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El Teorema Del Loro

El Teorema Del Loro

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Published by: Pennelope Huerta Rangel on Aug 22, 2012
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El teorema del loro
A Bertrand Marchadier
Gracias a Brigitte, Jacques Binsztok, Jean Brette, Christian Houzel, Jean-Marc Lévy-Leblond e Isabelle Stengers.
 
El teorema del Loro
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1. SINFUTURO
Como todos los sábados, Max se había dado un garbeo por las Pulgasde Clignancourt; había ido a pie por el norte de la colina de Montmartre.Después de revolver en el tenderete del vendedor a quien Léa habíacambiado las Nike manchadas que Perrette le había regalado la semanaanterior, entró en el gran almacén de excedentes coloniales y se puso aescarbar en un montón de objetos heterogéneos cuando divisó, hacia elfondo del local, a dos tipos elegantones muy excitados. Pensó que sepegaban. No era asunto suyo. Entonces vio al loro; los dos tiposintentaban capturarlo.Eso sí lo convertía en asunto suyo.El loro se defendía a picotazo limpio. El más bajo de los dos hombresle agarró un extremo del ala. Rápido como el rayo, el loro se dio la vueltay le picó el dedo hasta hacerle sangre. Max vio que el individuo abría laboca gritando de dolor. El otro, el más alto, furioso, asestó un puñetazo ala cabeza del loro. Max se aproximó, creyó oír al loro aturdido quechillaba: «Asesi... Asesi...» Uno de los dos individuos sacó un bozal.¡Poner un bozal a un loro! Max arremetió contra ellos.En ese mismo instante, en la calle Ravignan, Perrette, que contenía larespiración a causa del fuerte olor a aceite de motor, entró en el garaje-habitación. Separó las cortinas de la cama con baldaquín y alargó unacarta a Ruche. Un sello del tamaño de un boniato coloreaba el sobre. ¡Unsello de Brasil! Perrette observó que la carta había sido echada al correohacía bastantes semanas. El matasellos informaba que venía de Manaos.Pero Ruche no conocía a nadie en Brasil y mucho menos en Manaos.Monsieur Pierre Ruche 1001 Hojas Calle Ravignan París XVIIIFranciaLas señas de la carta eran correctas, aunque faltaba el número de lacalle y la razón comercial estaba escrita de forma curiosa: «1001» enlugar de «Mil y Una».
 
El teorema del Loro
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Manaos, agosto de 1992 Querido 
π 
R: La manera de escribir tu nombre te revelará quién soy.No te desmayes, soy yo, tu viejo amigo Elgar a quien no ves desde hace... medio siglo, sí, sí, lo tengo contado. Nos separamos después de habernos escapado, ¿recuerdas?,era en 1941. Querías marcharte, me decías, para seguir luchando en una guerra que tú aún no habías empezado.Yo quería abandonar Europa para dejar atrás la que, en mi opinión, había durado demasiado. Y eso es lo que hice.Cuando nos separamos embarqué hacia la Amazonia,donde resido desde entonces. Vivo cerca de la ciudad de Manaos. Habrás oído hablar seguramente de ella, la famosa capital del caucho, ahora venida a menos.Te preguntarás por qué te escribo después de tantos años. Pues para avisarte de que vas a recibir un cargamento de libros. ¿Por qué tú? Porque éramos los mejores amigos del mundo y tú eres el único librero que conozco. Voy a mandarte mi biblioteca. Todos mis libros: varios cientos de kilos de libros de matemáticas.Ahí están todas las joyas de ese tipo de literatura.Seguramente te extrañará que al referirme a matemáticas hable de literatura. Te garantizo que hay en estas obras historias que valen tanto como las de nuestros mejores novelistas. Historias de matemáticos como, por ejemplo, y cito a voleo, las de los persas Ornar al-Jayyam o al-Tusi, el italiano Niccolò Fontana Tartaglia, el francés Pierre Fermat o el suizo Léonhard Euler. Y muchos otros. Historias de matemáticos, pero también de matemáticas. No tienes por qué compartir mi punto de vista. En eso serías como tantos,infinitos, que no ven en ese saber más que un montón de verdades tristemente aburridas. Si algún día se te ocurriera abrir uno de esos libros, hazme el favor, amigo mío, de hacerte esta pregunta: « ¿Qué me cuentan estas páginas?»Estoy seguro de que entonces verás esas matemáticas tristes y opacas bajo otra luz, que te satisfará, insaciable lector de las mejores novelas. Dejémoslo aquí.En los paquetes que no tardarás en recibir está lo que, a 

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