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Revelación en la Tradición judía

Revelación en la Tradición judía

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 L
A
R
EVELACIÓN EN LA TRADICIÓN JUDÍA
 
porEmmanuel Levinas(trad. Beauplan Derilus y Carlos Mendoza)
I. El contenido y su estructura
1. El problema.
Pienso que la cuestión fundamental que nos interesa en estas conferencias no es elcontenido dado a la revelación, sino el hecho mismo
metafísico- llamado revelación yque también es el primer y el principal contenido de toda revelación. Relación insólita,extraordinaria, que une el mundo nuestro con aquello que no es más de este mundo:¿cómo es pensable esto?, ¿según qué modelo? Un mundo positivo, que desde sucoherencia y su constancia está abierto a la percepción, al gozo, al pensamiento.Mundo que nos es dado en sus reflexiones, sus metáforas y sus signos para la lecturade la ciencia. Entrarían bruscamente, por la apertura de algunos libros, unas verdadesque vendrían de otra parte
¿de dónde?-, fechadas
según una “cronología” de la
historia santa. ¡Y cuando se trata de los judíos, de una historia santa a la cual se
aproxima, sin ruptura de continuidad, una “historia para los historiadores”, una historia
profana!Que la historia santa del occidente cristiano sea, en gran parte, la historia antigua de unpueblo vivo, que guarda una unidad todavía misteriosa, a pesar de su dispersión entrelas naciones -o a pesar de su integración a esas naciones- es sin duda la originalidad deIsrael y de su relación con la revelación: de su lectura de la Biblia, o de su olvido de laBiblia, o de sus memorias -o remordimientos- que le quedan de este mismo olvido. A latransfiguración en mito, que amenaza
por degradación o sublimación- este profundopasado de la revelación, se opone la actualidad asombrosa del judaísmo comocolectividad humana. Un grupo poco numeroso y constantemente atormentado por lapersecución, debilitado por la tibieza, las tentaciones y la apostasía, pero capaz, en suirreligiosidad misma, de fundar su vida política sobre las verdades y los derechossacados de la Biblia.Y, en efecto, unos capítulos de la historia santa se reproducen en el transcurso de lahistoria profana a través de pruebas que constituyen una pasión: la pasión de Israel.Para muchos judíos que, desde hace tiempo, han olvidado
o que nunca han aprendido-los relatos y el mensaje de las Escrituras, los signos de la revelación recibida, lossecretos de esta revelación enaltecida se reducen al traumatismo de los
 
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acontecimientos vividos después del cierre del canon bíblico, después de la puesta porescrito del Talmud (por cierto, otra forma de revelación, distinta del AntiguoTestamento que es común a cristianos y judíos.) Para muchos judíos, la historia santa yla revelación que anuncia se reducen a la memoria de los trabajadores, de las cámarasde gas y de los insultos públicos recibidos en las asambleas internacionales o en laprohibición de emigrar. ¡Persecución a manera de revelación recibida!
“Acontecimientos fundantes” de los que hablaba Paul
Ricoeur al retomar la fórmula deEmile Fackenheim. ¿Se pueden decir que estos acontecimientos fundantes lo son sinreferencia a la Biblia que constituye su espacio vital? ¿La referencia no se concretiza enla lectura y la lectura no es una manera de vivir? ¡Volumen del libro a manera de espaciovital¡ También en este sentido Israel es el pueblo del Libro y por ello su relación con larevelación es única en su género. Su tierra misma reposa sobre la revelación. Sunostalgia de la tierra se alimenta de textos. Ella no saca nada de cualquier pertenenciavegetal de un suelo. Hay aquí ciertamente una presencia en el mundo donde laparadoja de la trascendencia es menos insólita.Para muchos judíos de hoy, comunidades e individuos, la revelación queda conformadacon el esquema de una comunicación entre el Cielo y la Tierra, tal como la quiere elsentido obvio de los relatos bíblicos. Es una verdad admitida por excelentes espíritusque atraviesen los desiertos de la crisis religiosas de nuestro tiempo, al encontrar elagua viva en la expresión literal de la epifanía del Sinaí, de la palabra de Diosinterpelando a los profetas. En la confianza en una tradición ininterrumpida de unaprodigiosa historia que le confirma, ortodoxos, personas y comunidades, cerradas a lasdudas de la modernidad, aun cuando participan a veces profesionalmente de la fiebredel mundo industrial, quedan, a pesar de la simplicidad de esta metafísica,espiritualmente abiertas sobre las altas virtudes y los más misteriosos secretos de laproximidad divina. Hombres, mujeres y comunidades enteras viven así, en el sentidoliteral del término, fuera de la historia donde, para ellos, no se pasan y no suceden losacontecimientos. Hay que subrayar que para los judíos modernos
os cuales son lamayoría, para quienes el destino intelectual de Occidente, con sus triunfos y sus crisis,no es un vestido prestado
el problema de la revelación se plantea con insistencia yexige esquemas nuevos. ¿Cómo entender la exterioridad propia de las verdades y delos signos revelados que golpean el
espíritu humano que, a pesar de su “interioridad”,
 está en la medida del mundo y se llama razón? ¿Cómo, sin ser del mundo, pueden ellosgolpear la razón?Preguntas que se nos presentan con agudeza a cualquiera de los hombres de hoytodavía sensibles a esas verdades y a esos signos. Ser humano moderno, más o menosperturbado por las noticias del fin de la metafísica; por los triunfos del psicoanálisis, dela sociología y de la economía política, y a quien la lingüística ha enseñado el significadode los signos sin significados. Tal sujeto, desde entonces, delante de todos susesplendores
o sus sombras
intelectuales se pregunta a veces si no se está asistiendoa unos magníficos funerales hechos a un dios muerto. Primordialmente el estatuto o el
 
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régimen ontológico de la revelación inquieta pues el pensamiento judío y su problemadebería resolverse antes de toda presentación del contenido de esta revelación.
2. Estructura de una revelación: llamada a la exégesis.
En esta parte nos dedicaremos a exponer la estructura que presenta el contendido dela revelación en el judaísmo. Ciertas líneas de esta estructura hicieron surgir, en efecto,el sentido en el cual la trascendencia del mensaje puede ser entendido. Pienso que esteplanteamiento será útil, porque las formas de la revelación, tales como aparecen a losjudíos, son mal conocidas para público en general. Paul Ricoeur ha expuestomagistralmente la organización del Antiguo Testamento común al judaísmo y alcristianismo. Esto me dispensa, ciertamente, de volver sobre los diversos génerosliterarios de la Biblia: textos proféticos, narración de acontecimientos históricosfundantes, textos prescriptibles, sapienciales e himnos yacciones de gracias. Cada género tendría una función y un poder revelador.Pero, quizás, para la lectura judía de la Biblia estas distinciones no se establecen con lamisma firmeza que en la luminosa clasificación que se nos ha propuesto. Unas leccionesprescriptibles
sobre todo en el Pentateuco, en la Torah, llamada Torah de Moisés
 tienen, para la relación con Dios, un privilegio en la conciencia judía. Están en todos lostextos, los salmos harían alusión a las figuras y a los acontecimientos, pero también a
los mandatos: “Soy forastero en la tierra, no me
ocultes tus
mandamientos”
, dice elsalmo 119:19. Los textos sapienciales son proféticos y prescriptivos. Entre los
“géneros” circulan pues, en múltiples sentidos,
unas alusiones y referencias mutuas,perceptibles a simple vista.Otra observación: en todas partes se impone una búsqueda que va más allá delsentido obvio. Éste es conocido y reconocido, ciertamente, como obvio y, a su nivel,como plenamente válido. Pero ese sentido es, quizás, menos fácil de establecer que lastraducciones que el Antiguo Testamento no le dejan suponer. Es el regreso al textohebraico, a partir de las traducciones, por venerables que sean, que revela lo extraño ola misteriosa ambigüedad o la polisemia que autoriza la sintaxis hebraica: las palabrascoexisten en vez de subordinarse las unas con las otras, las unas a las otras,contrariamente a lo que predomina en las lenguas llamadas evolucionadas ofuncionales. El regreso al texto hebraico hace más difícil de lo que se piensa la decisiónsobre la última intención de un versículo, sobre todo, de un libro del AntiguoTestamento. De hecho, la distinción del sentido obvio y del sentido a descifrar, labúsqueda de ese sentido oculto y de un sentido todavía más profundo, que éstecontiene en su interior, todo esto esconde la exégesis específicamente judía de laEscritura. No hay ni un versículo, ni una palabra del Antiguo Testamento
leída delectura religiosa, leída a manera de revelación
que no se entreabra a todo un mundo,primero insospecha
do, y que engloba lo legible. “
Rabí Aquiba interpretaba hastaadornos de las letras del
texto sagrado”, dice el Talmud. Esos escribas, esos
doctores,que se llaman esclavos de la letra, intentaban sacar de las letras, como sí ellas fueran

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