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reflexiones sobre ecología

reflexiones sobre ecología

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Ponencia en el curso introductorio de la maestría en educación comparada
Ponencia en el curso introductorio de la maestría en educación comparada

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06/11/2013

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Jorge RiechmannCaracas (Centro Internacional Miranda)Texto de base para mi intervención el 30 de julio de 2012en el curso introductorio a la Maestría en Educación ComparadaAlgunas reflexiones sobre Estado,ecología política y crisis de civilizaciónEl socialismo no debería perseguir hacer lo mismo que el capitalismo (pero mejor --si es que lo logra): debe buscar otra cosaUna primera constatación parece inesquivable: el estado moderno ha sido inseparable del capitalismo y su senda de desarrollo.Los estados precapitalistas eran otra cosa. Como escriben dos teóricos británicos del estado, Hall e Ikenberry, “los estados tempranos no tenían nada que se pareciera alos poderes reales de los estados del mundo actual. [La debilidad de los estados agrarios tempranos] tenía sus raíces en las limitaciones del transporte y de las comunicaciones, en la escasez de recursos y en la ausencia de una infraestructurapolítica o social capaz de facilitar la recaudación de ingresos y la movilización depersonas.”1La movilización total de la sociedad por parte del estado –recurro conscientemente aeste ominoso término militar— es un fenómeno muy del siglo XX.Un detalle para darnos cuenta de lo anterior: en el mundo agrario precapitalista, un buey que tirase de un carro con cereales se comería su propia carga antes derecorrer quinientos km.2 Huelga subrayar las enormes limitaciones para la movilización de la sociedad por parte del estado que imponen esta clase de fenómenos… El alto grado de despotismo formal –poder como dominación-- de los estados tempranos estaba acompañado de una insignificante capacidad infraestructural –poder como capacidad--: “tales estados no eran más que débiles leviatanes” 3.Llamo la atención sobre la importante pareja de conceptos potestas/ potentia, poder como dominación/ poder como capacidad, poder sobre/ poder para. Viene de Spinoza(en su Tratado teológico-político, uno de los libros del siglo XVII que conviene releer en el siglo XXI). Podríamos hablar de “poder bueno” (capacitante) vs. “poder malo” (dominador), igual que los fisiólogos hablan del “colesterol bueno” frente al “colesterolmalo”. Lo complicado es que, casi siempre, esas dos dimensiones del poder están mezcladas forma inextricable.Ahora quiero llamarles la atención sobre un hecho de trascendental importancia. Incluso los Estados que en el siglo XX trataron de crear relaciones de producción socialistas han seguido compartiendo rasgos centrales del modelo capitalista de desarrollo: primacía de la industrialización, persecución del crecimiento económico a todacosta, glorificación de la “modernización” y el “progreso” tal y como estos conceptos se terminaron de acuñar en el siglo XX…La gran mayoría de las familias de la izquierda han sido netamente productivistas.Cierto que se dieron también concepciones de un socialismo no productivista: pensemos en gente tan grande como William Morris o Walter Benjamin. Pero fueron corrientes muy minoritarias. Luego, ya dentro de la crisis civilizatoria que sigue determinando nuestro presente, hallaremos ecosocialismo consciente desde los años setenta del siglo XX (después volveremos sobre ello).Mi maestro Manuel Sacristán, hace ya muchos años, indicaba que el socialismo no debería perseguir los mismos fines que el capitalismo por otros medios, sino que deberíaperseguir otros fines. Preguntándose qué Marx se iba a leer en el siglo XXI, sugería:
 
“El asunto real que anda por detrás de tanta lectura es la cuestión política de si la naturaleza del socialismo es hacer lo mismo que el capitalismo, aunque mejor, o consiste en vivir otra cosa”4.Esto es muy similar a lo que Edgardo Lander, en Venezuela, viene advirtiéndoles austedes. “Cuando hablamos del socialismo del siglo XXI ¿de qué estamos hablando? Si cuando hablamos del socialismo del siglo XXI estamos reproduciendo lo mismo [desarrollismo con dependencia primaria de las exportaciones de petróleo y la renta quegeneran] sin posibilidad alguna de que haya una ruptura con este orden civilizatorio… Si el calificativo ‘del siglo XXI’ ha de querer decir algo, tendría que querer decir una crítica, un cuestionamiento radical a este patrón civilizatorio.”5Me dirán ustedes: es más fácil decirlo que hacerlo. Y tienen muchísima razón. Hacerlo es dificilísimo, a veces se diría imposible. Pero se trata de una tarea imposible, o casi imposible, a la que no podemos dar la espalda. Nos van en ello, literalmente,las posibilidades de vida humana decente en el planeta Tierra6.De entre todas las difíciles cuestiones que debemos abordar, lo ecológico-económico eslo básico. Si no logramos racionalizar el metabolismo de nuestras sociedades conla naturaleza (es decir, el intercambio de materiales y energía entre sistemas sociales y sistemas naturales), estamos perdidos. Si en el siglo XXI la humanidad fracasa en eso, fracasará también en todo lo demás, y perderá su futuro. Y hay que decirque hoy por hoy, y por desgracia, la humanidad está fracasando…¿Tenemos tiempo para ir despacio?Ante semejante tesitura, se da una doble tentación para diferentes familias de laizquierda: 1. el utopismo antropológico. La creación del Hombre Nuevo (con su MujerNueva al costado --¿verdaderamente como una igual?). Pero “el ‘hombre Nuevo’ no es más queel hombre viejo en situaciones nuevas” (Bertolt Brecht). 2. El pragmatismo desarrollista. Dirigentes y planificadores socialistas que se autolimitan, de forma explícita, a tratar de hacer “lo mismo que el capitalismo, aunque mejor” (y en general no lo consiguen).Yo diría que hay que desechar esas dos tentaciones.¿Y cuál sería la vía de avance para un “socialismo del siglo XXI”? Uno tiende a decir que habría de tratarse de un avance cauto, sin “grandes saltos adelante”, con el gradual desarrollo de nuevas instituciones, nuevas formas económicas, nuevas relaciones sociales. Vuelvo a subrayar la idea de poder capacitante (no me gusta demasiado el término inglés empowerment).Y sin embargo… nuestra trágica paradoja es que ahora no sólo tenemos que considerar las discontinuidades y turbulencias de la historia humana. ¿Podemos permitirnos ir despacio? Todo indica que no –si miramos hacia los niveles más básicos de relación entresociedad y naturaleza, ese metabolismo ecológico-social que antes evoqué…“Lo que se nos viene encima es mucho con demasiado”, decía en 2010 muy expresivamenteun ciudadano cubano ante la perspectiva de cambios económicos en la isla caribeña. Pues bien, lo que en plano mundial se nos viene encima sí que es mucho con demasiado. Peak oil y final de la era del petróleo barato, calentamiento climático, hecatombe de diversidad biológica, gobierno de la economía por un sistema financiero desregulado de forma culpable por los gobiernos y atizado por una codicia demente: mucho con demasiado.En lo que se refiere a asuntos como la hecatombe de biodiversidad, el calentamiento climático, o el cénit del petróleo y del gas natural, estamos en la cuenta atrás. Laoceanógrafa Sylvia Earle –ex científica jefe de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EEUU— lo expresa con precisión: “Es la primera vez que tenemos capacidad [ci
 
entífica] para entender los riesgos que sufre el planeta, pero tal vez la última para solucionarlo”7.Por ello, deberíamos mirar de frente los dos tremendos problemas:1. El capitalismo ha podido desarrollarse gracias a un enorme subsidio natural en forma de combustibles fósiles que constituye un factor determinante en el impresionante crecimiento económico conseguido. Pero esta riqueza natural topa ahora conlímites: peak oil. Y si el capitalismo ha sido históricamente “fosilista”, si –como es elcaso— no hemos conocido otro capitalismo que el basado en los combustibles fósiles,esto tiene implicaciones de enorme calado.2. Estamos “más allá de los límites del crecimiento”: choque contra los límites biofísicos deplaneta Tierra.Hay que insistir en ello: la prolongación del BAU (Business as Usual, siglas que han perdido toda inocencia y se nos han vuelto ominosas) lleva al colapso.Nuestra perspectiva hoy no es tratar de buscar lo óptimo, sino evitar lo peor. Docta ignorantia. Y nuestro miedo más profundo: que no nos quede ya tiempo suficientepara evitar lo peor…Excurso: Homo compensator, racionalidad acotada…Por cierto, abro aquí un pequeño paréntesis a cuenta del “evitar lo peor”. Me decía hace unos días Luis Bonilla Molina, uno de los dirigentes del proceso bolivariano en Venezuela: “Ésta no es la revolución con la que soñábamos cuando éramos jóvenes militantes de trecaños, pero es la que más se le parece”. Me parece una apreciación valiosa. Podríamos incluso rebajarla, diciendo: “…pero se le parece lo suficiente”.No puedo dejar de conectar la frase del presidente del Centro Internacional Miranda con la teorización del filósofo alemán Odo Marquard acerca del ser humano como Homo compensator. Constantemente la realidad frustra nuestros ideales y expectativas –llamémoslos A--, y nos vemos obligados a contentarnos con un plan B, intentando llegar a un lugar no demasiado alejado de donde inicialmente queríamos situarnos. Si no logro A, compenso con B. Y no se trata tanto de maximizar (magnitudes, valores, realización de ideales), peligrosísimo ejercicio, como de lograr lo suficiente:por ahí llegamos al enorme asunto de la racionalidad acotada de Herbert Simon (frente a la racionalidad maximizadora de la economía neoclásica, sin ir más lejos).Ninguna revolución será la de nuestros sueños. La cuestión es que, en su sinuoso avanzary retroceder por el campo minado de la realidad, no quede demasiado lejos de lamisma.¿Cómo salimos de la trampa?Cerremos el paréntesis. En el pasado –pensemos sobre todo en el trágico siglo XX— las elites que controlaban los estados industriales modernos no fueron capaces de evitar desastres de la magnitud de las guerras mundiales. ¿Cabe esperar que sean más diestras, capaces y afortunadas en el siglo XXI?Los liberales del siglo XIX –por ejemplo, británicos como Richard Cobden y John Bright— creían que la guerra se había vuelto irracional. El comercio internacional había creado o estaba creando un mundo interdependiente donde la prosperidad se hallaría alalcance de todos. Esta visión culminó con un famoso libro de Norman Angell: The Great Illusion, publicado en 1909. Angell sostenía que la guerra se había vuelto anticuada. La industria y el comercio, y no la explotación de los pueblos sometidos, eran la clave de la riqueza de cada nación. La conquista militar conllevaba enormes c

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