Una de las creencias más arraigadas en la escuela que es necesario erradicar, es la desuponer que la eficacia del aprendizaje depende exclusivamente del alumno y que losrecursos didácticos que el docente pone a su disposición, llegan a ser trascendentes sólo enla medida en que el alumno demuestra, con su interés y esfuerzo, que se ha beneficiado deellos. Es decir, se considera que los recursos y acciones didácticas están disponibles para él,pero sólo él es el responsable de aprovecharlos o no, según sus capacidades y disposición.Curiosa manera de entender el trabajo pedagógico, puesto que por un lado se reconoce laimportancia de reforzar contenidos, mejorar el proceso de enseñanza, diseñar mejores y máseficientes materiales didácticos, en fin, generar las mejores condiciones para favorecer elaprendizaje, pero, por el otro se sigue pensando que al final de cuentas todo depende delpropio alumno para que los esfuerzos educativos realmente fructifiquen, lo que por lo generalse legitima mediante los resultados de la evaluación.El interés de la sociedad es que el alumno adquiera en la escuela los conocimientos ydesarrolle las capacidades, habilidades y actitudes que sean significativas y relevantes parasu vida presente y futura. Pero se debe convenir que esta posibilidad no depende sólo de él,sino que depende de la confluencia de múltiples factores: la intervención docente, loscontenidos escolares, las estrategias metodológicas, los recursos didácticos, el clima detrabajo, las relaciones interpersonales, el apoyo de los padres, las características sociales yculturales del entorno, y, por supuesto, los procedimientos de evaluación. Todos estoselementos, inherentes a la dinámica de la experiencia escolar, constituyen un todo que actúaconjuntamente, influyéndose mutuamente, lo que le confiere un carácter específico al trabajoescolar como la instancia por excelencia para la formación integral de los individuos.En este orden de ideas, la relevancia de la evaluación está fuera de toda duda, puesto queinfluye en prácticamente todas las actividades que se realizan en el aula. En las concepcionesmás actuales, la evaluación sintetiza lo que la escuela entiende por el saber escolar,establece pautas para definir el objeto, el modo y la finalidad de la enseñanza y delaprendizaje; en sus formas se refleja la importancia real que adquiere de cada uno de loselementos del proceso educativo. Mediante el ejercicio y los resultados de la evaluación, elmaestro no sólo puede conocer la evolución del aprendizaje de cada niño, sus condiciones ynecesidades, su capacidad de respuesta a las exigencias del trabajo escolar, también puedeconocer sobre la pertinencia de los medios que utiliza para favorecer su desarrollo. Por eso,la evaluación no debe limitarse al alumno sino abarcar todos los elementos que intervienenen el proceso escolar: el trabajo del maestro, los contenidos de la enseñanza, los recursoseducativos, la organización académica para la realización de las actividades, el manejocurricular e incluso la evaluación misma; y todos estos elementos apuntan en una soladirección: el desarrollo óptimo de las facultades del educando. La evaluación desde estaperspectiva, debe entenderse como una actividad retroalimentadora que aporte informaciónsuficiente y oportuna para orientar las decisiones del maestro con el fin de hacer lascorrecciones oportunas a las acciones que coordina cotidianamente.Sin embargo, en los hechos se pueden identificar una serie de problemas debido a lascontroversias que surgen por la manera en que se conceptualiza, por las prácticas que lacaracterizan y por su impacto en el trabajo educativo, convirtiéndose en un objeto de estudiopermanente. Haciendo un poco de historia, se puede reconocer que debido a la masificaciónde la educación desde finales del siglo XIX y de manera más notable durante el siglo XX, elexamen (considerado por muchos como la forma de evaluación por antonomasia) irrumpió enlas instancias y prácticas escolares, propiciando que las técnicas de examen individuales ygrupales se desarrollaran en forma masiva y con un alto nivel de especialización, con suconsabido riesgo: si bien el crecimiento de los sistemas educativos fue, y sigue siendo, unarespuesta al derecho que tienen todos los menores a recibir educación (obligatoria y gratuita,en nuestro caso), democratizando el acceso a los servicios educativos, paralelamente sedesarrollaron técnicas de examen más selectivas para establecer las diferencias entre elalumnado, como parte de un afán meritocrático cuyo propósito más destacado es el dedistinguir a los más "capaces". Esta manera de evaluar, y particularmente el papel del
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