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El Ataque a Santa Fe

El Ataque a Santa Fe

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Categories:Types, Research
Published by: Eduardo B. M. Allegri on Jul 18, 2012
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08/07/2013

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El ataque a Santa Fe
Por Miguel Domingo Aragón
(*)
1840 fue el año decisivo para la intervención francesa en el Río de la Plata. El ejército deLavalle, armado, equipado, abastecido por el gobierno de Luis Felipe, estuvo a punto de producir su ataque a Buenos Aires. Diez años antes Lavalle había debido entregar esta ciudada quien ahora la gobernaba: Juan Manuel de Rosas.El ataque no se produjo. Pocos hechos históricos pueden interpretarse como éste por lo queocurría en el alma de un hombre. Ese hombre estaba de vuelta a la ciudad que lo habíaarrojado de su seno. Creyó haber aprendido mucho en esos años. Por lo menos lo necesario para no ser instrumento otra vez de los consejeros solapados que lo empujaron a la aventura.Cuando los franceses desencadenaron el conflicto, él resolvió no mezclarse en eso, no correr el riesgo de que su Patria lo acusara de traidor. Pero Lavalle era de esos militares que aman loque no entienden y no pueden rehusarse al papel de libertador de su pueblo que le ofrecieronlos emigrados de Montevideo. El mismo dinero francés que habría hecho de él un traidor erael que ahora lo convertía en héroe.Héroe con la conciencia desvencijada. Cuando el asalto a Buenos Aires era inminente, se fuecon algunos de sus hombres hasta Navarro, a pisar de nuevo el sitio donde había hechofusilar a Dorrego. Allí le oyeron su amargo soliloquio sobre
“los hombres de casaca negra”
que lo habían usado. Después, en vez de atacar Buenos Aires, alzó el campamento yemprendió la lenta retirada por campos hostiles donde sus soldados cometían inútilesfechorías y los pobladores huían a su paso. La marcha del ejército libertador se habíaextraviado dentro del alma de su jefe.La primavera los alcanzó mientras iban echando maldiciones por ese territorio santafecino demalas aguas y pocos pastos entre los cuales se agazapaba el mío-mío mortal, escaso decaballos que montar y vacunos que comer, con bosques llenos de acechanzas y pobladorescombativos.Se había aflojado la voluntad que pudo, mientras fueron hacia Buenos Aires, mantener ciertadisciplina y ahora los elementos que componían esa tropa seguían sus impulsos anárquicos.Iban con ella entre trescientas y cuatrocientas mujeres, en su inmensa mayoría ligadas alrespectivo milico por el soluble vínculo del concubinato, algunas casadas. Eso sí: montabanlos mejores caballos. Y no se apeaban de ellos ni en los momentos de mayor escasez, cuando jefes y oficiales debían marchar a pie. Desde sus andrajos, ostentaban impúdicamente esasuperioridad del montado que les aseguraban sus galanes.Lavalle mandó al coronel Iriarte a tomar la ciudad de Santa Fe. ¿Por qué tomar Santa Fedespués de haber desistido de la toma de Buenos Aires? Porque sí. Porque el alma de Lavalleestaba aturdida por el arrepentimiento y el resentimiento y quería pelear y no sabía ya por quéni para qué. La lucha le resultó favorable a Iriarte, pero la victoria se presentó con la cara fea1

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