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Ministerio de Educación Pública
Centro Nacional de Recursos para la Inclusión Educativa
Departamento de Información y OrientaciónTele-Fax 225-3976 E-Mail:inclusion@racsa.co.cr
Estrategias para satisfacer las necesidades de un alumnado diverso
 
LA EVALUACIÓN ESCOLAR EN EL CONTEXTODE UNA EDUCACIÓN PARA LA DIVERSIDAD*
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Autor:
Iván Escalante
* Artículo publicado en: Educando para educar. Año 3, mayo de 2002, No. 4. México, B.C.Escuela Normal de Estado de San Luis Potosí.
Sobre Iván
:Profesor e Investigador de la Universidad Pedagógica Nacional, Cd. de MéxicoCatedrático de la Universidad Iberoamericana. Cd. deMéxico.Coordinador del Proyecto de investigación e innovación: Integración Educativa,auspiciado por la SEP y el Fondo Mixto de Cooperación Científica y Técnica México-EspañaAutor de publicaciones relacionadas con el curriculum escolar, la enseñanza, el aprendizaje, y laevaluación, así como con el campo de la formación de maestros.Autor de publicaciones y materiales audiovisuales para apoyar el desarrollo de laintegración educativa en México, los que forman parte de la producción del proyectode integración educativa.
 
Introducción
 
Entre los aspectos más preocupantes y polémicos en el medio educativo se destaca el de laevaluación escolar. Los criterios, procedimientos, instrumentos y fines de la evaluaciónresponden a concepciones y prácticas educativas en las que se valora de manera sesgada elesfuerzo individual, el proceso mismo de aprender, los resultados obtenidos y la experienciaque todo alumno vive en el aula. La evaluación, además, está sujeta a una serie de normas,regulaciones y exigencias administrativas para su aplicación, sin dejar de lado lasexpectativas de autoridades, maestros, padres y de los propios alumnos en cuanto al valordel trabajo educativo en el que están involucrados. Todos estos elementos determinan lapráctica, el sentido y la trascendencia de la evaluación en el ámbito escolar, influyendo demanera distinta en los procesos de enseñanza, aprendizaje y socialización. Por lo tanto,cuando nos ubicamos en el contexto de una educación para la diversidad, la evaluación seconstituye en uno de los asuntos de la mayor importancia que exige un cuidadoso análisis yasumir una clara posición que sea congruente con el tipo de trabajo pedagógico que esnecesario impulsar para atender las necesidades educativas derivadas de la diversidad.
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Bajado de Internet por el Centro Nacional de Recursos para la Inclusión Educativa de la Fundación Paso a Paso, deVenezuela. Dirección: http://www.pasoapaso.com.ve/GEMAS/gemas_94.htm
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Una de las creencias más arraigadas en la escuela que es necesario erradicar, es la desuponer que la eficacia del aprendizaje depende exclusivamente del alumno y que losrecursos didácticos que el docente pone a su disposición, llegan a ser trascendentes sólo enla medida en que el alumno demuestra, con su interés y esfuerzo, que se ha beneficiado deellos. Es decir, se considera que los recursos y acciones didácticas están disponibles para él,pero sólo él es el responsable de aprovecharlos o no, según sus capacidades y disposición.Curiosa manera de entender el trabajo pedagógico, puesto que por un lado se reconoce laimportancia de reforzar contenidos, mejorar el proceso de enseñanza, diseñar mejores y máseficientes materiales didácticos, en fin, generar las mejores condiciones para favorecer elaprendizaje, pero, por el otro se sigue pensando que al final de cuentas todo depende delpropio alumno para que los esfuerzos educativos realmente fructifiquen, lo que por lo generalse legitima mediante los resultados de la evaluación.El interés de la sociedad es que el alumno adquiera en la escuela los conocimientos ydesarrolle las capacidades, habilidades y actitudes que sean significativas y relevantes parasu vida presente y futura. Pero se debe convenir que esta posibilidad no depende sólo de él,sino que depende de la confluencia de múltiples factores: la intervención docente, loscontenidos escolares, las estrategias metodológicas, los recursos didácticos, el clima detrabajo, las relaciones interpersonales, el apoyo de los padres, las características sociales yculturales del entorno, y, por supuesto, los procedimientos de evaluación. Todos estoselementos, inherentes a la dinámica de la experiencia escolar, constituyen un todo que actúaconjuntamente, influyéndose mutuamente, lo que le confiere un carácter específico al trabajoescolar como la instancia por excelencia para la formación integral de los individuos.En este orden de ideas, la relevancia de la evaluación está fuera de toda duda, puesto queinfluye en prácticamente todas las actividades que se realizan en el aula. En las concepcionesmás actuales, la evaluación sintetiza lo que la escuela entiende por el saber escolar,establece pautas para definir el objeto, el modo y la finalidad de la enseñanza y delaprendizaje; en sus formas se refleja la importancia real que adquiere de cada uno de loselementos del proceso educativo. Mediante el ejercicio y los resultados de la evaluación, elmaestro no sólo puede conocer la evolución del aprendizaje de cada niño, sus condiciones ynecesidades, su capacidad de respuesta a las exigencias del trabajo escolar, también puedeconocer sobre la pertinencia de los medios que utiliza para favorecer su desarrollo. Por eso,la evaluación no debe limitarse al alumno sino abarcar todos los elementos que intervienenen el proceso escolar: el trabajo del maestro, los contenidos de la enseñanza, los recursoseducativos, la organización académica para la realización de las actividades, el manejocurricular e incluso la evaluación misma; y todos estos elementos apuntan en una soladirección: el desarrollo óptimo de las facultades del educando. La evaluación desde estaperspectiva, debe entenderse como una actividad retroalimentadora que aporte informaciónsuficiente y oportuna para orientar las decisiones del maestro con el fin de hacer lascorrecciones oportunas a las acciones que coordina cotidianamente.Sin embargo, en los hechos se pueden identificar una serie de problemas debido a lascontroversias que surgen por la manera en que se conceptualiza, por las prácticas que lacaracterizan y por su impacto en el trabajo educativo, convirtiéndose en un objeto de estudiopermanente. Haciendo un poco de historia, se puede reconocer que debido a la masificaciónde la educación desde finales del siglo XIX y de manera más notable durante el siglo XX, elexamen (considerado por muchos como la forma de evaluación por antonomasia) irrumpió enlas instancias y prácticas escolares, propiciando que las técnicas de examen individuales ygrupales se desarrollaran en forma masiva y con un alto nivel de especialización, con suconsabido riesgo: si bien el crecimiento de los sistemas educativos fue, y sigue siendo, unarespuesta al derecho que tienen todos los menores a recibir educación (obligatoria y gratuita,en nuestro caso), democratizando el acceso a los servicios educativos, paralelamente sedesarrollaron técnicas de examen más selectivas para establecer las diferencias entre elalumnado, como parte de un afán meritocrático cuyo propósito más destacado es el dedistinguir a los más "capaces". Esta manera de evaluar, y particularmente el papel del
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examen, desafortunadamente sigue arraigada en muchas instancias y espacios educativos,aunque también se han introducido visiones más enriquecidas de la evaluación basadas enotros criterios y propósitos, con procedimientos e instrumentos más diversificados (Escalantey Robert, 1993).La evaluación es, sin duda, un recurso para constatar un tipo de formación específicacertificada mediante una calificación al final de una etapa escolar. Lo importante es definircómo se llega a esta determinación, en función de qué propósitos formativos se ha actuado yqué recursos se aplicaron para tener la seguridad de que se hizo el mejor esfuerzo. El interésal abordar este componente del proceso escolar radica en que la posibilidad de laimplantación y consolidación de una educación para la diversidad en las aulas depende engran parte de los criterios y las prácticas de evaluación.Por estas razones, en esta conferencia se presentan una serie de planteamientos sobre laevaluación, centrada principalmente en los procesos de enseñanza y aprendizaje,considerando cuestiones básicas para una reflexión sobre los problemas que afronta elmaestro al tratar de conciliar en la práctica cotidiana normas, tradiciones, expectativas,procesos, instrumentos, finalidades y resultados.
La necesidad de superar la evaluación tradicional
Se decía líneas arriba, que tradicionalmente, se considera como único objeto de la evaluacióndel aprendizaje el rendimiento del alumno, idea muy extendida en el ámbito educativo.Veamos las principales características de este tipo de evaluación.Con base en este criterio de evaluación se constata el nivel de aprendizaje del niño, losconocimientos adquiridos y sus características. La evaluación convencional, muy extendidaen los años sesenta, se centra en el estudio de lo manifiesto, de lo mensurable, y estávinculada a una forma de indagación predominantemente cuantitativa, influida por elparadigma positivista de la ciencia social. La determinación de los objetivos educativos sefundamenta en criterios que permiten verificar fehacientemente qué se ha logrado,reduciendo el problema de la enseñanza y el aprendizaje a una relación entre insumos yproductos, entre lo enseñado por el maestro y lo aprendido por el alumno. Es un modelo deevaluación centrado en los objetivos, considerados como la expresión del aprendizaje ocomportamiento observable de los alumnos, como evidencia de la adquisición dedeterminados conocimientos, habilidades, actitudes, etc. Así concebida, la evaluación es unmecanismo para comparar los resultados del aprendizaje con los objetivos predeterminados,resultados que se limitan prácticamente al aprendizaje más fácilmente constatable (Rosales,1990).La principal objeción a esta forma de evaluación tradicional es la escasa atención que prestaa los procesos, orientándose directamente a los resultados fácilmente mensurables, mediantepruebas formales y datos cuantitativos. Este enfoque es parcial e insuficiente (MacDonald, enRosales, 1990). Casanova (1998) afirma que, aunque este tipo de evaluación suponecriterios fijados de antemano, resulta muy difícil para el maestro mantenerse al margen delclima generado en un grupo por los distintos niveles de aprendizaje de los educandos, ygeneralmente termina valorando por encima de su capacidad real a un alumno quedemuestra dominar un poco más los objetivos previstos en la programación. Por tanto, estoscriterios se van ampliando y flexibilizando y dejan de ser un referente claro y fiable para elalumno y para el maestro.Además, en sistemas de enseñanza fuertemente centralizados como el nuestro, existe una jerarquización de funciones, un proceso de carácter descendente en la determinación decriterios de evaluación según los cuales, a partir de amplias orientaciones de políticaeducativa, se elaboran los programas de estudio que van especificándose progresivamente
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