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Balzac Honore de - Papa Goriot

Balzac Honore de - Papa Goriot

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08/07/2013

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Honorè de Balzac.
 Papá Goriot.
Introducción.
El hombre.
 Nacido en 1799, Balzac procedía por su padre de una familia de campesinos de Tours; sinduda de aquí le vino el vigor de su naturaleza, tanto físico como moral. Formaban lafamilia del pequeño Honorè el padre y la madre, con otros tres hijos, dos hembras y unvarón. Gozaban, al parecer, de cierta consideración y más adelante vemos al padrenombrado intendente militar, trasladándose con este motivo a París con toda la familia.El futuro escritor aprendió las primeras letras en el colegio de “Legay”; de allí se le envióal Oratorio de Vendóme, donde estudió como interno y donde permaneció seis años.En 1814 y a raíz del nombramiento del padre, la familia pasó a París y con ella Honoré;ingresó en el Liceo “Carlo Magno”, viviendo en una pensión, bastante separado de lafamilia. Ni ahora en el Liceo, ni antes en el Oratorio, se manifestó con demasiadas aptitudes parael estudio. Leía mucho a escondidas; fue su gran afición, como lo fue de todos los grandesescritores; como Cervantes, leía todo lo que le caía en las manos; su curiosidad le llevó ainteresarse por las materias más diversas; lo hizo, de manera especial, por las cienciasnaturales, lógica afición en quien, como él, se preocupó tanto de los misterios de la Naturaleza.De esta afición podemos seguir el rastro, en citas o alusiones a través de su obra, y lamejor quizá de ellas “Le Père Goriot”, está dedicada al primer naturalista de la época, aGeoffrey Saint-Hilaire, para el cual escribió esta dedicatoria fervorosa:
“Al ilustre, al  grande, Geoffrey Saint-Hilaire, como testimonio de admiración a sus obras y a su genio.
Pero no sólo ocupaba Balzac su tiempo en leer; también lo hacía en pasear, en fijar laatención en la vida que se desarrollaba a su alrededor, y sobre todo, en las personas.Aquí estaba el secreto de aquel misterio que Zweig no acertaba a descifrar; es decir, sucapacidad asombrosa de comprensión, su dominio en todas las materias y, sobre todo, enel conocimiento de los hombres; estaba en esta pasión por la lectura manifestada desde su primera edad, unida a un don excepcional de observador y a una memoria prodigiosa.Esto lo explicaba todo, todo, desde luego, lo que se puede explicar en materias como ésta: por el mismo motivo -siempre con esta parte de misterio que envuelve la actividad delcreador- pudo crear el padre Goriot, el símbolo de la paternidad, él que se casó ya viejo ysi tuvo hijos -que los tuvo- no convivió con ellos en un hogar.Alternando con los estudios, Balzac trabajó más adelante en el despacho de un abogado, yen el de un notario; su padre estaba, en efecto, empeñado en que fuera notario, pero lossueños del joven estudiante iban por otros caminos.Sus ilusiones, su ambición, que fue siempre grande, así como su inclinación, le llevaba,en efecto, a la literatura. El primer fruto fue una tragedia en verso,
Cromwell 
, en la cualdepositó grandes ilusiones, muchas más desde luego de las que podía depositar; pareceéste, de paso, el principio de todos, o de la mayoría, de los grandes escritores: hacer teatroen verso y hacerlo malo.La familia, tras la jubilación del padre, había dejado París y se había instalado enVilleparisis, no lejos de la capital. Balzac se trasladó a este pueblo y leyó su obra en elcírculo de la familia, a la que fueron invitados algunos amigos más o menos aficionados a
 
la literatura. La lectura no despertó entusiasmo; hubo, cuando menos, diversidad deopiniones; la prueba, desde luego, constituyó para él una decepción. No obstante, no se conformó con el juicio de los suyos; Balzac acuda un hombrecompetente, a su juicio, “un buen viejo” -dice Gautier, no sin ironía-, ex-profesor de laescuela Politécnica, un sabio oficial, pues, y reconocido; el juicio fue rotundo, sinapelación, y debió caer sobre él como un rayo. “
 El autor de aquel engendro
-dijo-
debíadedicarse a cualquier cosa menos a la literatura.”
Cansado de luchar y pasar privaciones, un tanto decepcionado, Balzac volvaVilleparisis con la familia; desde allí, no obstante, hacía continuas escapadas a París,donde había hecho amistades, donde, no cabe duda, pensaba siempre volver, y donde, lomás importante, había publicado ya sus primeras obras, aunque firmadas todas conseudónimo.Su vocación, es verdad, era demasiado firme. No en vano, y como dice Gautier,
“en susdías del Oratorio, Balzac había escrito el tratado de "la Voluntad"”
; no en vano habíaconocido los días gloriosos de las guerras napoleónicas y era hijo de su siglo, de aquelsiglo en el cual, como dice Musset, todas las conquistas, todas las proezas parecían posibles.Balzac redobló su actividad en el campo del folletín, donde había hecho ya las primerasarmas. Era la época. El folletín estaba, en Francia, en su auge mayor, en su plenitud; losfamosos de la literatura eran entonces los grandes folletinistas; eran Dumas, Ponson duTerrail, Paul Féval, Xavier de Montepin y el formidable Eugenio Sue. Todos elloscontaban con un público fervoroso que devoraba sus producciones, un público queagotaba las ediciones de los periódicos, en los cuales, día tras día, aparecía el folletín.Balzac, ambicioso de éxito y de fortuna, había ingresado en el gremio. Procuró imitarlos,atraer el interés del público hacia sus producciones; no lo consiguió, cuando menos en lamanera ni con el éxito de aqllos. Nos cuenta Gautier que la aparición de
 LosCampesinos
,
“obra
-dice-
maestra”
, provocó un gran número de bajas en los abonadosde “La Presse”, donde apareció el primer capítulo de la obra, de tal modo, que tuvo quesuspenderse la publicación.
“¡Encontraban a Balzac aburrido!”
 No obstante, en esta época Balzac escribía obra tras obra, sin descanso, con escaso provecho material y muy poca fama, y siempre, y como hemos dicho, firmadas conseudónimo. En un cierto momento de su vida, cuando empezó a publicar con su nombre,confesaba que había escrito con diversos seudónimos un centenar de obras, “
 para tener 
,como decía,
 suelta la mano”.
Ya aquí se delataba en él la inclinación a las vanidades humanas.
Debió de haber algo asimismo de herencia paterna; vemos, en efecto, que el padre en1802, poco después del nacimiento del futuro escritor y viviendo todavía en Tours, añadió por primera vez el “de” a su apellido, “de” que adoptaría en seguida el escritor,aficionado a las grandezas nobiliarias, a los títulos heráldicos, verdaderos o imaginarios;las más veces, en efecto, tuvieron que ser de estos últimos, como las riquezas, a las quetambién aspiró.En los libros que escribió en estos días, en los seudónimos que usó -y no fueron pocos-daba suelta a este afán de grandezas; todos, en efecto, los firmaba con nombres pomposos, con apariencias de nobleza; por ejemplo, Horace de Saint Aubin, LordR'Hoone, de Villerglé, etcétera. Con ellos se desahogaba, se vengaba, sin duda, del pobre“de” de su nombre, y sobre todo, de la falta de dinero. No tardó, en efecto, en darse cuenta de la importancia del dinero en la sociedad en que semovía, y sobre todo, en el medio en el cual aspiraba a figurar. El dinero fue pues desde el
 
 primer momento, el objeto principal de su ambición.
“El dinero, en París,
lo había dichoo lo había visto
 , lo es todo.
Era nuestro “tanto tienes tanto vales”, más viejo que elmundo. El descubrimiento no era, desde luego, importante, y sobre todo, no era nuevo.
“En París
-decía también-
no se cree en el talento si no va acompañado de la riqueza, ono se cree en el talento pobre”,
lo cual no se daba sólo en París.Con la idea de dinero emprendió algunos negocios, relacionados con la edición de libros;lo hizo unas veces solo, otras asociado, pero siempre sin fortuna. La primera vez se asociócon el editor Canel para la edición de la obra entera de Molière en un volumen; salió conuna deuda de 1500 francos, primera carga de aquella deuda, siempre creciente, que habríade seguirle a través de la vida.Balzac no se desanimó -sería también el signo de su vida-; con la idea de pagar aqueldébito, adquirió una pequeña tipografía y fundó la sociedad “Balzac y Barbier”; no sólono consiguió pagar la vieja, sino que las contrajo nuevas. Insistió aún; añadió un nuevonombre a la sociedad, que se llamó “Balzac, Barbier y Laurent”, y con el dinero aportado por el último, amplió el negocio.Esta vez fue peor; el socio Barbier se retiró y exigió que se le devolviera su parte; cundióel pánico entre los acreedores y se produjo el desastre: la quiebra, a la que tuvo Balzacque hacer frente.Afortunadamente hacía algún tiempo que el escritor había conocido -había hechoamistad- con una dama, la señora de Berny.Reunía la señora de Berny, en su persona, las condiciones principales que reclamabaBalzac en las damas con las que tenía amistad, de las que se enamoraba, o se enamorabande él, como en el caso presente. La señora de Berny era mayor -le llevaba 22 años-; estabacasada, y lo más importante, era rica.Las relaciones con la señora de Berny habían empezado hacía poco y durarían hasta lamuerte de la dama, ocurrida, para fortuna de él, bastante después. Con el tiempo, tendríaaún ocasión de ayudar a Balzac en algunos apuros.De momento, la señora de Berny le salvó de la quiebra adelantándole los 45.000 francos,que no era en aquel tiempo suma despreciable, si se tiene en cuenta el valor de la moneda.Se ha hablado, a propósito de esta amistad, de la fidelidad que guardó siempre el novelista por esta señora.
“Siempre sintió Balzac
-se ha escrito-
una infinita veneración yagradecimiento por esta dama a la que guardó fidelidad hasta su muerte.”
Yo no creoque hubiera en el hecho un gran mérito de parte de Balzac, ya que hasta la hora de sumuerte, la señora de Berny continuó ayudándole en sus apuros -sin contar este primero y pasó Balzac temporadas -siempre que quiso- tratado regiamente en las posesiones de lacitada señora en las afueras de la capital.La quiebra señala el final de una etapa en la vida de Balzac. A partir de aquí decidededicarse ya de lleno a la literatura, y más concretamente, a la novela; al cabo de pocoaparece
 Le dernier Chuan
, la primera de las novelas firmadas con su nombre, que ve laluz en 1829 y que constituye su primer éxito.En este tiempo empieza Balzac a aparecer con la figura conocida y ya con susextravagancias en el vestir y en la conducta.En lo físico, era un hombre grueso; no era alto, llevaba la camisa descubierta y mostrabael cuello poderoso, de toro; la expresión del rostro era jovial, con una especie de hilaridad poderosa, de una alegría rabelesiana, y así era su risa; tenía la frente despejada, pero loque, sobre todo, atraía en aquel rostro eran los ojos.
“Eran ojos
-dice Gautier-
con fuerza para hacer bajar las pupilas a un águila, capaces para leer a través de los muros y en el interior de los pechos, y de fulminar a una fiera encolerizada, ojos de soberano, devisionario, de domador. “

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