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Introducción, La Isla que se Repite. Antonio Benítez Rojo

Introducción, La Isla que se Repite. Antonio Benítez Rojo

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01/05/2015

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 Antonio Benítez Rojo
(La Habana, 1931- Massachusetts, 2005)
 La isla que se repite
INTRODUCCIÓN
E
N
 
LAS
 
ÚLTIMAS
décadas hemos visto detallarse de manera cada vez más claraun número de naciones americanas con experiencias coloniales distintas, quehablan lenguas distintas, pero que son agrupadas bajo una mismadenominación. Me refiero a los países que solemos llamar “caribeños” o “de lacuenca del Caribe”. Esta denominación obedece tanto a razones exógenas —digamos, el deseo de las grandes potencias de recodificar continuamente elmundo con objeto de conocerlo mejor, de territorializarlo mejor— como arazones locales, de índole autorreferencial, encaminadas a encuadrar en loposible la furtiva imagen de su Ser colectivo. En todo caso, para uno u otro fin,la urgencia por intentar la sistematización de las dinámicas políticas,económicas, sociales y culturales de la región es cosa muy reciente. Se puedeasegurar que la cuenca del Caribe, a pesar de comprender las primeras tierrasde América en ser conquistadas y colonizadas por Europa, es todavía, sobretodo en términos culturales, una de las regiones menos conocidas delContinente. Los principales obstáculos que ha de vencer cualquier estudioglobal de las sociedades insulares y continentales que integran el Caribe son,precisamente, aquéllos que por lo general enumeran los científicos para definirel área: su fragmentación, su inestabilidad, su recíproco aislamiento, sudesarraigo, su complejidad cultural, su dispersa historiografía, su contingencia y su provisionalidad. Esta inesperada conjunción de obstáculos y propiedadesno es, por supuesto, casual. Ocurre que el mundo contemporáneo navega elCaribe con juicios y propósitos semejantes a los de Cristóbal Colón: esto es,desembarca ideólogos, tecnólogos, espe- cialistas e inversores (los nuevosdescubridores) que vienen con la intención de aplicar “acá” los métodos y dogmas de “allá” , sin tomarse la molestia de sondear la profundidadsociocultural del área. Así, se acostumbra definir el Caribe en términos de suresistencia a las distintas metodologías imaginadas para su investigación. Estono quiere decir que las definiciones que leemos aquí y allá de la sociedadpancaribeña sean falsas y, por tanto, desechables. Yo diría, al contrario, queson tan necesarias y tan potencialmente productivas como lo es la primera
 
lectura de un texto, en la cual, inevitablemente, como decía Barthes, el lector selee a sí mismo. Con este libro, no obstante, pretendo abrir un espacio quepermita una relectura del Caribe; esto es, alcanzar la situación en que todotexto deja de ser un espejo del lector para empezar a revelar su propiatextualidad.Esta relectura, que en modo alguno se propone como la única válida, no hade ser fácil. El mundo caribeño está saturado de mensajes —“language games”,diría Lyotard— emitidos en cinco idiomas europeos (español, inglés, francés,holandés, portugués), sin contar los aborígenes que, junto con los diferentesdialectos locales (surinamtongo, papiamento, créole, etc.) dificultanenormemente la comunicación de un extremo al otro del ámbito. Además, elespectro de los códigos caribeños resulta de tal abigarramiento y densidad queinforma la región como una espesa sopa de signos, fuera del alcance decualquier disciplina en particular y de cualquier investigador individual. Se hadicho muchas veces que el Caribe es la unión de lo diverso, y tal vez sea cierto.En todo caso, mis propias relecturas me han ido llevando por otros rumbos, y  ya no me es posible alcanzar reducciones de tan recta abstracción. En larelectura que ofrezco a debate en este libro propongo partir de una premisamás concreta, de algo fácilmente comprobable: un hecho geográfico.Específicamente, el hecho de que las Antillas constituyen un puente de islasque conecta de “cierta manera”, es decir, de una manera asimétrica,Sudamérica con Norteamérica. Este curioso accidente geográfico le confiere atodo el área, incluso a sus focos continentales, un carácter de archipiélago, esdecir, un conjunto discontinuo (¿de qué?): condensaciones inestables,turbulencias, remolinos, racimos de burbujas, algas deshilachadas, galeoneshundidos, ruidos de rompientes, peces voladores, graznidos de gaviotas,aguaceros, fosforescencias nocturnas, mareas y resacas, inciertos viajes de lasignificación; en resumen, un campo de observación muy a tono con losobjetivos de Caos. He usado mayúscula para indicar que no me refiero al caossegún la definición convencional, sino a la nueva perspectiva científica, asíllamada, que ya empieza a revolucionar el mundo de la investigación: esto es,caos en el sentido de que dentro del desorden que bulle junto a lo que yasabemos de la naturaleza es posible observar estados o regularidadesdinámicas que se repiten globalmente. Pienso que este nuevo interés de lasdisciplinas científicas, debido en mucho a la especulación matemática ya laholografía, conlleva una actitud filosófica (un nuevo modo de leerlos conceptos
 
de azar y necesidad, de particularidad y universalidad) que poco a poco habráde permear otros campos del conocimiento.Muy recientemente, por ejemplo, la economía y ciertas ramas de lashumanidades han comenzado a ser examinadas bajo este flamante aradigma,quizá el paso más inquisitivo y abarcador que ha dado hasta ahora elpensamiento de la posmodernidad. En realidad, teóricamente, el campo de laobservación de Caos es vastísimo, puesto que incluye todos los fenómenos quedependen del curso del tiempo; Caos mira hacia todo lo que se repite,reproduce, crece, decae, despliega, fluye, gira, vibra, bulle: se interesa tanto enla evolución del sistema solar como en las caídas de la bolsa, tanto en laarritmia cardíaca como en las relaciones entre el mito y la novela. Así, Caosprovee un espacio donde las ciencias puras se conectan con las cienciassociales, y ambas con el arte y la tradición cultural. Por supuesto, talesdiagramas suponen por fuerza lenguajes muy diferentes y la comunicaciónentre ellos no suele ser directa, pero, para el lector tipo Caos, siempre seabrirán pasadizos inesperados que permitirán el tránsito entre un punto y otrodel laberinto. Aquí, en este libro, he intentado analizar ciertos aspectos delCaribe imbuido de esta nueva actitud, cuya finalidad no es hallar resultadossino procesos, dinámicas y ritmos que se manifiestan dentro de lo marginal, loresidual, la incoherente, lo heterogéneo o, si se quiere, lo impredecible quecoexiste con nosotros en el mundo de cada día. La experiencia de estaexploración ha sido para mí aleccionadora a la vez que sorprendente, puesdentro de la fluidez sociocultural que presenta el archipiélago Caribe, dentro desu turbulencia historiográfica y su mido etnológico y lingüístico, dentro de sugeneralizada inestabilidad de vértigo y huracán, pueden percibirse loscontornos de una isla que se “repite” a sí misma, desplegándose y bifurcándosehasta alcanzar todos los mares y tierras del globo, a la vez que dibuja mapasmultidisciplinares de insospechados diseños. He destacado la palabra “repite”porque deseo darle el sentido un tanto paradójico con que suele aparecer en eldiscurso de Caos, donde toda repetición es una práctica que entrañanecesariamente una diferencia y un paso hacia la nada (según el principio deentropía propuesto por la termodinámica en el siglo pasado), pero, en mediodel cambio irreversible, la naturaleza puede producir una figura tan compleja eintensa como la que capta el ojo humano al mirar un estremecido colibrí bebiendo de una flor.¿Cuál sería entonces la isla que se repite: Jamaica, Amba, Puerto Rico,

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