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Día intenso
El principal problema que se me plan-tea para escribir esto es de espacio.Me resulta difícil constreñir todo loque me pasa por la mente en un espa-cio tan pequeño, además, el hecho deutilizar las palabras como medio decodificación acota la libertad del pen-samiento; lo limita… optaría por sellar mis labios y llorar, que sean mis lágri-mas las que hablen (seguramente se-rían más objetivas), pero no meimagino a nadie descifrando un folioempapado, así que una vez más recu-rriré a la tinta.El sábado asistí a la manifestaciónconvocada en apoyo al pueblo pales-tino que cortó la Gran Vía desde laplaza circular hasta pasado el ayunta-miento. Flipé con varias incoherenciascomo una bandera republicana, ungordo gritando “no se ve a la gentedel PP” y más gilipolleces que pre-fiero no mencionar, pero quitandoesos detalles, la cosa no estuvo deltodo mal. Yo creo que con lo quecuesta movilizar a la gente para quese manifieste, ya que se hace, sesacan todos los temas a la vez. Comodice un amigo mío, es raro que no nosencontrásemos a alguien con la bu-fanda del Real Madrid…También hu-biese preferido que los cánticosfuesen en español, así me habría ente-rado de algo y habría participado más.Por todo lo demás fue una manifesta-ción bastante ordenada, muy multitu-dinaria y lo mejor de todo: supuso quedistintas razas y culturas se juntasenpara luchar por una causa justa. Estees el video que hice:¡Lo conseguimos! Puede pensar al-guno, pues tanto Israel como Hamáshan declarado el alto el fuego,bueno… Hamás sólo durante una se-mana. Ahora toca contar cadáveres,creo que van por 1.300. Entre tanto,Obama de fiesta y llegando a casa.Volvía de la manifestación con Dani,un buen amigo con inquietudes intere-santes, cuando, esperando en un pasode peatones de Floridablanca a que elsemáforo se pusiese en verde para lospeatones, vi a un hombre rodar sobreel capó un SEAT rojo cayendo al suelocomo un trapo. Acababa de ser atro-pellado. El hombre cayó a menos deun metro de nosotros con la cara pe-gada al suelo. El peatón se había sal-tado el semáforo y el conductor, quese lo tomó con una naturalidad indig-nante, no tuvo tiempo de frenar.Rápido se hizo un círculo alrededor del atropellado, un señor de unos cin-cuenta años, con el pelo blanco y quevestía una cazadora de cuero. Todo elmundo se quedó atónito; nadie hacianada, pero Dani rápidamente sacó sumóvil y llamó a una ambulancia. Elhombre atropellado no respondía a loque yo le preguntaba, pero movía rít-micamente los dedos de ambasmanos. A mí se metió la paranoia deque si dejaba de mover los dedos se
editorial
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