FALL 2007, VOL. 54, NO. 4 281
y la lectura de los episodios literarios hechos libro de
. . .y no se lo tragó latierra
(1971).La crítica se ha encargado de destacar esa pasión permanente de Rivera por lamemoria, que él mismo ha explicitado en algunos textos emblemáticos sobre supropia obra (cfr. Leal). Para Rivera, existe un ritual del recuerdo, y en su opinióntres son los actos vitales que encierran y se encadenan en este ritual y que aplicarácomo motores o claves de su novelística: recordación, descubrimiento y volición(Leal 36):
“Precisamente, yo trato de describir en
. . .y no se lo tragó la tierra
, que abarca los años40 y 50, la explotación del trabajador agrícola . . . para que a través de ese recordar,salga la fuerza volitiva que nos permita vernos como personas psicológica y físicamentecompletas. De ese modo, descubrimos que siempre habíamos tenido voluntad, y queello nos daría el empuje final en nuestra búsqueda”. (cit. en Leal 37)
La memoria activa una búsqueda plena de voluntad que permitirá un des-cubrimiento completo del ser chicano. En su base, Rivera siente la situación deque si no se recuerda, el pasado chicano se va a perder (Leal 37), una actitud quese integra además en el núcleo de lo que Marc Zimmerman denomina comosegunda fase de la literatura chicana, una literatura centrada en describir los con-flictos laborales, étnicos, religiosos y culturales diarios de una comunidad chicanaemigrante y marginada todavía no completamente inserta en la nueva cultura delos Estados Unidos (21–22). Y Rivera va a buscar ritualizar esa experiencia histórica concreta en
Tierra
, unaritualización de esa existencia emigrante que él llevará a cabo mediante palabras,tal como proponía el propio autor (Olivares 281). Curiosamente, es precisamenteun conflicto ante la ausencia de palabras para describirse a sí mismo el queimpulsa la búsqueda del protagonista (J. Rodríguez 133) de
Tierra
, medianteun plantearse “¿quién soy y quién me llama?” en el capítulo-marco inicial, y que sólo obtendrá una resolución feliz de sentido y liberación personal en elcapítulo-marco final. Esa respuesta la componen las 13 anécdotas y 12 episodiosnarrados entre ambos capítulos-marco, y lo que me gustaría demostrar a partirde ello es que Rivera no solamente ha recurrido a un ritual de la memoria, sinoque
Tierra
podría incluirse en la mejor tradición clásica de Arte de la Memoria,técnica retórica usada desde la Antigüedad para construir discursos efectivos y conservarlos en la memoria.Esta ciencia o arte tiene su origen legendario en Simónides, que tras unbanquete multitudinario y trágico, fue posteriormente capaz de recuperar en suimaginación la posición de cada uno de los comensales (Yates 13). En la épocaromana, con Cicerón y después Quintiliano, pasó a ser una parte indispensablede la Retórica, ya que permitía construir los discursos de forma que pudiesenser memorizados para su correcta reproducción oral (16–41). En la Edad Mediapermite la edificación de obras teológicas monumentales reflejadas en catedrales y esquemas conceptuales del universo moral, que se ampliarían en el Renacimientoneoplatónico a la descripción del universo -
imago mundi
- y, en la Edad moderna,
Leave a Comment