Y vi, casi al principio de la cuesta,una onza ligera y muy veloz, 32que de una piel con pintas se cubría; 33y de delante no se me apartaba,mas de tal modo me cortaba el paso,que muchas veces quise dar la vuelta. 36Entonces comenzaba un nuevo día,y el sol se alzaba al par que las estrellasque junto a él el gran amor divino 39sus bellezas movió por vez primera; 40así es que no auguraba nada malode aquella fiera de la piel manchada 42la hora del día y la dulce estación;mas no tal que terror no produjesela imagen de un león que luego vi. 45Me pareció que contra mí venía,con la cabeza erguida y hambre fiera,y hasta temerle parecia el aire. 48Y una loba que todo el apetito 49parecía cargar en su flaqueza,que ha hecho vivir a muchos en desgracia. 51Tantos pesares ésta me produjo,con el pavor que verla me causabaque perdí la esperanza de la cumbre. 54Y como aquel que alegre se hace ricoy llega luego un tiempo en que se arruina,y en todo pensamiento sufre y llora: 57tal la bestia me hacía sin dar tregua,pues, viniendo hacia mí muy lentamente,me empujaba hacia allí donde el sol calla. 60Mientras que yo bajaba por la cuesta,se me mostró delante de los ojosalguien que, en su silencio, creí mudo. 63Cuando vi a aquel en ese gran desierto«Apiádate de mi -yo le grité-,seas quien seas, sombra a hombre vivo.» 66Me dijo: «Hombre no soy, mas hombre fui,
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