—
Muchos de los aspectos de lo que dice usted recuerdan, por ejemplo, los intentos del movimiento feminista, que quería crear su propio lenguaje y su propia cultura.
—Sí, pero no estoy seguro de que debiéramos crear nuestra propia cultura. Debemos
crear
unacultura. Debemos realizar creaciones culturales. Pero ahí topamos con el problema de la identidad.Ignoro lo que habríamos de hacer para producir esas creaciones y desconozco qué formas tomaríandichas creaciones. Por ejemplo, no estoy del todo seguro de que la mejor forma de creación literariaque quepa esperar de los homosexuales sean las novelas homosexuales. —
De hecho, incluso no aceptaríamos que se dijera eso. Sería fundamentarse en unesencialismo que precisamente debemos evitar.
—Es cierto. ¿Qué se entiende, por ejemplo, por «pintura gay»? Y, sin embargo, estoy seguro deque a partir de nuestras elecciones sexuales, a partir de nuestras elecciones éticas, podemos crear algo que tenga una cierta relación con la homosexualidad. Pero ese algo no debe ser una traducciónde la homosexualidad en los dominios de la música, de la pintura —¡y qué sé yo qué más!— puestoque no pienso que esto sea posible. —
¿Qué opinión le merece la extraordinaria proliferación, en estos diez o quince últimos años,de las prácticas homosexuales masculinas, la sensualización, si lo prefiere, de ciertas partes hastaahora desatendidas del cuerpo y la expresión de nuevos deseos? Pienso, sin duda, en lascaracterísticas más impactantes de lo que denominamos los filmes gueto-pornos, los clubes de S/M o de
fistfucking.
¿Es una simple extensión, en otra esfera, de la proliferación general de discursos sexuales a partir del siglo XIX o más bien se trata de desarrollos de otro tipo, propios del contextohistórico actual?
—En realidad, de lo que queremos hablar aquí es precisamente de las
innovaciones
que implican esas prácticas. Consideremos, por ejemplo, la «subcultura S/M», por retomar una expresión querida de nuestro amigo Gayle Rubin
. No pienso que ese movimiento de prácticas sexuales haya tenido nada que ver con la puesta al día o el descubrimiento de tendenciassadomasoquistas profundamente soterradas en nuestro inconsciente. Pienso que el S/M es muchomás que eso, es la creación real de nuevas posibilidades de placer, que no se habían imaginado conanterioridad. La idea de que el S/M está ligado a una violencia profunda y que su práctica es unmedio
de liberar esta violencia, de dar libre curso a la agresión, es una idea estúpida. Bien sabemosque lo que esa gente hace no es agresivo y que inventan nuevas posibilidades de placer utilizandociertas partes inusuales de su cuerpo —erotizando ese cuerpo—. Pienso que ahí encontramos unaespecie de creación, de empresa creadora, una de cuyas principales características es lo que llamo ladese-xualización del placer. La idea de que el placer físico siempre proviene del placer sexual y queel placer sexual es la base de todos los placeres posibles considero que es verdaderamente falsa. Loque las prácticas S/M nos muestran es que podemos producir placer a partir de objetos muyextraños, utilizando ciertas partes inusitadas de nuestro cuerpo en situaciones muy inhabituales, etc. —
La asimilación del placer al sexo ha sido, por tanto, superada.
—Exactamente es así. La posibilidad de utilizar nuestro cuerpo como la fuente posible de unamultiplicidad de placeres es algo muy importante. Si se considera, por ejemplo, la construcción tra-dicional del placer, se constata que los placeres físicos o placeres de la carne son siempre la bebida,la alimentación y el sexo. Y a ello se limita, me parece, nuestra comprensión del cuerpo, de los placeres. Lo que frustra, por ejemplo, es que siempre se considere el problema de las drogasexclusivamente en términos de libertad y de prohibición. Pienso que las drogas deben llegar a ser un elemento de nuestra cultura. —
¿En tanto que fuente de placer?
—En tanto que fuente de placer. Debemos estudiar las drogas. Debemos ensayar las drogas.Debemos fabricar
buenas
drogas —susceptibles de producir un placer muy intenso—. Pienso que el puritanismo que se presenta en el asunto de la droga —un puritanismo que implica que se está, biena favor, bien en contra— es una actitud errónea. Las drogas forman parte de nuestra cultura. Lomismo que hay buena y mala música, hay buenas y malas drogas. Y, por tanto, del mismo modo queno podemos decir que estamos «contra» la música, no podemos decir que estamos «contra» lasdrogas.
1
Rubin (G), «The Leather Menace: Comments on Politics and S/M», en Samois (comp.),
Corning to Power. Writings and Graphics on Lesbian S/M,
Berkeley, 1981, pág. 195.
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BUEN ARTICULO