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Josep Fontana Europa Ante El Espejo

Josep Fontana Europa Ante El Espejo

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JOSEP FONTANA
Europa ante el espejo
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CRÍTICA
B arcelona
 
Nota del editor
La presente obra ha sido editada mediante la ayuda de la Dirección General del Libroy Bibliotecas dei Ministerio de Cultura
Primera edición en BIRLIOTECA
DE BIZILSJIr r
O:
octubre de 2000Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita de
:
los titulares del
copyright,
bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción total o parcial
de
esta obra
por cualquier medio o procedimientO, comprendidos la reprografla y el tratamientoinformático, y la distribución de ejemplares
de
ella mediante alquiler o préstamo públicos.Diseño de la colección: loan Batallé
e; 1994 y 2000: Josep Fontana
ei
1994 y 2000: EDITORIAL Cidnen, S.L., Provenca, 260, 08008 Barcelona
.
O C.
H.
Beck, Wilhelmstrasse 9, Munich
 
e: Bas.fl BiackwelI, 108 Cowley Road, Oxford
O Laterza, via di Villa Saechetti, I7, Roma, y via Sparano, 162, BariO Édilions du Seuil, 27 roe lacob, París
ISBN: 84-8432-114-2
 
Depósito legal: B. 40.223-2000
Impreso ea España. • • • •
2
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OMANYANALLS,..S.A., Captilades (Barcelona)
n
ropa ante el espejo
se publicó originalmente en 1994, en la colee-
i
ión «La construcción de Europa» surgida a finales de los años
ochenta como una iniciativa de cinco editoriales de lenguas y nacionali-
dades diferentes pero con inquietudes culturales compartidas. En esa co-lección, dirigida por el historiador francés Jacques Le Goff, han publica-do ya sus libros una docena de autores de tan reconocido prestigio como
Urnberto Eco, Péter Brown o Aaron Gurevich, que han tratado de res-
ponder, desde sus respectivos enfoques y ámbitos de investigación, a las
cuestiones que el propio Le Goff planteaba al presentar la nuevacolec-
ción: « ¿Quiénes son los europeos? ¿De dónde vienen? ¿A dónde van?».
No exagero si digo que el libro de Josep Fontana -calificado de
«magistral»y de «lección de lucidez cívica» por
Le Monde—
ha respon-dido más y mejor que ninguno de los otros títulos a la pregunta fundacio-
nal de Jacques Le Goff. En efecto, el profesor Fontana nos explica en
Europa ante el espejo
de qué modo se ha ido produciendo el «descubri-miento» de los europeos por sí mismos: el: largo proceso histórico que
convirtió lo que inicialmente era un-a simple división geográfica en una
conciencia de colectividad, cuyas semillas se encuentran en la Grecia
clásica y que parece estar culminando a principios del tercer milenio de
la era común.Pero ¿cómo se ha ido construyendo esa conciencia de ser un colecti-vo? Si bien todos las seres humanos se definen a sí mismos mirándoSe en
el espejo de «los otros», para diferenciarse de ellos, el caso de los euro-
peos es, para Fontana, uno de los más complejos; cuando trataron de co-dificar una identidad común, tejieron
un
relato basado en las imágenes deuna serie de espejos deformántes, que les permitían definirse siempre ven-
tajosamente frente a las imágenes falaces del «otro»:,Primero fue el bár-baro, denostado por griegos y romanos; más tarde, los rostros diabólicos
 
CAPÍTULO UNO
El espejo bárbaro
8 Europa ante el espejo
del infiel y dei hereje, al tiempo que el mito de la caballería ocultaba el
protagonismo de los hombres y mujeres comunes; el graf sobresalto
social de fines de la Edad Media dibujó el rostro amenazador del rústico
inculto, que sobrevivió posteriormente en el de las temidas musas; y el
«descubrimiento» de los pueblOs de otros continentes obligó a una nueva
definición a partir de los espejos del salvaje, el oriental y el primitivo.
Esta sucesión de imágenes alteradas configura una visión lineal de la his-
toria, que hoy, desvanecida la ilusión de un progreso indefinido, se nos
aparece como inútil.
Para llegar a conocer la historia real de Europa, una comunidad pro-
fundamente plural y mestiza, es necesario salir de esa galería de espejos
deformantes en que está atrapada nuestra cultura y, con ello, liberar tam-
bién alas
.
demás comunidades de la imagen seductiva que el europeo se
ha formado de ellas: contemplar con ojos nuevos al «otro», sin máscarasque lo disfracen. Urge desmantelar de una vez por todas esa visión linealdel curso de la historia, que inierpreta mecánicamente cada nueva etapa
como una prOgreso, para reemplazarla por otra que —como quiere Fonta-
na-- «sea capaz de analizar la compleja articulación de trayectorias di-
versas, que se enlazan, separan y entrecruzan, de bifurcaciones en que sepudo elegir entre diversos caminos posibles y no siempre se eligió el que
era mejor en términos del bienestar de la mayor parte de hombres y mu-
jeres, sino el que convenía a aquellos grupos que disponían de la capaci-dad de persuasión y la fuerza represiva necesarias para imponerla».
A esa nueva visión de la historia nos conduce
Europa ante el espejo,
que, aparte de sus ,fortunas en la edición española, conoce ya traduccio-nes al francés, inglés, italiano, alemány japonés. Su inclusión en nuestra
«Biblioteca de bolsillo» se hace con la esperanza de que este libro, pro-
fundamente desmitificador, resulte todavía más accesible a los lectores de
Esparza y América.
Barcelona, septiembre de 2000
, C
UÁNDO NACE EUROPA?
He ahí una pregunta equívoca, puesto
que puede referirse, indistintamente, al primer asentamien-
to humano que pobló el espacio geográfico que hoy llamamos así,
a la aparición de unas formas culturales propias o al surgimiento de
una conciencia de colectividad que acabó dando su nombre actual al
espacio, a quienes viven en él y a su cultura.
El territorio —un rincón de la gran masa continental dominada
en extensión por Asia— no puede servir de elemento caracterizador,
porque nunca ha tenido unos límites fisicos claros. Los griegos, al igual
que los egipcios o los mesopotáraicos, creían que la Tierra era unagran isla rodeada por todas partes por «el do del Océano» que «la-
dra alrededor del orbe». Esta es la imagen que Heleno representó en
el escudo de Aquiles y que reproducían los primeros mapas circulares
de la Tierra.
A medida que los relatos de,los viajeros añadían nuevas concre-
ciones, esta imagen del mundo fue agrandándose y sus limites se ale-
jaron y se poblaron de monstruos y de portentos. El bloque de las
tierras se dividió entonces en tres partes: Europa, Asia y África. El
mar separaba Europa y África, pero la frontera con Asia —que se
solía hacer pasar por el Bósforo y por el curso del Don— respondía
más a criterios culturales que geográficos.
Tampoco hay nada especial ni característico en los primeros po-
bladores europeos. Se supone que el hombre llegó a estas tiernas, pro-
cedente de África (tal vez también de Asia, según sugeriría el hallaz-
go en Georgia de un homínido que vivió hace más de un millón y medio
de años), en éxodos distintos, el último de los cuales, el único que
ha dejado descendencia, fue el de
Horno sapiens sapiens,
que
se pro-dujo hace treinta o cuarenta mil. años. Lo cual quiere decir que aun-

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