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POLEMICA INTELECTUAL 2007Mensaje de Francis Sánchez
Francis Sánchez
A
rturo Arango se pregunta por qué los jóvenes no entran en esta polémica. Voy. Nací el mismoaño del Congreso de Educación y Cultura en que Fornet cifra el inicio del "periodo gris". No sé siaún soy joven, no sé de qué forma el desencadenamiento de este "susto" me pertenece, y si esprincipio, mitad o final de tragedia, novelón o comedia… ¡Sí me duele esta intelectualidad cubanade la que soy parte, lo que va quedando de nosotros! Es deprimente.Amir lo ha sugerido con aprensión, lo tengo advertido hace rato: vivimos en lo fundamental fuerade la historia, nos fueron poniendo —y nos acomodamos— al margen, hasta esta posición decada día, amnésica, inofensivamente al margen. Habrá círculos del infierno más inclementes,celdas de castigos peores, por estrechas, y circunstancias de castigos y ostracismos tal vez máscrueles para los huesitos humanos que pueden repartirse los cangrejos, como lo que vivió unDelfín Prats sin derecho incluso a ejercer lenguaje de mudos, o aquel calvario (?) que pudosignificar para algún escritor tener que trabajar en las sombras de la Biblioteca Nacional, cuandono de alguna municipal. Pero no debe de haber al cabo, en nuestra historia, un campo de acciónintelectual tan estrecho, asfixiante y por eso tan ridículo, como este del que hemos hecho folclor los escritores e intelectuales cubanos en general durante las últimas décadas.Veo normal que se tema por el regreso de esas "torturas". Pero a mí, entre finales de los ochentay buena parte de los noventa, nadie me condenó a vender tapitas de litro de leche puerta por puerta, ni a cambiar ropa vieja por libras de arroz en las arroceras del fin del mundo —una partedel fin que queda cerca de la costa sur de Sancti Spíritus—, y nunca tuve la suerte de contar conun verdugo en la esquina contraria —como decía aquel boxeador de un filme: "en el ring almenos sé de dónde vienen los golpes"—, que una "parametración" me obligase a cortar hierba enlos naranjales para venderle a los cocheros. De todo eso hice, también temo tener que volverlo ahacer, digo, y no sé a quién temerle. ¿Pobre de mí que ni Pavón tengo?Vuestro barullo es bastante habanero, así vuestras referencias tienen el don extenso de lamercancía con valor simbólico nacional e internacional. Las desgracias humanas arrastran lacaracterística de padecerse siempre demasiado concretas, con fecha, lugar, rostros exactos, perocuando se vive en un cuartón de provincias la contextualidad de la queja o la comunicación senos hace polvo en las manos, nuestra sangre como "evidencia" se confunde rápido con la tierraque pisamos, y esas exactitudes difícilmente llegan a hacerse visibles más allá de "la pocilga"(como le decía Arzola al hato de Ciego de Ávila).Si Arzola hubiera escrito que yo y Adrián fuimos a sacarlo de aquel cuartel de Jatibonico donde lehabían dado buena tanda de patadas, nuestros nombres no ilustrarían nada. Si yo contara aquíahora mi calvario vivido —hace muchísimo menos que lo que dista de los años 70, nací ese año— en una oscura editorial provincial para publicar un libro de cuentos, por tener un nombresospechoso el libro y yo detrás más de un agente en busca de sospechas, agentes con nombresque no dirían nada a nadie —nunca tronados, siempre promovidos— poco aportaría a estatragicomedia cuyo tramado central es capitalino.Si jugáramos a otra cosa que no fuera la ingenuidad y el miedo a cogernos la manito de escribir con la puerta, temeríamos algo peor que estos "crímenes" intelectuales, estos "verdugos"gremiales, jugaríamos a ser menos "intelectuales de farándula", esta versión carnavalesca del"artista de capilla", pues en esa otra dirección es como me imagino que debió continuar en serioel juego de aquella línea ascensional de lo mejor de la intelectualidad cubana del siglo XIX, con
 
Martí a la cabeza, y no menos cívica, comprometida y abierta en el XX, con Varona, FernandoOrtiz, Mañach, Villena y tantos.Para esa tradición que nos juzga desde los genes, los acicates, los problemas culturales siempreestuvieron en el pellejo de todos los cubanos. Es patético este circuito cerrado que hemosaceptado como el nicho ecológico donde debemos vivir y desarrollarnos en lo literario yextraliterario, sin cámara de ecos posible, al margen de los tantos y tan cruciales dilemas de lavida, sin pertenencia a un cuerpo y una fluencia vital que rebase nuestra suerte, preocupados nomás que del ciclo de nuestra subsistencia cultural. Circuito que construimos a diario, dondetransmitimos y retransmitimos una imagen de nosotros mismos tan ñoña, caricaturesca oreducida.¿A correr y juntarnos porque salió Pavón en la televisión? ¿Salió caminando una cucaracha quecreíamos muerta? Me parece algo divertido en medio de la casa en que vivo, que es tan grande ytiene pendientes problemas y sustos tan graves. Por poner un ejemplo: ¿algún intelectual cubanose ha pronunciado sobre el "plan carretera"? "Plan imagen", creo que le dicen también. Vasmirando por la ventanilla de un ómnibus y crees que te enteras: a lo largo de la carretera todosconstruyen, todos cambian paredes de tablas y ladrillos por gruesos muros de bloques, echantechos de placa, sustituyen bohíos y casas regulares por casas buenas, etc. Yo me enteré mejor:a mi tía, que vivía al final de un terraplén por donde sólo pasa algún que otro tractor, se le quemósu casa con todo dentro. Así, sin nada, mi tía lleva ya casi dos años, porque están priorizadas lasconstrucciones de aquellos que viven donde puedas verlos cuando pasas en auto.Me parece indecencia mayúscula que en mi hogar, mi país, con un déficit habitacional tan grande,se juegue de esta manera con una necesidad así, al punto de definir el problema, la respuesta yla economía de los recursos básicos como cuestión de "imagen" pública. ¿No puede ser estosíntoma de un mal gravísimo? ¿Cuándo en la historia de Cuba este dejó de ser el tipo deproblemas de sus intelectuales? Desgraciadamente para todas esas personas que viven lejos delas carreteras y fuera, muy fuera de los foros públicos y especializados —ni imaginar que tengandirección de correo electrónico—, desgraciadamente para el devenir de una nación cuyasnecesidades entroncarían siempre con los valores éticos, para la identidad y el sentido de ladignidad del cubano, tales imágenes no entran en nuestros circuitos cerrados, no escribimos deeso, nuestros debates no desbordan nuestros eventos culturales y no escapan al marcoministerial, nuestras revistas especializadas no tienen secciones para eso.¿Pavón creó el Congreso de Educación y Cultura? ¿Allí los documentos rectores se aprobaronsólo con su voto? ¿Él llenó las calles de la isla con lemas como ese: "La calle es de losrevolucionarios"? ¿Es tan dicil imaginar a qun pedirle cuentas en una sociedad tancentralizada y con tanta concentración de poderes?Pareciera que el largo proceso de evolución de los escritores desde 1959, con nuestro profundocomplejo de supervivientes sociales, nos ha llevado a adaptarnos a lo que en algún momento fueuna malformación: saber exactamente en cada momento y lugar cómo mirar para el "otro" lado.La valentía me parece algo peor que un despilfarro cuando los golpes van a parar al chiquito. Esmuy lindo, glamoroso casi, ponerse un nombre al pie de una vitrina, viniendo de una época así, alparecer cerradita: "periodo gris", y tener hasta "verdugo" condenado por un tribunal y queconcede entrevistas a la televisión. Pero, víctimas de entonces, sobrevivientes, incluso si quierenocuparse apenas del pisotón al escritor o al artista, queda mucho por ver aún aquí, ahora, todoslos días. Y me abstendré de llevar nota de cada joven o menos joven trastocado en "apestado"por determinados periodos o perpetuamente, no lo en La Habana, tambn en lugaresintrincados de la geografía nacional, como Holguín, quizás por ser un criticón, o por pasarse dedeterminadas rayas, algunos tan jodidos que ni nombres tienen para que un alguien se cuide deborrarlos u otro alguien se afane en rescatarlos.
 
Pediré que se atienda a un síntoma peor, más nefasto, que no es el "martirio", ni la inclemenciaasumida, algo en definitiva consustancial al destino del hombre de alta cultura al menos ennuestra tradición idealista, sino el decadente síntoma de la simulación y el vasallaje, la carrerapor ser un intelectual en tono "correcto".La televisión en estos días, a propósito del cumpleaños de Fidel, nos ha traído a determinadospersonajes tan o más preocupantes que Pavón. Parecen nuevos, desconocidos, pero tienennombres y rostros de escritores —muchos jóvenes, algunos muy jóvenes— que creíamosconocer desde hacía tiempo, veníamos compartiendo ideas con ellos, crendoles lo queescribían, y de pronto están ahí, trajeados, interpretando discursos y papeles tan distintos, de unoficialismo ramplón. La AHS los aúpa como la nueva "vanguardia".¿Por qué los necesitan a ellos en esa postura? ¿Por qué ellos necesitan montarse esospersonajes? ¿No será síntoma de una fragilidad gravísima? ¿Será que, según la idea que tienende sus vidas, y de acuerdo con las aperturas que la sociedad se permite, no les queda otra salidapara que los acepten e "imponerse"?Ya están en la televisión, ganarán más premios, recibirán condecoraciones, ocuparán puestosacadémicos, integrarán delegaciones oficiales al extranjero: son confiables. Es como funciona unsistema discriminatorio que a veces ni se pule y agota en el cerco a la oveja negra, sinoprecisamente en la promocn y calidad de vida del intelectual que aca en falso uoportunamente conforme.La oficialidad refrenda a ese tipo de intelectual, que evita un comportamiento problemático, capazde convertirse en vocero coyuntural, o de prestarse para confundirse entre la masa coral, dandola imagen de que las consignas y los discursos gastados, impersonales, también provienen de loscauces por donde se van armando las calidades artísticas de estos creadores. Intentamos,aprendemos a sobrevivir en las grietas del pedazo de espacio al aire libre que nos tocó. Esteefecto camaleón es, también, aceptémoslo, herencia de nuestros periodos grises, legado denuestro afán de supervivencia y nuestro endémico instinto de adaptación. Lo peor es que vidapública y oficialidad en Cuba llenan el mismo espacio, y las grietas que la política deja en larealidad pueden hacerse tan pequeñas que finalmente ni Dios habite en ellas. Entre ese miedoque nos sube la adrenalina, miedo a otros, como a un decrépito Pavón, debíamos dejarle lugar aun poquito de vergüenza por nosotros mismos.Francis SánchezCiego de Ávila
Mensaje de Francis Sánchez a Orlando Hernández
Por casualidad he podido leer este mensaje tuyo a Arango, lo digo así porque está a mitad de unatira de mensajes que recibí a partir de un envío de Desiderio para ti. Y me ha gustado mucho,pero mucho, todo lo que dices, ese mensaje no lo conocía. No te conozco, tú no me conoces.Afirmas: "Me gusta insistir en esta idea de hacer de este asunto un problema social y nosimplemente gremial. En verdad sería muy triste que todo esto cayera dentro del ridículo buzónde quejas y sugerencias del Ministerio de Cultura..." Apoyo eso, es de lo mejor que he leído.Yo escribí en un arranque algo a lo que titulé "Las crisis de la baja cultura", lo envié a la lista dedirecciones que tenían aquellos mensajes originales que habían caído en mi bandeja de entrada,parece que tú no lo has recibido, verías que —creo— coincidimos en algo esencial. Tampoco hetenido casi eco, a no ser un mensaje de Ena Lucía, y el apoyo de otros escritores desde distantesriberas, como Amir, Sánchez Mejías, Arzola y Soto. Me imagino que la situación de estos en ladiáspora es siempre así de acuciante, están humanamente más necesitados de juntar el alma
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05 / 22 / 2011This doucment made it onto the Rising List!
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