabilidad ambiental, se vuelve demasiado peligrosa. ¿ Quiéncontrola al mercado de producción científica? ¿Cómo se establecen sistemas de monitoreociudadano a procesos científicos férreamente custodiados en su secretividad por patentes, propiedadintelectual y razones de Estado? ¿Cómo se logra informar a la ciudadanía para democratizar eldebate sobre ética en la ingeniería genética, la donación, las patentes sobre formas de vida y lassemillas transgénicas?El diálogo multicultural pone a la humanidad ante posibilidades más ricas de futuro. Quizás asíla gente logre descubrir que los ritmos de la Naturaleza son más sabios que los ritmos que impulsa elcombustible fósil que derrochamos y el mercado que exalta el derroche.Volvamos por un momento al tema de
 
las culturas inferiores y superiores.Reitero aquí lo que dije más arriba. Yo prefiero llamar superiores a aquellas culturasamericanas tan sabias que no sólo no formaron imperios sino que lucharon para que los imperiosno se formaran o no se expandieran.Estas culturas “superiores” vivieron en sabia relación corla Naturaleza en general y con sussemejantes en particular. No debemos idealizarlas, pero
debemos
apartar de ellas el grueso manto deracismo tras el que fueron devaluadas.Las entidades espirituales que adoraban eran fraternas y pedían ofrendas, no sacrificios. Aveces se enojaban pero era fácil aplacarlas. En el retiro espiritual de cada uno era muy sencillodialogar con ellas.Entre estos espíritus, diversos pero en una relación horizontal entre sí, andaban las almas de losmuertos queridos.Una vez le pregunté a un Ñanderú (jefe espiritual) de los Kaiwá Guaraní por qué a veces en suoración hablaba de muchos dioses o entidades espirituales y a veces hablaba del Gran Espíritu, deDios. Fingió no entenderme.Un tiempo después, ante mi reiterado interés, me respondió algo así: hay muchos espíritus buenos; a veces nos ayudan entrando en nuestros sueños, a veces se incorporan en un pájaro que nosda una señal. Pero cuando ocurren grandes cosas, o llega un gran dolor para todos, entonces losespíritus se unen, son el Gran Espíritu, forman a Dios. Este tiempo que corre ahora es para nosotrosun tiempo de Dios.En el origen hubo también un tiempo de Dios, según los guaraníes:
“El verdadero Padre Munamhí, el primerohabiendo concebido su futura morada terrenal de la sabiduría contenida en su propia divinidad  y en virtud de su sabiduría creadorahizo que en la extremidad de su vara fuera engendrándose la tierra”
(CADOGAN, León: “Ayvy rapyta”, CEADUC CEPAG, Asunción, ¡992)
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