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Simmel y La Cultura Del Consumo

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07/12/2013

 
SIMMEL Y LA CULTURA DEL CONSUMO
 José Miguel Marinas
Universidad Complutense de Madrid
RESUMEN
Este artículo, que se encuadra en una serie de trabajos sobre los orígenes de la cultura delconsumo en el principio de siglo, presenta un recorrido por los textos simmeliamos relativos a laconstitución de la identidad social basada no en el paradigma de la producción, sino en la rela-ción con los objetos y procesos del consumo. Antes de la pauta del consumo de masas surge y segeneraliza un modo cultural basado en el lujo y su ostentación (
consumo conspicuo,
segúnVeblen) y, en general, de la mediación de las mercancías y su lógica (fetichismo) como formado-ras de los sujetos sociales. Los elementos críticos y creativos que Simmel elabora resultarán deuna enorme fecundidad en autores como Kracauer y, sobre todo, Walter Benjamin. De estaherencia en el análisis de las metrópolis de los pasajes comerciales
(Passagen Werk)
se da cuentadetallada en la segunda parte de este trabajo.
Simmel sabe más de la sociedad de consumo por berlinés que por sociólo-go. Al menos ésa es la primera caracterización de sus comentaristas actuales.La sociedad en la que vive se encuentra en el momento de transición, rico entensiones latentes, entre una industrialización consolidada y los efectos noprevistos de la misma. Entre un sistema de pautas productivas que ahorma lavida y un repertorio de identidades cambiantes cada vez más volcadas dellado de los objetos, los signos, el universo del consumo. Como entre doscalles berlinesas, Simmel vive entre el capitalismo de producción, triunfanteen apariencia, y las primeras crisis de éste, que se intentan paliar o sustanciar
89/00 pp. 183-218
 
en la otra escena: la del tiempo quebrado, plural y espectacular del consumoincipiente.Como Veblen acuñó para su final de siglo, el modelo de sociedad con elque Simmel se enfrenta es el del consumo conspicuo. Una sociedad en la quela acumulación dineraria de la industrialización engendra una nueva claseociosa. Y, sobre todo, propone un nuevo modelo de socialización: la pauta deconsumo elitista que se da como espectáculo a la emulación de las nuevascapas sociales de trabajadores a los que inquietan y atraen los signos de lanueva riqueza. Pero el impulso de Simmel no cuaja sólo en una mejor modeli-zación de la economía. Como el jefe samoano que retrató su sorpresa ante laEuropa de los años veinte en el libro de cartas
Los Papalagi 
1
, Simmel lleva suextrañeza hasta la indagación de la cultura profunda que genera la moda y elconsumo en todos los campos de la vida. Así descubre la fractura de los tiem-pos y los intentos de sutura que supone el troquelado de las mentalidades porla técnica, la construcción social de la forma mercancía y del dinero, la impor-tancia de la moda (que aprovecha las desigualdades y las domestica), y la posi-bilidad de la estilización de la vida.Lo que está cambiando no es sólo un sistema económico y sus reglas. Lagran mutación, por debajo incluso de las representaciones conscientes de laciencia y de la política, toca a la misma esencia del tiempo, a la redefinición delos espacios, a las formas de la identidad. Los personajes sociales del protocon-sumo moderno —del consumo aún no generalizado como pauta de masas: estoocurrirá en la segunda posguerra mundial— participan de la lógica del progre-so y del tiempo largo de la historia, pero al mismo tiempo son prisioneros deotro tiempo rompedor y exigente: el instante. Esto no se lo dicen las procla-mas, se lo pone en el cuerpo la moda, se lo inculca la rítmica interna de lasgrandes ciudades, se lo exigen los nuevos objetos de la vida cotidiana. Todosellos sometidos y sometedores al pasar, al triunfo de lo efímero. La mirada deSimmel es pionera en el análisis de la sociedad de consumo precisamente por-que es el primero en plegarse a la vida de las cosas, a lo fugaz que adviene, a lossujetos sociales fabricados por la nueva cultura. Como pronto comprenderánsus seguidores (Lukács, Kracauer, Benjamin) e incluso sus colegas e interlocu-tores (Weber, Sombart), Simmel es el primero que advierte la llegada de unmodo de socialización que redefine la mirada sociológica, pide conceptos nue-vos sobre la vida económica e instaura un modelo de análisis de los fenómenosdel consumo. Estos pasos más su herencia inmediata —personificada en Benja-min— forman el itinerario que sigue. Así, el recorrido por este gran inventorde miradas y de objetos sociológicos trata de mostrar cómo es su teorizaciónsobre la sociedad de consumo, cuál es la relación con las mercancías ejemplifi-cada en el dinero, cómo es el nuevo tiempo de la moda, qué da de sí su heren-cia para entender el consumo contemporáneo.
 JOSÉ MIGUEL MARINAS
184
1
Ed. Pastanaga, Barcelona, 1982.
 
LA CARA OCULTA DEL CONSUMO Y DE LA SOCIOLOGÍA Simmel en su recepción contemporánea va ganando dimensión como teó-rico del consumo, precisamente en el mismo sentido en que lo hace el propioMarx, en quien se inspira y a quien trata de superar leyéndolo críticamente.Efectivamente, Marx traza el análisis del sistema capitalista partiendo del para-digma de la producción
2
y, sin embargo, al analizar la esencia misma de la mer-cancía resultado de este nuevo modo, inicia ya el fundamento crítico de la fasecapitalista del consumo. La forma mercancía constituye un modelo estructu-rante de las relaciones sociales en su conjunto. La dinámica de la producciónen este sistema, que cuando Marx hace su crítica está —dice Benjamin— en suinfancia, se ve sometida a un nuevo principio objetivador y troquelador de lassubjetividades: el que marca el fetichismo de la mercancía, en el que la propie-dad y posesión de los bienes desborda la relación individuo-producto paraabrirse a la relación
estilo de vida-intercambio de bienes 
. Relación ésta en la queSimmel, sensible a la tarea moral de los individuos, da lo mejor de sí abriendoel campo de la producción al sistema de reglas más amplio que ya incluye elconsumo contemporáneo. El sujeto del consumo no es el individuo
3
, sino elentramado de relaciones reales y simbólicas que éste mantiene y que Simmelllama inauguralmente estilo de vida. El objeto del consumo no es el bien quese compra, sino una red mayor de pautas culturales, de relatos y signos en laque los objetos se presentan y adquieren argumento, esto es, sentido.Por eso se puede decir que Simmel, que ve lo que los demás teóricos noaprecian, traza por primera vez un mapa de la cara oculta del consumo. Y notanto porque lleve la mirada del lector hacia pasajes escabrosos, sino porquelevanta las definiciones de lo evidente para mostrar todo el recorrido de lo quela academia ha acotado y etiquetado. La cara oculta lo es no por azar ni porfatalidad, sino porque la mirada hegemónica no se dirige a ella. La realidad nodicha del mundo del consumo consiste en su globalidad, en el carácter incons-ciente de los procesos, en la determinación cultural de las relaciones económi-cas, en el carácter sociológico de las emociones que bullen en la esfera de loprivado. Éste es el primer cambio de perspectiva que aún sigue suscitando pre-guntas e interpretaciones. El que lleva a superar la esfera economicista
4
y la del
SIMMEL Y LA CULTURA DEL CONSUMO
185
2
En ese sentido lo encuadra José M.ª G
ONZÁLEZ
en su «Georg Simmel y Max Weber», enE. L
 AMO
, J. M. G
ONZÁLEZ
y C. T
ORRES
,
La sociología del conocimiento y de la ciencia
, Madrid, Alianza, 1994, p. 255.
3
 Aunque Simmel señala el gran emergente de la cultura individualista como propia de la socie-dad de consumo que se forma en el final de siglo, «individuo» siempre apunta, en su constitución, auna red de relaciones económicas y culturales y, en su tarea social y moral, a una red de vinculacio-nes en el espacio público. Véase a este respecto el trabajo de Bruno A 
CCARINO
, «Vertrauen und Vers-prechen. Kredit, Öffentlichkeit un individuelle Entscheidung bei Simmel», en H. D
 AKME
O. R 
 AMMSTEDT
,
Georg Simmel und die Moderne 
, Frankfurt am Main, 1984, pp. 116-147.
4
Sobre la recepción de Simmel en el contexto económico, D. L
 AIDLER 
y N. R 
OWE
, «GeorgSimmel’s
Philosophy of Money:
 A Review Article for Economists», en D. Frisby (ed.),
Georg Sim-mel. Critical Assessments 
, Londres, Routledge, 1994, vol. II, pp. 264-274.

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