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¿Qué es pensar?

¿Qué es pensar?

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Breve ensayo filosófico (de corte heideggeriano, se siente) dirigido a alumnos de secundaria.
Breve ensayo filosófico (de corte heideggeriano, se siente) dirigido a alumnos de secundaria.

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¿Qué es pensar?
 Felipe Garrido Bernabeu
ILo peor es caer en los tópicos. Pero es difícil, a veces el lenguaje nos arrastra con su propiainercia. Lo bueno está en esos momentos en que uno se da cuenta de eso y se para a pensar. Así meocurrió hace unas semanas en una clase de ética de 4º de ESO. Yo trataba de convencer a losalumnos de las virtudes de la filosofía. La vida -decía- es única, no tendremos más oportunidades para vivirla, no habrecuperaciones ni repescas, lo hecho, hecho está. Podemos vivirla decualquier manera, y tal vez no nos vaya mal, pero algunos hombres han decidido, dada laimportancia del objeto, tomarse ciertas molestias y preguntarse en qué consiste vivir bien. ¿Cómoresponder a esa pregunta? No vale preguntarle a papá o a mamá, porque ellos -lo siento- tampoco losaben. O sí lo saben, pero entonces su sabiduría no nos sirve, porque, a diferencia de otrasdisciplinas, ése es un conocimiento que no podemos adquirir de oídas. Tenemos que alcanzarlonosotros, al igual que, por mucho que en
 Al filo de imposible
nos muestren la cima conquistada delEverest, nosotros no hemos subido y para disfrutar verdaderamente del paisaje hay que subir, novale que nos lo cuenten. Tampoco parece que podamos responder a esa pregunta observando. Por mucho que busquemos, la vida no está por ahí, no es una cosa. Vemos seres vivos, algunoshumanos, pero no la vida y menos la vida buena. Es algo que no se nos ofrece a los sentidos. Larespuesta sólo puede buscarse (¿y encontrarse?) de un modo: pensando. ¿Pero sabemos pensar?-pregunté. Algún alumno bostezaba con pereza -era primera hora-, otros se limitaban a dormitar conlos ojos abiertos; había incluso quien escuchaba mi sermón con benevolente paciencia. Ni siquieradescarto que alguien asistiera con curiosidad por ver a dónde iba a parar. A esas horas tempranas enlas que el día es todavía gris no puede tomarse uno en serio nada. Y menos en un aula desecundaria, con esos pupitres verdes, esas paredes blancas y ese estilo descorazonador tan grato a laadministración. Un tipo preguntando si sabemos pensar. Sí ¿y cuánto queda
 pa
que toque?Por algún motivo no sigo adelante como si nada e insisto, ¿qué es pensar? La pregunta hacambiado. Una rapidísima intuición en el último segundo me lleva a plantear la pregunta en esostérminos esenciales. Ahora buscamos una definición. ¿Qué es pensar? Pregunto a algunos alumnosconcretos, Fulanito, ¿lo sabes? Menganito, ¿lo sabes tú? Como respuesta sólo obtengo ojos abiertosde par en par como diciendo 'si yo no he hecho nada'. Pero entonces -digo- tenemos un problema yademás es gravísimo. ¿Cómo vamos a pensar si no sabemos qué es pensar? De hecho nos jactamosde ser los únicos animales que piensan. Incluso hubo un filósofo -Descartes, que llegó a decir quesomos cosas que piensan, que lo único que nos hace ser es el pensamiento. Yo puedo imaginarme amí mismo sin piernas, sin brazos, en otro cuerpo, o sin cuerpo alguno, como un fantasma o unespíritu levitante. Pero no puedo imaginarme a mí mismo sin pensamiento. Si dejáramos de pensar estaríamos muertos. Si no sabéis qué es pensar, entonces no sabéis ni siquiera qué sois. Y si nosabéis qué sois, ¿cómo vais a saber cómo vivir bien? Es un problema muy grave. Ahora los alumnosatendían. En ese instante tengo la sensación de que comprenden el problema. Ahora los ojos seabren de otra manera, como buscando una respuesta. Una ligera protesta generalizada me indica quevamos en la dirección correcta. Un 'uf' por aquí, otro que se cambia de postura, algunos intentosfrustrados de responder: “pensar es lo que estoy haciendo”, sí pero ¿qué es? “Pensar es acordarse dealgo” Bueno, puede que la memoria esté relacionada con el pensar, pero ahora estamos pensando yno estamos recordando. “Pensar es... es que lo sé, pero no sé cómo decirlo” Pero entonces es que nolo sabes. De repente la pregunta que planteé con cierta ingenuidad ha sembrado la clase deinterrogantes auténticos. Ya no nos acordamos del día gris, de las mesas verdes ni de las paredes blancas. Entonces alguien me dice con impaciencia “dínoslo tú, qué es pensar”. ¿Yo? Vaya, esto noestaba previsto. Me vienen a la cabeza muchas posibles respuestas para salir del paso, pero me doycuenta -en milésimas de segundo- que ninguna de ellas me convence. El tiempo parece discurrir muy despacio, recuerdo años de carrera y de oposición buscando una respuesta convincente. No la1
 
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encuentro. Me vienen a la cabeza Platón, Descartes, Kant... podría escoger a alguno... pero paraqué, ¿para engañarles? ¿para hacerles creer que yo sí lo sé? Todavía no han pasado tres segundosdesde que se me formula la pregunta. “Dínoslo tú, qué es pensar”. “Yo... tampoco lo sé”. En eseinstante estamos todos -yo también- pensando.IIEstamos pensando y no sabemos responder a la pregunta ¿qué es pensar? De hecho todocuanto hacemos es, de un modo u otro, pensar. Ni un sólo instante de nuestra vida dejamos dehacerlo, con mayor o menor conciencia de ello. Precisamente por eso, el hecho mismo de que no podamos responder de un modo convincente a la pregunta, debería ponernos sobre aviso. Tal vez, loque creíamos cierto era una ilusión y en realidad no hemos pensado nunca. Quiero decir, no hemos pensado de un modo
auténtico
.Me inicié en la lectura de poesía en mi adolescencia y no podía ser con otro poeta que conGustavo Adolfo Bécquer. Aunque lo que me hizo interesarme por la literatura no fue al principio elgoce estético, precisamente; al final mis espurios afanes fueron sustituidos por un gusto real por elarte. Recuerdo, de aquella época, el siguiente fragmento de un famoso poema:
Volverán del amor en tus oídoslas palabras ardientes a sonar,tu corazón de su profundo sueñotal vez despertará. Pero mudo y absorto y de rodillascomo se adora a Dios ante su altar,como yo te he querido..., desengáñate,así... ¡no te querrán!
En el poema, el malogrado Bécquer advierte a su ex amante de que, aunque conocerá otrosamores, ninguno será tan auténtico como el que él le ha profesado. Volverán a amarla, sí, pero no deverdad. En realidad es difícil encontrar a alguien que no haya amado jamás. Todos amamos, pero sinunca has amado “mudo y absorto y de rodillas como se adora a Dios ante su altar” entonces nosabes qué es el amor, el amor de verdad, el auténtico. Puede que ocurra algo parecido con el pensamiento. Todos pensamos, pero quizá de un modo vulgar e inauténtico. Quizá hay un modo de pensar auténtico tal que si no hemos pensado de ese modo -pensado de verdad- nunca sabremos quées pensar.¿Qué es lo que hace que nuestro pensamiento sea más o menos auténtico, más o menosverdadero? Así, a bote pronto, se me ocurre que no es lo mismo darle una torta a un amigo quedársela a tu padre. Lo primero sin duda está mal, pero los amigos se pelean a veces y bueno, luegose dan la mano y ya está. Pero darle una torta a tu padre no es que esté mal, es que es una infamia.Lo que hace que una torta sea más grave que la otra, no es el hecho de darla, sino a quién se la das.¿Por qué no va a valer para el pensar lo que vale para las tortas? Lo que envilece o engrandece el pensamiento es en qué se piensa. Si nuestro pensar cotidiano no es el auténtico pensamiento, es por culpa de las cosas en que pensamos cotidianamente. Que si tengo frío, que si llego tarde, que dóndeestará el gato, que a qué hora hemos quedado, que si queda arroz con leche, que si me da cambio, por favor, que se me han quedado seis, que huele mal, que dos por cuatro es ocho y ocho dieciséis,que como yo te he querido no te querrán, que si ésto, que si aquéllo... Si me compro un televisor último modelo y le quito el color para ver la tele en blanco y negro, veré la tele, sí, pero no estoyaprovechando todas las posibilidades del aparato, su verdadera naturaleza me queda oculta. Delmismo modo esos pensamientos cotidianos no aprovechan toda la potencia del pensamiento y por lo2
 
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tanto su verdadera naturaleza queda oculta. Si queremos descubrir qué es pensar, tenemos que dejar de pensar en todo aquello de lo que nos ocupamos cotidianamente. Hay que pensar en algo que ponga toda nuestra capacidad de pensar en juego. Algo que no tenga nada que ver con todo lo queconocemos, algo que realmente dé que pensar. ¿Qué será eso que nos revelará la esencia del pensamiento y de lo que ahora no tenemos, literalmente, ni idea?IIIIr al cine a ver películas de terror no es el peor de mis vicios. Por eso lo confieso. Si no llegaa dominarnos, el miedo es una emoción muy filosófica. Hay que aprender a degustarlo como sifuera una comida picante. Los mejores directores de cine de terror son aquellos que sabenexactamente el momento y la cantidad de miedo que deben administrar para que resulte placentero.En el instante del miedo nos ponemos en la piel del protagonista. Está solo en casa y ha oído unruido. Una sombra cruza la puerta. Tenemos miedo porque sabemos que
hay
algo, pero no sabemos
qué es
. Esto es posible porque no es lo mismo la
existencia
que la
esencia.
Si
existir 
y
 ser 
algofueran lo mismo entonces simplemente con saber que algo existe, sabríamos qué es, pero no es así. No es lo mismo preguntar ¿tengo la comida hecha? ¿existe mi comida? que preguntar ¿quécomemos hoy?En realidad nosotros ahora estamos en una situación parecida a la del protagonista denuestra película de terror. Sabemos que el pensamiento existe, que hay pensamiento, pero nosabemos qué es. No es posible negar la existencia del pensamiento, de hecho es lo único cuyaexistencia no podemos negar con sentido. Si
 pienso
que el pensamiento no existe, evidentementeestoy equivocado. Ahora bien,
qué 
sea el pensar no es tan evidente.Volvamos a la película de terror. Cuando el protagonista se da cuenta de que en el sótano desu casa hay algo y nosotros nos mordemos las uñas suplicando “no entres, no entres”, el tipo va yentra. En el mejor de los casos los ruidos los producía su gato. En el peor, se encontrará frente a unaniña pálida y despeinada, vestida con un uniforme de colegio antiguo, que le mira a los ojos contoda la cólera de los infiernos. En el primer caso suspirará tranquilo, en el segundo echará a correr,gritará paralizado, se desmayará o le arreglará el pelo con cariño a la niña. Es igual. El problemainicial, que consistía en averiguar qué era aquello que había en su sótano, ya está resuelto. Saber qué es algo es poder definirlo y no hay problema alguno en dar una definición de gato o defantasma. Definir viene a ser algo como delimitar, es decir, ponerle límites a algo. Si hago uncírculo en el suelo, me meto dentro y digo “aquí sólo entramos yo y mis amigos”, estoy definiendoel territorio de mi banda. Al averiguar qué es algo, lo que estamos haciendo es definirlo: de algúnmodo el pensamiento hace un círculo, mete la cosa esa dentro y dice “esto es un gato” o “esto es unfantasma”, luego todas las cosas que se parezcan al gato, las meterá en el círculo de los gatos y lasque se parezcan al fantasma, en el de los fantasmas. Definir consiste pues en establecer límites, perolos límites sólo tienen sentido si hay algo fuera. Si digo que algo es un gato, también estoy diciendoque no es un perro, ni una mariposa ni -suspiro de alivio- un fantasma. De este modo, estoscirculitos del pensamiento (de ahora en adelante los llamaremos conceptos) forman una especie detablero de ajedrez, en el que cada casilla se define por su relación con las demás. Pero el tableromismo no está en ninguna casilla. Veamos esto con más atención.Si queremos averiguar dónde está cualquier objeto en el espacio, simplemente debemoselegir un punto de referencia e indicar las coordenadas de dicho objeto respecto a ese punto. De estemodo podemos localizar cualquier objeto en el espacio infinito. Pero el espacio mismo, ¿dóndeestá? Esta pregunta claramente no tiene sentido, porque el espacio no puede ocupar ningún lugar. Elespacio no está en ningún sitio. Lo mismo ocurre con el tiempo; puedo preguntar cuánto dura una película, pero no cuánto dura el tiempo. Ahora bien, el pensamiento es el espacio infinito en el quese extienden limitándose unos a otros, los conceptos. Cuando definimos algo lo que hacemos esintroducirlo en uno de esos conceptos. Pero del mismo modo que no hay un lugar en el que podamos situar el espacio mismo, no hay un concepto con el que podamos definir el pensamiento3

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