Marta gime. María mira con mirada de águila inquieta, sus ojos centellean; se yergue altiva, olvidándose del cansancio yel dolor, que verdaderamente encorvan su cuerpo, y, con una expresión de reina ofendida, dice:-Sí, yo también soy un recuerdo, pero no de dolor como tú dices; soy el recuerdo de la Misericordia de Dios. Y,viéndome a mí, Lázaro muere en paz, porque sabe que encomienda su espíritu en las manos de la infinita Misericordia.-¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! ¡No eran éstas las palabras de otros tiempos! ¡Tu virtud! A quien no te conoce podrías mostrársela...-Pero a ti no, ¿no es así? Pues precisamente a ti te la pongo delante de los ojos
,
para decirte que uno se hace comoaquellos con quienes va. Yo, en aquellos tiempos
,
por desgracia, estaba contigo, y era como tú; ahora estoy con el Santo, y mehago honesta.-Una cosa destruida no se reconstruye, María.-Efectivamente, tú, todos, vosotros, no podéis reconstruir el pasado; no podéis reconstruir lo que habéis destruido: nopuedes tú que me causas horror; ni vosotros, que ofendisteis en el tiempo del dolor a mi hermano y que ahora, por torcidafinalidad, queréis aparecer como amigos suyos.-¡Oh, eres audaz, mujer! El Rabí habrá expulsado de ti muchos demonios, pero mansa no te ha hecho - dice uno deaproximadamente cuarenta años.-No, Jonatán ben Anás, no me ha hecho débil; al contrario, me ha hecho más fuerte, con esa audacia que es propia de lapersona honesta, de la persona que ha querido volver a ser honesta y ha roto todo vínculo con el pasado para hacerse una vidanueva. "¡Vamos! ¿Quién viene donde Lázaro?!Se muestra imperiosa como una reina. Los domina a todos con su franqueza, despiadada incluso contra sí misma.Marta, por el contrario, está angustiada, con lágrimas en esos ojos suyos
que miran fijamente a María suplicándole que calle.-¡Voy yo! - dice, acompañando sus palabras de un suspiro de víctima, Elquías, falso como una serpiente. Salen juntos.Los otros se vuelven hacia Marta:-¡Tu hermana!... Siempre ese carácter. No debería. Tiene que ganarse mucho perdón - dice Uriel, el rabí visto en Yiscala,el que allí lanzó piedras a Jesús y lo hirió. Marta, azuzada por estas palabras, encuentra de nuevo su fuerza y dice:-La ha perdonado Dios. Cualquier otro perdón no tiene valor después de ése. Y su vida actual es ejemplar para elmundo.Pero la audacia de Marta pronto decae y se muda en llanto. Gime, entre lágrimas:-¡Sois crueles! Con ella... conmigo... No tenéis compasión ni del dolor pasado ni del dolor actual. ¿A qué habéis venido?¿A ofender y dar dolor?-No, mujer, no. Sólo para saludar a este judío grande que agoniza. ¡Para ninguna otra cosa! ¡Para ninguna otra cosa! Nodebes tomar a mal nuestras rectas intenciones. Hemos sabido por José y Nicodemo que había habido un agravamiento, y hemosvenido... de la misma forma que ellos, los dos grandes amigos
del Rabí y de Lázaro. Por qué esa actitud de tratarnos de maneradistinta a nosotros que amamos al Rabí y a Lázaro como ellos? No sois justas. ¿Puedes, acaso, decir que ellos -con Juan, Eleazar,Felipe, Josué y Joaquín- no hayan venido a informarse de cómo estaba Lázaro?, ¿y que Manahén no ha venido?...-Yo no digo nada. Lo que me asombra es que sepáis todo también. No sabía que hasta por dentro las casas fueranvigiladas por vosotros. No sabía que existiera un nuevo precepto, además de los seiscientos trece que ya existen: el de indagar,espiar dentro de las familias... ¡Perdón! ¡Os estoy ofendiendo! El dolor me hace perder los cabales, y vosotros lo agudizáis.-¡Te comprendemos, mujer! Hemos venido a daros un consejo bueno porque pensamos que estáis fuera de vuestroscabales. Avisad al Maestro. Ayer incluso, siete leprosos vinieron a dar gloria al Señor porque el Rabí los había curado. Llamadlotambién para Lázaro.-¡Mi hermano no está leproso! - grita Marta muy agitada - ¿Éste es el motivo por el que queríais verlo? ¿Para estohabéis venido? ¡No! ¡No está leproso! Mirad mis manos. Lo curo desde hace años y yo no tengo lepra. Tengo la piel enrojecidapor los ungüentos aromáticos, pero no tengo lepra. No tengo...-¡Calma! Calma, mujer. ¿Quién ha dicho que Lázaro esté leproso? ¿Quién sospecha en vosotras un pecado
tan horrendo
como el de ocultar a un leproso? ¿Tú crees que, a pesar de vuestro poder, no habríamos descargado nuestra mano sobrevosotras si hubierais pecado? Nosotros somos capaces de pasar por encima incluso del cuerpo de nuestro padre y de nuestramadre, de nuestra esposa y de nuestros hijos, con tal de hacer obedecer los preceptos. Esto te lo digo yo, yo, Jonatán de Uziel.-¡Cierto! ¡Es así! Y ahora te decimos, por el amor que te profesamos, por el amor que profesábamos a tu madre, por elque profesamos a Lázaro: llamad al Maestro. ¿Meneas la cabeza? ¿Quieres decir que ya es tarde? ¿Cómo es eso? ¿No tienes feen Él, tú, Marta, discípula fiel? ¡Eso es grave! ¿Tú también empiezas a dudar? - dice Arquelao.-Blasfemas, escriba. Creo en el Maestro como en el Dios verdadero.-¿Y entonces por qué no quieres intentarlo? Él ha resucitado a muertos... A1 menos, eso se dice... ¿Es que no sabesdónde está? Si quieres, te lo buscamos nosotros, te ayudamos nosotros - insinúa Félix.-¡No, hombre, no! En casa de Lázaro ciertamente se
sabe
dónde está el Rabí. Dilo con franqueza, mujer, y nospondremos en marcha para buscártelo y te lo traeremos aquí, y estaremos presentes en el milagro para exultar contigo, contodos vosotros - dice, tentador, SadocMarta vacila, casi tentada a ceder. Los otros instan, mientras ella dice:-No sé dónde está... No tengo la menor idea... Se marchó hace unos días y nos saludó como quien se marcha para largo
tiempo… Para mí sería consolador saber dónde está... Al menos, saberlo... Pero no lo sé, de verdad.
..-¡Pobre mujer! Nosotros te ayudaremos... Te lo traeremos aquí-dice Cornelio.-¡No! No hace falta. El Maestro... ¿Os referís a Él, no es verdad? El Maestro dijo que debíamos esperar más de loesperable, y esperar únicamente en Dios. Y nosotras así lo haremos - dice María con voz de trueno mientras regresa con Elquías,quien inmediatamente la deja y habla, encorvado, con tres fariseos.-¡Pero se está muriendo, por lo que oigo! - dice uno de ellos, que es Doras.
Leave a Comment