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El enemigo invisible. El tridente del diablo. La marca de la bestia: © & ®.

El enemigo invisible. El tridente del diablo. La marca de la bestia: © & ®.

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En el Nombre de Dios, Clementísimo con la creación, Misericordiosísimo con los creyentes.
El enemigo invisible. El tridente del diablo. La marca de la bestia: © & ®.

Después seguí mirando, en mis visiones nocturnas, y vi una cuarta bestia, terrible, espantosa, extraordinariamente fuerte;
tenía enormes dientes de hierro; comía, trituraba, y lo sobrante lo pisoteaba con sus patas. Daniel 7:7

Imagine un mundo donde no se conoce la palabra bondad y menos aún lo que es. Allí será difícil desarrollar la cualidad que esa palabra señala. A la maldad que emerja no habrá algo que oponerle, algo contrario a ella, algo que dice con claridad el término bondad, justo opuesto de lo que la maldad hace. Es como ser alguien y sin embargo no tener nombre. ¿De qué forma podrán llamarnos en medio de una multitud si no tenemos distintivo? "¡Hey, tú!" gritarían, y enseguida todos los que oyeron y les venga en gana voltearán, pero no sabremos por principio si nos hablan a nosotros.
Algo parecido ocurre con aquel que susurra la maldad al alma del hombre. La palabra con la que fue bautizado existe, es Satanás, pero para muchos es un nombre hueco que no señala a nadie en realidad y menos aún a lo que ese personaje hace con nosotros. Su apelativo está allí, sin embargo se usa en falso al creerle un invento de leyendas cristianas impuestas al mundo a través de la predicación y de la Biblia.
Se cuenta que el logro más grande del diablo fue hacernos creer que no existe, y es casi verdad. puesto que el enemigo que no se ve es más efectivo en atacarnos. De hecho, esta pequeña victoria es inferior a otra que ha conseguido principalmente en los últimos siglos, y es convencer a millones de personas, no ya de que él no está por allí, sino de que Dios mismo es una invención. ¿Cómo lo ha conseguido? De esta forma: las palabras y discursos que señalan con lógica y certidumbre hacia el Creador son sustituídos por creencias -sin pruebas- que niegan con fanatismo al Ser Supremo. En el colmo del absurdo, he conocido satanistas que hablan con apego amoroso de su ídolo y al mismo tiempo afirman que Dios no existe, como si la misma doctrina satánica no incluyera en sí la lucha entre dos entidades opuestas por principio y por principios, es decir, la feroz guerra protagonizada entre el susurro infernal y la inspiración angelical, proveniente por supuesto de los emisarios de Dios. Llegados a este razonamiento les he inquirido sobre su absurdo, pero como buenos satánicos que son, sencillamente le dan vuelta a la hoja y se postran ante el cornudo, enojados, eso sí, con Dios, que aseguran para empezar que es una invención, repito, porque creen que sólo el bicho feo, el cornudo, puede conseguirles sus caprichos demoniacos. Caprichos que siempre pasan por obtener los deseos más irrefrenados en medio del torbellino de las peores emociones. Qué aburrido. Como si existiera sólo esta vida y no tuviéramos por delante una eternidad incalculable.
Volviendo al tema de las creencias anteístas (contra Dios), que no simplemente ateas, vale comentar que no han sido hechas al descuido. Para nada. Son tomos y tomos de apalabramientos mareadores que siempre tienen algo en común: una de sus creencias fundadoras es falsa. Como la teoría de la evolución. Esta teoría la inventó un hombre que pensaba que sus tatarabuelos lejanos eran changos, y quiso que todos creyéramos que nuestros ascendientes también lo son. Se basa en pensar que hemos surgido por azar, y que hemos desarrollado casual y muy lentamente cada una de nuestras cualidades, como la vista, la bondad, el pensamiento, la memoria, el ejército de nuestro sistema inmune, la capacidad de hablar e imaginar, y un largo etcétera cuya extensión, por necesidad, sólo conoce Dios, pues Él es precisamente el que "fabricó" todo ello. Es importante aclarar aquí que estos creyentes desviados se han engreído a tal punto, que aunque no saben ni de lejos cómo estamos construídos íntegramente, lo cual demuestra la grandiosa complejidad de nues
En el Nombre de Dios, Clementísimo con la creación, Misericordiosísimo con los creyentes.
El enemigo invisible. El tridente del diablo. La marca de la bestia: © & ®.

Después seguí mirando, en mis visiones nocturnas, y vi una cuarta bestia, terrible, espantosa, extraordinariamente fuerte;
tenía enormes dientes de hierro; comía, trituraba, y lo sobrante lo pisoteaba con sus patas. Daniel 7:7

Imagine un mundo donde no se conoce la palabra bondad y menos aún lo que es. Allí será difícil desarrollar la cualidad que esa palabra señala. A la maldad que emerja no habrá algo que oponerle, algo contrario a ella, algo que dice con claridad el término bondad, justo opuesto de lo que la maldad hace. Es como ser alguien y sin embargo no tener nombre. ¿De qué forma podrán llamarnos en medio de una multitud si no tenemos distintivo? "¡Hey, tú!" gritarían, y enseguida todos los que oyeron y les venga en gana voltearán, pero no sabremos por principio si nos hablan a nosotros.
Algo parecido ocurre con aquel que susurra la maldad al alma del hombre. La palabra con la que fue bautizado existe, es Satanás, pero para muchos es un nombre hueco que no señala a nadie en realidad y menos aún a lo que ese personaje hace con nosotros. Su apelativo está allí, sin embargo se usa en falso al creerle un invento de leyendas cristianas impuestas al mundo a través de la predicación y de la Biblia.
Se cuenta que el logro más grande del diablo fue hacernos creer que no existe, y es casi verdad. puesto que el enemigo que no se ve es más efectivo en atacarnos. De hecho, esta pequeña victoria es inferior a otra que ha conseguido principalmente en los últimos siglos, y es convencer a millones de personas, no ya de que él no está por allí, sino de que Dios mismo es una invención. ¿Cómo lo ha conseguido? De esta forma: las palabras y discursos que señalan con lógica y certidumbre hacia el Creador son sustituídos por creencias -sin pruebas- que niegan con fanatismo al Ser Supremo. En el colmo del absurdo, he conocido satanistas que hablan con apego amoroso de su ídolo y al mismo tiempo afirman que Dios no existe, como si la misma doctrina satánica no incluyera en sí la lucha entre dos entidades opuestas por principio y por principios, es decir, la feroz guerra protagonizada entre el susurro infernal y la inspiración angelical, proveniente por supuesto de los emisarios de Dios. Llegados a este razonamiento les he inquirido sobre su absurdo, pero como buenos satánicos que son, sencillamente le dan vuelta a la hoja y se postran ante el cornudo, enojados, eso sí, con Dios, que aseguran para empezar que es una invención, repito, porque creen que sólo el bicho feo, el cornudo, puede conseguirles sus caprichos demoniacos. Caprichos que siempre pasan por obtener los deseos más irrefrenados en medio del torbellino de las peores emociones. Qué aburrido. Como si existiera sólo esta vida y no tuviéramos por delante una eternidad incalculable.
Volviendo al tema de las creencias anteístas (contra Dios), que no simplemente ateas, vale comentar que no han sido hechas al descuido. Para nada. Son tomos y tomos de apalabramientos mareadores que siempre tienen algo en común: una de sus creencias fundadoras es falsa. Como la teoría de la evolución. Esta teoría la inventó un hombre que pensaba que sus tatarabuelos lejanos eran changos, y quiso que todos creyéramos que nuestros ascendientes también lo son. Se basa en pensar que hemos surgido por azar, y que hemos desarrollado casual y muy lentamente cada una de nuestras cualidades, como la vista, la bondad, el pensamiento, la memoria, el ejército de nuestro sistema inmune, la capacidad de hablar e imaginar, y un largo etcétera cuya extensión, por necesidad, sólo conoce Dios, pues Él es precisamente el que "fabricó" todo ello. Es importante aclarar aquí que estos creyentes desviados se han engreído a tal punto, que aunque no saben ni de lejos cómo estamos construídos íntegramente, lo cual demuestra la grandiosa complejidad de nues

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E
N
 
EL
N
OMBRE
 
DE
D
IOS
, C
LEMENTÍSIMO
 
CON
 
LA
 
CREACIÓN
, M
ISERICORDIOSÍSIMO
 
CON
 
LOS
 
CREYENTES
.El enemigo invisible. El tridente del diablo. La marca de la bestia: © & ®.
 D
 ESPUÉS 
 
SEGUÍ 
 
 MIRANDO
 ,
 EN 
 
 MIS 
 
VISIONES 
 
 NOCTURNAS 
 ,
 
VI 
 
UNA
 
CUARTA
 
 BESTIA
 ,
TERRIBLE 
 ,
 ESPANTOSA
 ,
 EXTRAORDINARIAMENTE 
 
 FUERTE 
;
TENÍA
 
 ENORMES 
 
 DIENTES 
 
 DE 
 
 HIERRO
;
COMÍA
 ,
TRITURABA
 ,
 
 LO
 
SOBRANTE 
 
 LO
 
 PISOTEABA
 
CON 
 
SUS 
 
 PATAS 
. D
 ANIEL
7:7 
Imagine un mundo donde no se conoce la palabra bondad y menos aún lo que es. Allí será difícil desarrollar lacualidad que esa palabra señala. A la maldad que emerja no habrá algo que oponerle, algo contrario a ella, algo quedice con claridad el término bondad, justo opuesto de lo que la maldad hace. Es como ser alguien y sin embargo notener nombre. ¿De qué forma podrán llamarnos en medio de una multitud si no tenemos distintivo? "¡Hey, tú!"gritarían, y enseguida todos los que oyeron y les venga en gana voltearán, pero no sabremos por principio si noshablan a nosotros.Algo parecido ocurre con aquel que susurra la maldad al alma del hombre. La palabra con la que fue bautizado existe, es Satanás, pero para muchos es un nombre hueco que no señala a nadie en realidad y menos aún alo que ese personaje hace con nosotros. Su apelativo está allí, sin embargo se usa en falso al creerle un invento deleyendas cristianas impuestas al mundo a través de la predicación y de la Biblia.Se cuenta que el logro más grande del diablo fue hacernos creer que no existe, y es casi verdad. puesto que elenemigo que no se ve es más efectivo en atacarnos. De hecho, esta pequeña victoria es inferior a otra que haconseguido principalmente en los últimos siglos, y es convencer a millones de personas, no ya de que él no está por allí, sino de que Dios mismo es una invención. ¿Cómo lo ha conseguido? De esta forma: las palabras y discursos queseñalan con lógica y certidumbre hacia el Creador son sustituídos por creencias -sin pruebas- que niegan confanatismo al Ser Supremo. En el colmo del absurdo, he conocido satanistas que hablan con apego amoroso de suídolo y al mismo tiempo afirman que Dios no existe, como si la misma doctrina satánica no incluyera en sí la luchaentre dos entidades opuestas por principio y por principios, es decir, la feroz guerra protagonizada entre el susurroinfernal y la inspiración angelical, proveniente por supuesto de los emisarios de Dios. Llegados a este razonamientoles he inquirido sobre su absurdo, pero como buenos satánicos que son, sencillamente le dan vuelta a la hoja y se postran ante el cornudo, enojados, eso sí, con Dios, que aseguran para empezar que es una invención, repito, porquecreen que sólo el bicho feo, el cornudo, puede conseguirles sus caprichos demoniacos. Caprichos que siempre pasan por obtener los deseos más irrefrenados en medio del torbellino de las peores emociones. Qué aburrido. Como siexistiera sólo esta vida y no tuviéramos por delante una eternidad incalculable.Volviendo al tema de las creencias anteístas (contra Dios), que no simplemente ateas, valecomentar que no han sido hechas al descuido. Para nada. Son tomos y tomos de apalabramientosmareadores que siempre tienen algo en común: una de sus creencias fundadoras es falsa. Como lateoría de la evolución. Esta teoría la inventó un hombre que pensaba que sus tatarabuelos lejanoseran changos, y quiso que todos creyéramos que nuestros ascendientes también lo son. Se basa en pensar que hemos surgido por azar, y que hemos desarrollado casual y muy lentamente cada una denuestras cualidades, como la vista, la bondad, el pensamiento, la memoria, el ejército de nuestrosistema inmune, la capacidad de hablar e imaginar, y un largo etcétera cuya extensión, por necesidad, sólo conoce Dios, pues Él es precisamente el que "fabricó" todo ello. Es importanteaclarar aquí que estos creyentes desviados se han engreído a tal punto, que aunque no saben ni de lejos cómo estamosconstruídos íntegramente, lo cual demuestra la grandiosa complejidad de nuestra creación por el Supremo, persistenen negar lo evidente: que solo un ser de infinita sabiduría es capaz de haber realizado tamaña obra, que sigueasombrando por su minuciosa construcción y la interdependencia absoluta de sus elementos y seres constituyentes,ensamblados unos con otros de forma más exacta que cualquier mecanismo de relojería o producto inventado por manos humanas.Este credo ha llevado a la decadencia al mundo y a sus seres, pues a través de él sus seguidoresle han restado a la vida su significado y por lo tanto su finalidad. Pensando que sus vidas y las decualquiera son sencillamente un accidente de la materia, y que no existe por lo tanto una metasuperior que pasarla lo mejor posible, han sido capaces de comerse el mundo entero y excretarlodeteriorado, tal y como lo vemos en Fukushima, donde un accidente atómico ha calcinado laexistencia, y la ha vuelto imposible. Y todo por los placeres que brinda la electricidad sin función nimedida y el descuido a su respecto que la ambición obnubilada consigue, pues en la pasión de lainsaciabilidad económica, poco importa activar las antenas productoras de sismos y tsunamis en elotro lado del mundo, mientras puedas amedrentar con tu ataque silencioso a una población de ojos

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