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Con el cuestionamiento a la Ciencia surge el cuestionamiento a la cultura dominante y a suhegemonía impuesta por el mercado mundial en su expansión permanente. Inevitablemente entonces seredescubre el valor de las OTRAS culturas, sus formas de pensar y de actuar. Ya no hay más (o nodebería haber) una clasificación de seres humanos en más y en menos cultos sino en portadores de unau otra cultura.
Y
ya no existe esa ciega fe en la ciencia de Occidente que nuestro sistema deenseñanza sigue inculcando, para mantener la cuota de poder de viejas vacas sagradas. Si bien laciencia de Occidente es un poderoso e irreemplazable instrumento transformador, no esomnipotente, ignora lo que depreda y está sometida a las leyes brutales del mercado. Fuera de suámbito hay saberes necesarios que sólo poseen los portadores de otras culturas.¿Qué significa ser expresión de una cultura? Yo soy un producto de la segunda mitad del sigloXX, me sirvo de la nueva tecnología, pero no sé fabricar un motor a explosión, ni una televisión,ni una computadora; desconozco los cálculos precisos para poner en órbita un satélitegeoestacionario. Los charrúas usaban en sus
quilapí
los mismos signos que aparecen en las pictografías, pero se cuestiona que las pictografías fueran hechas por ellos. Pero ¿hasta dónde llegael concepto de
ellos?
¿No habría cierta división del trabajo? Nada se dice. Molestaría demasiado ala Historia Oficial descubrir que la cultura charrúa era muy desarrollada. Mejor para el Poder es preservar las rígidas sentencias sobre su atraso endémico.
Sólo es flexible la Ciencia cuando se lapresiona y se le paga para que sus conclusiones coincidan con los intereses de los que lafinancian.
Pero no hay mal que dure cien años. En América Latina asistimos en las últimas décadas alredescubrimiento, a la revalorización de los mitos y leyendas de los pueblos originarios.Tradicionalmente el botánico (trabajando para una universidad o un laboratorio) registrabacultivos, estudiaba la recolección y empleo de hierbas y controladores biológicos de plagas de lasculturas tradicionales, y atribuía toda esta sabiduría
indígena
a procesos prácticos de estascomunidades, a un saber empírico sin elaboración teórica anterior ni ulterior.Por su parte el antropólogo recogía leyendas y “supersticiones” que archivaba con curiosidad yque le servían para comparar imaginarios simbólicos de diferentes pueblos.Sólo ahora entendernos que el mito, la leyenda, el relato tradicional sobrenatural, son (al mismotiempo que expresión de espiritualidad) una forma teórica diferente de describir ciclos y procesos de la Naturaleza y la Sociedad.El saber tradicional tiene su conceptualización, su rigor discursivo, sus hipótesis yverificaciones, pero no lo comprendíamos; había faltado una aproximación holística a lascosmovisiones diferentes para entenderlas.Claro que los saberes de los pueblos tradicionales tienen errores y preconceptos. ¿La Cienciano los tiene?Claro que gran parte del saber tradicional de los pueblos originarios ha quedado obsoletocon el brusco cambio de contexto. ¿Pero acaso no es verdad también que gran parte del saber de laFísica Experimental ha quedado obsoleta por el brusco cambio de escala y de superposición deescalas en el que razonamos ahora'?Bien; vamos revalorizando así otros sistemas de conocimientos.La Ciencia, no obstante ello, es insustituible, y es el sistema de conocimientos más adecuado para encontrar soluciones tecnológicas a los nuevos desafíos; pero por sí sola, sin diálogo consaberes más éticos y de mayor responsabilidad ambiental, se vuelve demasiado peligrosa. ¿ Quiéncontrola al mercado de producción científica? ¿Cómo se establecen sistemas de monitoreociudadano a procesos científicos férreamente custodiados en su secretividad por patentes, propiedadintelectual y razones de Estado? ¿Cómo se logra informar a la ciudadanía para democratizar eldebate sobre ética en la ingeniería genética, la donación, las patentes sobre formas de vida y lassemillas transgénicas?El diálogo multicultural pone a la humanidad ante posibilidades más ricas de futuro. Quizás asíla gente logre descubrir que los ritmos de la Naturaleza son más sabios que los ritmos que impulsa elcombustible fósil que derrochamos y el mercado que exalta el derroche.Volvamos por un momento al tema de
las culturas inferiores y superiores.Reitero aquí lo que dije más arriba. Yo prefiero llamar superiores a aquellas culturasamericanas tan sabias que no sólo no formaron imperios sino que lucharon para que los imperiosno se formaran o no se expandieran.
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