y a su sombra. La abraza. Le recuerda lo que dijo un trabajador: “sucabello espléndido es negro como tinta, completos sus dientes,blanquísimos”. Estoy bien, mujer, no desesperes. Deja que aGeorgette se la lleve el sueño. La conduce a la cama y regresa a susilla, a su lavador y a sus pensamientos. Un hombre pasa con un panal hombro. Hay poca luz para la habitación y para el futuro. Un panal hombro. El ser con un pan al hombro, la muerte con un pan alhombro, un pan muy grande, un ser muy pequeño. Se pregunta porsus compatriotas peruanos, y le viene un maravillosoentumecimiento que, lamentablemente, siempre desemboca en lapesadilla de una celda peruana. Debe haber poca luz porque el aguaparece turbia, de un color casi café.¡Sangre!Se examina. No hay heridas visibles. Los tobillos le fastidian, pero noes grave. No desespera. Por un instante quiere despertar aGeorgette, pero la deja. Es la mejor mujer del mundo. Me dejaentregarme al mundo. Me deja enfermarme de tanta vida. No mellama por mi nombre sino por mi apellido. Jamás podría compararlacon Henriette.La anciana del cuarto de al lado los toma por fantasmas, sobre tododesde aquella vez que a César, una tarde en las afueras de laLegación peruana en París, le vio un aura azulina y generosa.Piensa en silencio, aunque en César eso no sea posible. Él piensahasta elevar su monólogo al segundo piso y hasta hacer un hoyo bajoel hotel. Los vecinos de arriba también se quejan de fantasmas.Piensa si estaría bien aceptar la invitación de ese Jean Cocteau. Esefrancés que le ha ofrecido protección económica y social a cambio depertenecer a su club, además de dirigir la revista inédita
Eclirt
.Piensa también si es correcto seguir haciendo traducciones para esearribista de Juan Larrea, ese tipo que se sueña Mesías. Pero ningunade esas burguesadas tendrá futuro en el nuevo orden, concluye.Voltea y observa el sueño de Georgette, sabiendo que ella no duermede verdad, ni podrá hacerlo hasta que él esté recuperado. La observaadvirtiendo que está volteada, mirando en la pared la sombra delhombre que ama, esperando que decline por el sueño para acogerloen el lecho.Mira el agua, la echa por el lavabo. La cambia. Ahora está limpia, fríay transparente. Se ha revisado los pies hasta los tobillos, incluso laspantorrillas, y no ha encontrado nada, ninguna herida viva. Debe ser
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