Título: De la autoestima al egoismoAutor: Jorge Bucay, Manuel Gonzalez GilPrimera edicion: mayo 1999Enviado por: CarolEditado: Mar L-01 – 20/02/04
ÍNDICE
PrólogoDe la autoestima al egoísmo.Miedos.Culpa.
PRÓLOGO DEL AUTOR
Me siento en mi computadora a escribir el prólogo de este libro y sólo me aparece la gratitud. Gracias a Perla,responsable de la idea de este libro, que pacientemente grabó una y otra vez las charlas que contiene.Gracias a Miguel Lambré, quien insistió y trabajó para hacer de esa idea una realidad.Gracias a Karina Bonifatti, por ayudarme a convertir mis charlas en un texto escrito.Gracias a los lectores, que amorosamente me animan con sus cartas y halagos a seguir publicando.Gracias a cada uno de los asistentes a las charlas, por haber hecho posible que éstas sucedieran.Y por último, como suele pasarme después de haber puesto en palabras mi emoción, aparece algo más. Aparecenmis ganas de hacerles un regalo...Este cuento me lo contó hace algunos meses un amigo, al encontrarnos en un estacionamiento:A
una estación de trenes llega, una tarde, una señora muy elegante. En la ventanilla le informan que el trenestá retrasado y que tardará aproximadamente una hora en llegar a la estación. Un poco fastidiada, la señora va alpuesto de periódicos y compra una revista, luego pasa por una tienda y compra un paquete de galletitas y una latade refresco.Preparada para la forzosa espera, se sienta en uno de los largos bancos del andén. Mientras hojea larevista, un joven se sienta a su lado y comienza a leer un periódico. Imprevistamente la señora ve, por el rabillo delojo, cómo el muchacho, sin decir una palabra, estira la mano, agarra el paquete de galletitas, lo abre y despuésde sacar una comienza a comérsela despreocupadamente.La mujer está indignada. No está dispuesta a ser grosera, pero tampoco a hacer de cuenta que nadaha pasado; así que, con gesto ampuloso, toma el paquete y saca una galletita que exhibe frente al joven y se lacome mirándolo fijamente.Por toda respuesta, el joven sonríe... y toma otra galletita.La señora gime un poco, toma una nueva galletita y, con ostensibles señales de fastidio, se la comesosteniendo otra vez la mirada en el muchacho.El diálogo de miradas y sonrisas continúa entre galleta y galleta. La señora cada vez más irritada, elmuchacho cada vez más divertido.Finalmente, la señora se da cuenta de que en el paquete queda sólo la última galletita. “No podrá ser tan caradura”, piensa, y se queda como congelada mirando alternativamente al joven y a las galletitas.Con calma, el muchacho alarga la mano, toma la última galletita y, con mucha suavidad, la corta exactamentepor la mitad. Con su sonrisa más amorosa le ofrece media a la señora.
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