muy borracho nos orine sin temor. Pero si nos orinan por jodernos, sin respeto, se fregaron. Tenemos permiso para salir y darles una paliza o el susto de sus vidas hasta que boten espumapor la boca.Don César decía que no te volvería a ver, que esas eran miszonceras de muerto enamorado. Yo lo contradecía. Nadie metomaba en serio. Ni siquiera Justa, la otra vecina, la que aúncree que está en el mercado y confunde las piedras con papas y su ataúd con su puesto de venta. Pobre chola, no la queremosdespertar a la verdad; pero qué linda gente es. No te pongascelosa, Vieja, que es solo una amiga. Ella nos cura con sus yerbas cuando nos ponemos malos, cuando alguien nos roba lascruces o defeca en los nichos.Por cierto, la gente de los nichos de cemento es la más pituca, y,claro, la menos comunicativa. Ellos creen que tienen máscomodidad. Pero en realidad, a veces solo sus ecos les hacencaso. Aquí abajo, la situación es más pueblerina, más cálida.Obvio que a veces hay sus discusiones políticas y sus bajezashumanas, no las nuestras, sino las de los de arriba. Por ejemplo,a Daniel, el joven que llegó recién, lo secuestraron unosestudiantes de medicina, o los que decían serlo, porque deestudiantes no tenían ni la pinta. Llegaron de noche. Entraroncon ayuda del vigilante, y en un ratito se lo llevaron, dejando un vacío en el vecindario. Pobre. Dónde irán a parar sus huesos, enqué universidad se expondrán. O el caso de las hermanasRamírez, cuyas cabezas fueron robadas para que sirvan demochitas en una hacienda.Bueno, olvidemos eso.Debo decirte muchas cosas. Y es que, como intuirás, pronto tehablarán de diez o de quince mil damnificados, de gentedesaparecida en el desborde, de que Chimbote y otros pueblosestán incomunicados. Nosotros ya lo sabíamos.Días antes nos los contó la señora Magdalena, la que conversacon los “idos” de verdad, esas luces que a veces nos visitan. Ellanos dijo que tendríamos un día libre, una salida de feria, quehabría un desembalse de todas las aguas acumulada en el
Leave a Comment