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Las sustancias psicoactivas y su estructuración juridica (Antropología Jurídica-Ensayo)

Las sustancias psicoactivas y su estructuración juridica (Antropología Jurídica-Ensayo)

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Monografía para cátedra de Antropología Jurídica, Unsa.
Monografía para cátedra de Antropología Jurídica, Unsa.

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Categories:Types, Research, History
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10/28/2012

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1
Sustancias psicoactivas: panorama de su estructuración como drogas“ilegales”. Sentidos hegemónicos y contra-hegemónicos.
*
 
Pablo E. Cosso
1.
 
Introducción, historización y significación hegemónica del consumo psicoactivo.
Las drogas “ilegales” deben ser comprendidas como constructos sociales objetivados: lassustancias vegetales, fúngicas ó sintéticas que reciben dichas representaciones jurídicas, son portadoras pasivas de las propiedades asignadas por la ‘violencia realizativa’ (Derrida, 2002) mediante la cual, lasformas de conocimiento y control hegemónicos caracterizan (nominan) socialmente a sustancias naturales(Cannabis, Mescalina, Hongos Psicoactivos, etc.) y producciones ó síntesis químicas de laboratorios(LSD, Cocaína, Heroína, Crack, etc.).Mac Rae, ha definido la constructividad social de dichas sustancias, en base a fundamentos históricos:“…[la] propia concepción de “drogas ilícitas”, [es] una categoría arbitraria, de naturaleza exclusivamente política, sin ningún basamento científico. Las drogas consideradas lícitas varían en el tiempo y en elespacio. Recordemos por ejemplo que el tabaco […] tuvo su uso penalizado en el pasado en diversos países […] en la Rusia del siglo XVII podría acarrear la amputación de la nariz del usuario y la pena demuerte en los imperios Otomano y Chino (Escohotado, 1989:380)…” (Mac Rae, 1997:109)
**
 El
 golpe de
 
 fuerza
 jurídico del que surge el sentido de ilegalidad montado sobre ciertas sustancias psicoactivas, debe ser deconstruído (como propuesta ‘derrideana’) haciendo referencia a la condiciónhistórica que asumió a mediados del siglo XX, el Derecho Hegemónico a nivel mundial (desde unainstancia de ‘benignidad de penas’ respecto del ejemplo histórico precedente), luego expandiendolineamientos a las estructuras locales (nacionales) de regulación y penalización social. La dinámica jurídica que imaginó a las drogas “ilegales” en las sociedades modernas, es parte de un momentoespecífico, el cual Derrida, asimila a un
 golpe de fuerza
: “…inaugurar, justificar el derecho, hacer la ley,consistiría en un
 golpe de fuerza
, en una
violencia realizativa
…” (Op. cit., 2002:33, énfasis propio). La
violencia realizativa
, es la condición misma de la construcción social de las drogas “ilegales”,
*
Monografía para el seminario de Antropología Jurídica: Ley, Derecho y Justicia Desde Una Perspectiva Antropológica.Primer cuatrimestre 2008. Facultad de Humanidades, UNSa. Docente: Pedro Marcelo Ibarra.
**
Traducción del original en portugués. De ahora en más, siempre que aparezca un asterisco entre corchetes ([*]), una vezfinalizada la cita, deberá entenderse que el fragmento textual reproducido ha sido traducido por el autor de ésta monografía.
 
2
materializada sobre momentos de “medicalización” y “criminalización” respecto de las experiencias deconsumo con y las propias sustancias psicoactivas.El Derecho hegemónico, entendido como un modo específico de imaginar la realidad social (B.De Souza Santos, 1991:3), construye
escalas
de inteligibilidad sobre los sujetos y sus experiencias, enéste caso respecto del consumo psicoactivo. Basa dicha necesidad de construcción de escalas en la mismaimaginación de poder que pone en juego para controlar ciertas prácticas sociales tras un momento deselección ó distorsión “operativa”. Las representaciones escogidas que “nutren” a las leyes anti-drogas, provienen pues de una
distorsión
de la realidad social, caracterizada siguiendo los conceptos de B. DeSouza Santos como una: “…decisión sobre el grado de pormenorización de la representación…”(
ibidem
:5); cuestión que a grandes rasgos implica un distanciamiento de las sustancias psicoactivas de uncaudal de prácticas que suelen contenerlas: religiosas, artísticas, intelectuales, controles “nativos”, etc. Loque ostenta el ‘esqueleto prohibicionista’ psicoactivo como representaciones, responde a elementosescogidos
ex-profeso
de los ámbitos salúbricos y delictivos, “nutridos” tanto por la imaginación bio- política y como diría Marx (1974) por la también imaginada “productividad social del crimen” (dentro dela división social del trabajo), a grandes rasgos una fuerza de “criminalización” generadora de un núcleo“indiviso” que “engulle” tanto al narcotráficante como al simple consumidor. Ambas facetasestructurantes, son los puntos de partida de un “poder seleccionador” que concreta estrategias ydispositivos de control social para la reproducción del poder (político y jurídico) en sí mismo y lasociedad normativizada por éste. B. De Souza Santos aclara al respecto: “…El poder tiende a representar la realidad social y física en una escala escogida por su capacidad para crear los fenómenos quemaximizan las condiciones de reproducción del poder. La representación/ distorsión de la realidad es un presupuesto del ejercicio del poder…” (Op. cit: 1991:6). Esta primera faceta requerida para laconstrucción jurídica de la “realidad” de las drogas, se puede observar como una necesidad de reducciónde las experiencias “amplias” de consumos psicoactivos, a sabiendas de que en base a
 proyecciones
(segundo paso de la instauración de un mapa legal, según B. De Souza Santos) posteriores derivadas de la‘reducción cultural’ que sustenta a la escala escogida, se formalizará el sentido de orientación social jurídicamente prescripto. Las proyeciones, a su vez, implican un grado de
compromiso
sobre el tipo dedistorsión a privilegiar (
ibidem
:7). La
 simbolización
, el tercer paso descripto por De Souza Santos, para laconcresión de un mapa legal ó de una ley, sugiere el sentido de su visualización ó lectura para quienesdeben orientarse socialmente de acuerdo a los parámetros simbolizados. Lo simbolizado, sin embargo, nose refiere tan solo al aspecto “codificado” en letra jurídica, sino también a las imágenes estigmatizantescon que se suelen diseñar los modelos semióticos de las sustancias psicoactivas proscriptas paraconsumos no- médicos.
 
3
Como esgrime De Souza Santos, surge una instancia de
compromiso
, la cual puede ser asimiladaespecíficamente a la violencia realizativa, que implica la elección/distorsión.La violencia realizativa (legislativa, médica y judicial) se aboca a la construcción nominal detérminos tales como “drogas” ó “estupefacientes”, cuyo objetivo primordial sugiere la consolidación deimágenes
estigmatizantes
y
 proscriptivas
en el consenso popular, lo que dentro de una
bi-valenciacosmovisional 
hegemónica, respondería a la ‘dirección bio-política’ ejercida sobre la salud física ymental de los gobernados, de la misma manera que articularía acciones de control social por su vínculo penalista. La carga semántica adherida a las sustancias caídas en ‘desgracia nominal’ como “drogas”,sugiere por otro lado una orientación performativa consustanciada con el intento de imposición efectivadentro del ‘sentido común prohibicionista’. Dicha carga representacional, al ser deconstruída
1
, sevisibiliza como una palabra donde lo
nefasto-semántico
se manifiesta en el sentido de representaciónopuesto a lo que el
 Estado
 
 Penal 
direcciona moral y racionalmente como políticas de salud y salvaguardadel “bien público”. El término “droga”, ya no como una construcción significativa científico-farmacológica, sino asumiendo un estado representacional hegemónico como supuesto de lo a-moral, loinsalubre ó lo anómico.Como constructo social ya performado y puesto a rodar en la historia: "...La droga [sería considerada] unamercadería [...] controlada por el Estado a través de una calificación jurídica, caracterizada por tres puntos: 1-un efecto sobre el sistema nervioso central; 2-capacidad de crear dependencia física ó psíquica;3-noción de peligro sanitario y social (Caballero, 1989)..." (Fernández O., 1997) [*].Las sustancias psicoactivas, habiendo recibido la carga semántica de la palabra-materialidad"droga", absorverían el estado ontológico de
nefasticidad 
respecto de la experiencia humana, a la par queserían concebidas según parámetros de alteridad, en tanto que enfrentadas a las representaciones de lassustancias psicoactivas "legales" (tabaco, alcohol, psicofármacos, etc.), las cuales sólo suponen esesentido de ‘nefasticidad social’ en las derivaciones de su consumo ligado a la pérdida de la salud, laviolencia familiar, etc.: es decir no surgiendo sus re-presentaciones públicas reguladas desdeadjetivaciones/ estigmatizaciones comunicantes previamente proyectadas (como sí, es el caso de lasdrogas “ilegales”), sino que inspiradas y asimiladas por los desórdenes visibles de las experiencias.
1
Siguiendo en ésta instancia a Derrida, quien define al acto deconstructivo como ‘una forma de juzgar a lo que juzga’,específicamente: “…Se trata entonces de [abordar] esos conceptos (normativos ó no) de norma, de regla ó de criterio. Se tratade juzgar aquello que permite juzgar, aquello que autoriza el juicio…” (Op. cit, 2002:13)

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