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enfrente de la facul-tad de comunicaciónpara protestar por esteatentado y todos losdemás”. Aunque las mani-festaciones, desde mipunto de vista, no son lamejor medicina para curar el tumor etarra.Si suena una alarma es in-dicio de que, por ejemplo,te pueden estar robando.Si enterramos con ce-mento dicha alarma, éstaalarma dejará de sonar,pero no por ello habrándejado de robarte. Lo quequiero decir es que hayque atacar directamente ala raíz del problema: laideología separatista. Larazón de ser de este pen-samiento, infundando por Sabino Arana, está ba-sado en la pureza de laraza vasca, en la religión,en el odio a todo lo quesuene a español, en losfueros viejos y en la len-gua vasca (que él rein-venta, por cierto). Estepersonaje, fundador delPNV, se arrepintió en susúltimos días de todo lodicho y escrito, y ordenódisolver el PNV.Esta ideología se adoc-trina desde la infancia, enel “Ingurunea” (Conoci-miento del Medio), libro decuarto de Primaria de laeditorial Erein, escrito eneuskera, muestra unmapa que abarca la co-munidad autónoma vasca,Navarra y las provinciasfrancesas del sur sobre unfondo blanco y dividido por comarcas y regiones. Elmismo libro dice tambiénque “ETA no es un obstá-culo” y que “explota la vio-lencia policial”.El gobierno no deberíaconceder a las Comunida-des Autónomas el diseñode los estudios de susalumnos. Nada de elabo-rar una historia a la me-dida de los principiosideológicos y políticos decada uno, porque eso noes formar, sino adiestrar.Que los estudiantes desin-formados no sean canterapara las bandas terroris-tas.Yo veo abiertos dos fren-tes, por un lado, la mani-pulación a niños ymayores hacia la ideolo-gía separatista, y por otro,la propia ETA, sobre laque creo que habría queaplicar más mano dura. Ybajo ninguna consecuen-cia plantearse la negocia-ción, porque sería dar piea que consigan sus objeti-vos y, por tanto, justificar con ello la muerte de casimil personas. Y si no queopine la reina…
Puta ETA
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“Hace una hora explotóuna bomba en la facultadde periodismo de la Uni-versidad de Navarra”, dijoVerónica interrumpiendoal profesor. “Acaba de avi-sarme mi novio”, concluyó.Todos nos alteramos. Yome acordé de María Va-rela, una amiga que estu-dia periodismo enNavarra. De repente mepuse muy nervioso y salíde la clase para llamarla.“No ha sido en lo de perio-dismo, sino en el aparca-miento del edificio central”,me decía María por elmóvil y con la respiraciónacelerada. “La suerte hasido que no pasaba nadiepor allí. Los cristales delas ventanas de mi clasehan reventado”, relataba.¿Qué pretenden? Me ima-gino que llamar la aten-ción y dar la nota, peroesa idea resulta contrapro-ducente cuando se tratade universitarios. No esprecisamente el miedo loque van a lograr. Me ima-gino que pretenden quenos achantemos, pero elefecto es el contrario: a lamañana siguiente Maríame informó que se habíaconvocado “una manifes-tación en la explanada de
E D I T O R I A L
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