soy testigo de que no hay más que un Al-lâh, que Moisés hablaba con Al-lâh,que Isaías es el espíritu y la palabra de Al-lâh y que Muhammad será el últimoenviado de Al-lâh. Reconozco que la resurrección es tan cierta como la muertey que el infierno y el cielo existen realmente».Este hombre después de su resurrección vivió sesenta y seis años, pasó losdías ayunando y las noches rezando, y hasta su muerte no se desvió ni por uninstante del servicio del Señor.Cuantos más milagros hacía Jesús ante los ojos del pueblo, más crecía laincredulidad de los judíos, pues todo aquello que no podían comprender, lomiraban como efectos de la magia, en lugar de ver en ello el signo de la misiónde Al-lâh. Incluso los mismos doce apóstoles, a los que él había elegido a finde expandir su doctrina, no eran de fe inquebrantable, y un día le pidieronhiciera descender del cielo una mesa de alimentos. «Tendréis una mesa»,respondió una voz que venía del cielo, «pero aquel que después se mantengaen su incredulidad, recibirá un duro castigo».Entonces descendieron dos nubes llevando una mesa de oro sobre la quehabía una bandeja de plata cubierta. Muchos de los israelitas que estabanpresentes dijeron entre ellos: «Ved como el mago ha inventado un nuevoprestigio». De inmediato se convirtieron en cerdos. Cuando Jesús lo vio, oródiciendo: «Señor, haz que esta mesa sirva para curarnos y no paracondenarnos». Y dijo luego a los apóstoles: «Que el más eminente de entrevosotros se levante y descubra el plato». Pero Simón, el más anciano de ellos,dijo: «Señor, tú eres el más digno de ver primero los platos del cielo». EntoncesJesús se lavó las manos, levantó la tapa y dijo: «En el nombre de Al-lâh»; yapareció un pescado sin aletas ni escamas, que desprendía un olor suavecomo los frutos del paraíso. Alrededor del pescado habían cinco panecillos ypor encima de él, sal, pimienta y otras especias. Simón preguntó: «Espíritu deAl-lâh, ¿estos manjares son de este mundo o del otro?». Jesús contestó:«¿Acaso tanto un mundo como el otro, así como todo lo que encierran, no sonobra de Al-lâh? Gozad con el corazón agradecido de las cosas que el Señor osda y no preguntéis de donde vienen; y que no os parezca suficientementemaravillosa la aparición de este pescado, pues aún veréis una maravillamayor». Se dirigió al pez y le dijo: «Vive por la voluntad del Señor», y elpescado empezó a moverse, con lo que los apóstoles, sobrecogidos deespanto, echaron a correr; pero Jesús les volvió a llamar diciendo: «¿Porquéhuís ante aquello que deseáis?». Y dijo al pescado: «Que seas como anteseras». Y al punto el pescado quedó asado y en el estado que presentaba aldescender del cielo. Los apóstoles rogaron a Jesús que comiera el primero,pero les dijo: «Yo no lo he deseado; que ahora coma de él aquel que lo hayadeseado». Como se negaran los apóstoles a comer de él, ya que creían que supetición no estaba exenta de pecado, Jesús llamó a los a muchos ancianos,mudos, enfermos, ciegos y cojos, y les invitó a comer del pescado. Miltrescientos vinieron a comer de este pescado, pero así como un pedazo eracortado, al instante era repuesto, de suerte que el pescado permanecía enterocomo si nadie lo hubiese tocado. Además, los invitados no tan sólo quedaron
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