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Los Quilmes

Los Quilmes

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Published by JavierLajo
Si se puede resumir un una palabra la historia reciente de América colonizada, se dirá: “despojo”, y nadie mejor que Ciro Alegría para relatar el despojo de la Comunidad de Rumi, novela emblemática que inspiró desde la literatura las reformas agrarias que sucedieron en las segunda mitad del siglo XX, en el Perú y en otros países de Sud América. Las reformas agrarias se hicieron porque los indios caían por millares, defendiendo sus tierras, sus territorios comunales en las punas, porque ya no quedaba más territorio donde replegarse…y ¡Resistir!. Mi padre me regalo la novela cuando tendría yo unos 8 años y marco mi destino de por vida. Yo había escuchado de niño a mis parientes, los comuneros de Pocsi, en las tardes de sobremesa, los relatos de la defensa armada de los territorios de la Comunidad frente a los “gamonales” de la hacienda Muto y la Trampa, escuche a los Taitas, Isaac, Julián, Baltazar, que se batieron a balazos contra los hacendados y la guardia civil, me pareció algo “de la vida real”, otra cosa es la literatura, hechos “de novela”, la de Ciro Alegría ganó en 1941el Concurso Latinoamericano de Novela, convocado desde Estados Unidos por la prestigiosa Editorial Farrar & Rinehart y auspiciado por la Unión Panamericana de Washington, premio para una novela en donde se develaba a nivel mundial que los comuneros indios de América seguían resistiendo y muriendo como moscas. Un efecto similar a nivel internacional fue el que produjo en 1934, la novela “Huasipungo” del ecuatoriano Jorge Icaza. Ante este efecto de las novelas “indigenistas”, los gobiernos andinos se sintieron presionados para frenar las masacres y los despojos; según mi padre justo cuando la comunidad de Pocsi estaba por caer ante el poder armado de “la Paroneli”, como la recuerdan a la hacendada que “pretendía” las tierras de Pocsi.
Si se puede resumir un una palabra la historia reciente de América colonizada, se dirá: “despojo”, y nadie mejor que Ciro Alegría para relatar el despojo de la Comunidad de Rumi, novela emblemática que inspiró desde la literatura las reformas agrarias que sucedieron en las segunda mitad del siglo XX, en el Perú y en otros países de Sud América. Las reformas agrarias se hicieron porque los indios caían por millares, defendiendo sus tierras, sus territorios comunales en las punas, porque ya no quedaba más territorio donde replegarse…y ¡Resistir!. Mi padre me regalo la novela cuando tendría yo unos 8 años y marco mi destino de por vida. Yo había escuchado de niño a mis parientes, los comuneros de Pocsi, en las tardes de sobremesa, los relatos de la defensa armada de los territorios de la Comunidad frente a los “gamonales” de la hacienda Muto y la Trampa, escuche a los Taitas, Isaac, Julián, Baltazar, que se batieron a balazos contra los hacendados y la guardia civil, me pareció algo “de la vida real”, otra cosa es la literatura, hechos “de novela”, la de Ciro Alegría ganó en 1941el Concurso Latinoamericano de Novela, convocado desde Estados Unidos por la prestigiosa Editorial Farrar & Rinehart y auspiciado por la Unión Panamericana de Washington, premio para una novela en donde se develaba a nivel mundial que los comuneros indios de América seguían resistiendo y muriendo como moscas. Un efecto similar a nivel internacional fue el que produjo en 1934, la novela “Huasipungo” del ecuatoriano Jorge Icaza. Ante este efecto de las novelas “indigenistas”, los gobiernos andinos se sintieron presionados para frenar las masacres y los despojos; según mi padre justo cuando la comunidad de Pocsi estaba por caer ante el poder armado de “la Paroneli”, como la recuerdan a la hacendada que “pretendía” las tierras de Pocsi.

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LOS QUILMES: ¿PRINCIPIO Y FIN DEL QHAPAQ ÑAN?
Por: Javier Lajo
 En las últimas horas de la tarde comienzan a llegar heridos. Algunosmueren calladamente. Otros dicen a sus familiares que se vayan, quelos dejen solos, y cuentan que los indios caen abatidos como loscóndores, sobre los picachos. Vetas, manchas, coágulos signan lascalles del caserío. Pero ¿adónde van a irse las familias? Todas lasrutas se hallan ensangrentadas. De pronto llega el mismo Benito Castro con la cara, las ropas y lasmanos rojas. Se ha manchado atendiendo a sus compañeros, y con elborbollón que emana de su propia herida. Cae frente a su casa,llamando a su mujer con una voz ahogada. La masacre de Llaucánha surgido, neta en sus recuerdos. Marguicha acude con su hijo enlos brazos.-Váyanse, váyanse
 – 
alcanza a decir el hombre, rendido, ronco, frenético, demandando la vida de su mujer y su hijo.
 
-¡Adónde iremos? ¿Adónde?...
 
“El mundo es ancho y ajeno”
-Ciro Alegría-Si se puede resumir un una palabra la historia reciente de América colonizada, se dirá:
“despojo”, y nadie mejor que Ciro A
legría para relatar el despojo de la Comunidad deRumi, novela emblemática que inspiró desde la literatura las reformas agrarias quesucedieron en las segunda mitad del siglo XX, en el Perú y en otros países de Sud América.Las reformas agrarias se hicieron porque los indios caían por millares, defendiendo sustierras, sus territorios comunales en las punas, porque ya no quedaba más territorio donde
replegarse…y ¡Resistir!. Mi padre me regalo la novela cuando tendría yo unos 8 años y
marco mi destino de por vida. Yo había escuchado de niño a mis parientes, los comunerosde Pocsi, en las tardes de sobremesa, los relatos de la defensa armada de los territorios de la
Comunidad frente a los “gamonales” de la hacienda Muto y la Trampa, escuche a los
Taitas, Isaac, Julián, Baltazar, que se batieron a balazos contra los hacendados y la guardia
civil, me pareció algo “de la vida real”, otra cosa es la literatura, hechos “de novela”, la de
Ciro Alegría ganó en 1941el Concurso Latinoamericano de Novela, convocado desdeEstados Unidos por la prestigiosa Editorial Farrar & Rinehart y auspiciado por la UniónPanamericana de Washington, premio para una novela en donde se develaba a nivelmundial que los comuneros indios de América seguían resistiendo y muriendo comomoscas. Un efecto similar a nivel internacional fue el que produjo en 1934, la novela
“Huasipungo” del ecuatoriano Jorge Icaza. Ante este efecto de las novelas “indigenistas”,
los gobiernos andinos se sintieron presionados para frenar las masacres y los despojos;según mi padre justo cuando la comunidad de Pocsi estaba por caer ante el poder armado de
“la Paroneli”, como la recuerdan a la hacendada que “pretendía” las tierras de Pocsi.
Cuando leí la tragedia de Rumi, andaba muy acostumbrado ante el racismo anti-indígena hecho ya carne en el niño de 8 a 10 años que era yo en ese entonces,
 
acostumbrado al ambiente tan contaminado de discriminación, en una ciudad comoArequipa, a donde migro Manuel Trinidad, mi padre y donde fungió tanto tiempo de taxistay luego de
“empresario transportista”, siendo siempre solo “un comunero” migrante. La
novela me impacto mucho, la vida y pasión del Taita Rosendo Maqui, las aventuras delFiero Vásquez, el aplomo de Benito Castro, la inmundicia ambiciosa del hacendado
Amenábar… ¿serí
a así la historia del Perú?, ¿sería así la historia de América?, ¿Será así lavida?...me preguntaba de niño.
Poco a poco aprendí que eso de que “la realidad supera la ficción”, era cierto. Camine y
camine desesperado, a veces perdido y confundido, angustiado dentro del monstruo
colonialista, en sus ciudades, en sus universidades… hasta llegar al “ancho y propio”
camino de nuestros antepasados, aleccionado por mi padre con muy pocos pero sabios y
 precisos consejos, señales, “secretos”, estudie la historia y
la filosofía del colonialismo y lacultura europea y recordando en carne propia la resistencia indígena de nuestros puebloscolonizados, despojados, torturados por la historia y creciendo al paso de los años, sentí deadulto, aquel sabor acido de saberse
“sin derecho a existir”. Poco a poco crecieron
recuerdos tal vez milenarios, no sin padecer coraje, esfuerzo y dolor; por eso nuestra genteno quiere recordar, por el dolor que esto trae; estos recuerdos me provocaron varias ulcerasestomacales, pero también me trajeron muchos y valiosos hermanos de lucha. Ahora ya
transito serenamente por el “camino de la verdad”, de la verdad terrible de nuestros pueblos
conflagrados.
Ya han pasado 50 años, y me sigue doliendo “Rumi” y la muerte en la cárcel de
Rosendo Maqui, y nunca supe ¿a dónde fueron a parar los comuneros despojados?...noimporta ya, se fueron al monte, a las selvas, a los barrios marginales de las metrópolis
colonialistas, se fueron a toda parte… a reagruparse y preparar la resistencia pasiva para“recuperar el equilibrio del mundo”; otras comunidades, como Pocsi, (vocablo puquina quesignifica “Resplandor de Luna”), resistieron invencibles, gracias a un tipo de guerra
desconocido para occidente. Y no importa ya a donde fueron los despojados, losespan
tados, porque ahora, están de regreso… los veo todos los días en las barriadas deLima, en los mercados, en los talleres y tiendas de “Gamarra”, en los terminales de buses; pero los vi también en la ONU, reclamando “sus derechos”, en la OEA y en mil Foros
más.
La “resistencia” indígena se fue forjando desde el “despojo”, como una plaga, como una
guerra silenciosa invisible y después cada vez mas invencible, y también esa resistencia sefue forjando dentro de mi mismo, como algo que me fue haciendo más consciente, másfuerte, mas sistemático.Y ahora, caminando, este ancho camino del Qhapaq Ñan (el camino de los justos),los días y los años me llevaron hasta el norte argentino, allá parapetados en la montañasiguen resistiendo los indios; y en Salta con muchos jóvenes organizados, caminamos juntos por la ruta 40 que robo su trazo al Qhapaq Ñan. Estuvimos por Salta, Jujuy,Catamarca y Tucumán, por Santiago del Estero y hasta Santa Fe. Y cerca de Cafayate,
conocimos a Chaile, “el Pancho”, y estuvimos en el sant
uario de Quilmes recuperadorecientemente por los comuneros Diaguitas liderados por Chaile, y supe una vez más, quelos Rosendo Maquis, los Juan Chalinin, los Francisco Chaile, no morirán jamás, porqueestán en el corazón de nuestros pueblos y ellos no los dejarán morir nunca, porque losnecesitan como el agua necesita la boca de los sedientos, en los caminos de los Andes. Por
ellos supe que hay un “rescoldo” de la resistencia indígena integrado por muchos jóvenes
del norte argentino, y esta es una crónica de su trabajo inmensamente humano, que tengo elhonor de conocer y compartir.
 
No se puede negar que los pueblos indígenas americanos, fueron naciones, o
 pueblos
que tenían Estados, en algunos casos mucho más estructurados y sofisticados quelos Estados monárquicos europeos del siglo XV, y que gozaban también de una Soberaníaplena que la invasión occidental-europea eliminó. Siendo esta realidad histórica innegable,el reciente proceso en el seno de la Comisión de DDHH de la ONU, en el Grupo de Trabajoespecial para la Declaración de los Derechos de los Pueblos Indígenas, que hace poco enResolución aprobada por la Asamblea General, el 13 de septiembre de 2007 , después delargos y ociosos 25 años de debates kilométricos, en donde tanto los países hegemónicos
“duros” que no quieren reconocer o reponer el carácter de ‘pueblos’ a los indígenas, ni
menos, el derecho a la libre determinación, como aquellos que apoyaban generosamente alos delegados indígenas que pusimos nuestro grano de arena; para todos, los términos de la
discusión quedaron reducidos, por lógica y sentido común a la tesis absurda de “la muerte presunta de los pueblos indígenas del mundo”. Para todos ellos, solo quedamos“poblaciones”, es decir “individuos” dispersos, “ciudadanos” de segunda y te
rcera
categoría. Una “declaración” de derechos que suena como una “caridad” para con los
indígenas, cuando lo que debería haber es una restitución de derechos y más aún: Unareparación de los derechos conculcados, de los pueblos agraviados, de genocidios contravidas perdidas (millones de vidas), de bienes robados (billones de dólares de
deudahistórica
), de los territorios usurpados, tierras despojadas, (todo el continente Americano).
Qué vergüenza ajena da esa “pequeña declaración” de “derechos”. Con raz
ón me
dijeron mis hermanos del Grupo de Trabajo de la ONU: “Ya no quieren que vengas a lasreuniones”, “ya no te enviaran pasajes”… me dio gusto, yo les sacaba en cara a ese “nidode colonialistas” que es la ONU, que la restitución, la reparación al genoci
dio, al saqueo
secular, era lo significante, lo imprescindible, no era suficiente una “declaración”. Y esa“declaración” es insuficiente y cínica, pues el daño debe ser reparado y no habrá equilibriosin reparación histórica. Una “declaración” y todavía “no vinculante” es un “papelito sinvalor”, una metáfora de mal gusto de “la justicia” occidental. Seguirá la tesis de la “muerte presunta” de nuestras naciones y pueblos indígenas como un fantasma que vaga por los
salones de las Naciones Unidas en Ginebra y en Nueva York de seguro presidirá la Sede del
Foro Permanente para las “cuestiones indígenas”. Y es que la reparación moral y sobre todo
la reparación material significan reconocimiento a la resistencia, a la vida y al carácterinvencible de los pueblos y naciones indígenas de América. Los colonialistas temen más aesta constatación, a esta textualización y verbalización, aquella de que los objetos delcolonialismo, tienen herederos resistentes, que no han podido, ni podrán matarnos a todos;temen más a esto, que a pagar en monedas la deuda histórica. Pero, nuestros pueblos,nuestras naciones siguen su proceso de reconstitución, de reorganización, no se puedematar la vida, ni menos a los cuidantes de la vida sobre el planeta.Y esto es lo que obviamente sostienen los actuales gobernantes de dichas potenciasy sus representantes en la ONU, y su Declaración de Derechos Indígenas, y más aun elfamoso Convenio 169 de la OIT, aquel que consagra la existencia de dos clases de
“pueblos”, aquellos que pueden hacer uso de esa categoría a nivel internacional y aquellos
que no lo pueden hacer, es decir los Pueblos Indígenas según este Convenio 169 de la OIT
somos pueblos de segunda categoría, para esta institución “del Trabajo” que “vela”
por los
indígenas como seres que estarían considerados como una especie de “trabajadores” entre
los esclavos y los asalariados, consagra la discriminación contra nuestros pueblos. A laONU le basta solo con un mea-culpa por tantos genocidios cometidos, luego de reconocerfríamente el pillaje colonialista de los últimos cinco siglos que les ha permitido la

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