Welcome to Scribd, the world's digital library. Read, publish, and share books and documents. See more
Download
Standard view
Full view
of .
Save to My Library
Look up keyword
Like this
0Activity
0 of .
Results for:
No results containing your search query
P. 1
Porphyria.

Porphyria.

Ratings: (0)|Views: 51|Likes:
Published by Cristian Rangel

More info:

Published by: Cristian Rangel on Sep 11, 2012
Copyright:Attribution Non-commercial

Availability:

Read on Scribd mobile: iPhone, iPad and Android.
download as DOCX, PDF, TXT or read online from Scribd
See more
See less

09/11/2012

pdf

text

original

 
Porphyria.
El silencio era tan delicioso. Era una de sus melodías favoritas, de aquellas queresaltan su belleza en una profunda obscuridad, como en la que se encontraba. Pocospodrían entenderlo, pero el silencio puede llegar a ser tan
intenso… tan intenso como
estar a punto de morir y saberlo. Él sabía de la muerte, pues cambió su existencia parasiempre.Ahora, el simple hecho de pensar en la luz del sol era inquietante, algo terrible,como si quemara la piel desde dentro. Si pudiera seguir respirando sentiría el calor delaire sobre sus labios. La caja era estrecha, húmeda y cómoda. Era la cama perfecta paradormir y descansar durante su letargo. Fabricada de improviso, de alguna maderacorriente y olor penetrante y desagradable. Cerrada con nada más que clavos comunes.La tierra y el polvo se filtraron durante semanas. Podía sentir gusanos abriéndose paso através de su piel, tratando de comer lo que fuera que les atrajera de la putrefacción de sucuerpo.Lo que le hubiera pasado antes de morir no le importaba mucho. Quedó atrás ylos años desvanecieron el recuerdo y la nostalgia como si fueran huellas en el desierto.Ahora sólo tenía esto. No era una segunda oportunidad. Tampoco se trataba de uncastigo, de haber sido así, hubiera dado a parar en el infierno. Más bien era una casieterna segunda parte.Su cuerpo había cambiado. Lo que alguna vez fue un saludable y ligerosobrepeso, se había transformado en un atrofiado saco de huesos que sólo recobraba susfuerzas al comer. Y Hoy había despertado con hambre. De seguir siendo humano estaríasalivando abundantemente, como perro con el filete en el plato. Ni siquiera podíaexperimentar ansiedad. Todo lo que sentía era debilidad.Algunos metros sobre él, comenzaban a escucharse las primeras paladas, apenaseran murmullos sordos. Se trataba de la misma persona que lo había enterrado y vueltoa sacar durante la mayor parte de su vida. Él estaba seguro de que no lo hacía por otrarazón que no fuera miedo, pero era todo lo contrario. Ya no era alguien que pudieraentender a los seres humanos, quienes, hasta en el caso más extremo son capaces dehacer cosas por amor.Esta era una situación extrema y muy peligrosa. Estar tratando con alguien comoél, era tratar con una criatura poco confiable, que si lo desea, podría cambiar tu vida dela misma forma que se la han cambiado a sí mismo. Pero ahí estaba, fiel a la sangre y ala familia. Aunque cada vez que es momento de desenterrar a su padre, llevabaalrededor de su cuello un rosario. No estaba seguro si esto en realidad servía, pero notenía otra forma de defenderse en caso de convertirse en la presa. Alguna vez llevó unabolsa con ajo. Lo único que hizo el hombre de la noche fue estornudar enferma y
 
alérgicamente. Le había perdonado la vida, pues lo necesitaba, y muy en el fondo de sudescompuesto cerebro lo entendía. Hoy entiende muchas menos cosas.Obviamente su hijo no ha intentado, ni intentaría matarlo aunque pudiera. Legeneraba cierto terror, pero más que eso le despertaba un sentimiento de tristeza ylástima. Aquel hombre representativo de la primera palabra que había aprendido ya noera capaz de ser feliz, de sentirse emocionado por volver a ver a su familia después deun largo tiempo, ya no conocía lo que era el amor. Tal vez hasta la palabra se habíaconvertido en parte de un lenguaje obsoleto. Fue gracias a esto que su hijo comenzó aapreciar lo que le quedara de vida. A ver todo de una forma tan distinta, tanto queaprendió a cuestionar sus propias acciones y decisiones. Era un hombre nuevo ydiferente, pero lleno de dolor en el corazón.Pese a esto, estaba convencido de que en el fondo todavía existía ese padreamoroso, estricto y que le había enseñado tanto en su juventud. No sabía cómo, perosiempre que lo miraba a los ojos otra vez y él no decía nada, se daba cuenta de que enrealidad lo que había ahí dentro era un prisionero. No quería convertirse en eso. En la juventud deseó infinidad de veces una vida eterna, pero esto ni siquiera se le parecía.Ahora sólo anhelaba una muerte permanente y dentro de una tumba que no fueraprofanada jamás.El hombre de la noche alcanzó a escuchar la voz de su hijo mientras cavaba. Erala primera vez que no estaba sólo. No tenía idea de qué era lo que tenía pensado haceruna vez que removiera la cubierta de su ataúd. Nunca le había dicho a nadie sobre lasituación de su padre. Lo habían dado por muerto meses
después de… ¿de qué otracosa?, de morir. Por primera vez tomó en cuenta la posibilidad de que “el muchacho”
(cómo lo llamaba todavía) se hubiera armado de valor para darle fin a esta pesadilla. Yde ser así él no hubiera podido hacer mucho. Tal vez intentaría morder, pero si fallabaera todo.Abrió los ojos y la imagen se mantuvo: negro. Estaban secos, deformes y, a lapoca luz de la noche serían de un amarillo similar al de la yema podrida de un huevo.Lo único que los hidrataba era la sangre inyectada en los capilares. Esta noche le hacíamucha falta. Apenas podría con su propio cuerpo, caminar era tan difícil cuando se tienehuesos tan delgados para sostenerte. Delgados y quebradizos.Esta era otra de las tareas que estaba dispuesto a realizar su hijo. Conseguirle decomer no era nada fácil, y mientras más viejo te vuelves, secuestrar a una persona eracomo tratar de llevar arrastrando un toro. Sería más fácil llevarle personas de más edadque él, pero era sangre que no servía de mucho. Su padre necesitaba sangre joven,palpitada por un corazón fuerte. Más que nada le llevaba vagabundos, o personas sinimportancia para nadie. Generalmente mujeres, ya que era más fácil de dominarlas,aunque algunas lo habían sorprendido de vez en cuando.Ya con la presa en la cajuela de su camioneta, manejaba de regreso a casa. Vivíaa las afueras de la ciudad, construida de adobe y con un terreno enorme. En la parte deatrás, bajo un árbol tan seco como la tierra misma, estaba la tumba. Era a unos metrosde ahí, a pleno terreno baldío donde le daba de comer. Tenía que dejarlos atados.Innumerables pesadillas estaban llenas de aquellos gritos ahogados, por la camisa rotaque usaba para taparles la boca y que ningún vecino pudiera escuchar. De igual forma elmás cercano se encontraba a uno o dos kilómetros. Y tal vez si tuvieran las casas unacontra la otra, no dirían nada.Lo más perturbante era lo que pasaba con las víctimas después de que su padrelas mordiera, chupara a gorgotones grotescos y masticara un poco de carne.Mientras el hombre de la noche parecía entrar en una especie de transeorgásmico-epiléptico, y su boca abierta dejaba resbalar lo que parecía saliva mocosa y
 
espesa teñida de rojo (una sustancia que sólo producía durante la alimentación), elcadáver comenzaba inflamarse entre espasmos. Sólo una vez cometió el error de dejar lamutación llegar a su fin.El cuerpo hinchado y globoso parecía el de un hombre de más de cien kilos. Lapiel perdió su tono natural, era venosa y de un pálido transparentoso. Parecía estar apunto de estallar, incluso llegó al punto de romper las ataduras (gracias a esto cambiólas cuerdas por cadenas). Un instante después, el cuerpo tembloroso regresó a lanormalidad, con la piel colgándole como un anciano casi amorfo. En este tipo derenacimiento era cuando más sedientos estaban.Al cadáver le costó trabajo ponerse de pie, pero una vez con la vista clavada enel joven, caminó hacia él. Era lento, el movimiento de todo el cuerpo parecía difícil decontrolar, como si padeciera una enferma versión de Huntington de pesadilla. Babeabacasi como el padre, como si no pudiera controlar todos los músculos de su cuerpo. Talvez, la mordida infecciosa le había causado la disfunción de algunos tractos nerviososrelacionados con la inteligencia y la motricidad. La enfermedad pudo también causarleuna disfunción sanguínea, y para compensarla necesitaba sangre tibia y saludable, comola que tenía enfrente.El (todavía) joven casi se deja llevar por un ataque nervioso, pero momentosdespués recobró la cordura y levantó el hacha que usaba para matar a todo el que supadre infectaba. La sostuvo firme, con los brazos separados, calculando el momento enel que pudiera lanzarla de lleno contra el cuello.Sin darse cuenta se humedeció los labios y en el mismo frenesí cortó surespiración de golpe, la aguantó con un dolor entre el pecho y el estómago, y también alos lados de la cabeza. Tomó impulso y abanicó con todas sus fuerzas.El golpe, con mucha suerte, fue certero y el hacha se atoró con un crujido secoen la espina del cadáver. No le quedó sangre suficiente para derramar y la hoja seembarró con las sobras que había dejado su padre sobre la piel. El cuerpo sólo gemíaentre movimientos fallidos por tomar el hacha.El joven la agitó para zafarla. En cuanto lo logró, tomó impulso de nuevo yvolvió a golpear. Esta vez cruzó la columna por completo, dejando la cabeza colgandoridículamente. Se alejó arrastrando el hacha, cansado, mirando cómo el cuerpo caíaarrodillado. Del impulso se arrancaron los músculos y la piel, en un sonido similar alque hace el pollo cuando se rompen los ligamentos entre los huesos. La cabeza cayópesadamente, levantando una ligera nube de polvo. El cuerpo finalmente se recostósobre ella.El corazón del joven latía como el de una rata. En parte se sentía aliviado depoder seguir sintiendo la sangre subir por su cuello, a tal ritmo que producía ligerasvibraciones dolorosas. Sin saber el momento en el que soltó el aire, volvió a inhalar,como si hubiera pasado minutos bajo el agua a punto de ahogarse.Sus ojos enfocaron con dificultad a su padre. Estaba de pie y erguido. Su aspectohabía cambiado demasiado. Parecía casi vivo.No se dijeron nada. El joven lo miraba atento a cualquier movimiento quehiciera, con el rosario colgando fuera de la camisa, húmedo por el sudor. Esa nochehabía ganado más de la experiencia necesaria para no volver a cometer ese error. De ahí en adelante todas las decapitaciones serían mucho más sencillas.Las paladas se acercaban, se convirtieron en un sonido más similar a lo que erala tierra siendo levantada por el metal. La voz del anciano de su hijo era muy clara, casicomo si lo tuviera enfrente. Estaba hablando con alguien mucho más joven. Tal vez unveinteañero.

You're Reading a Free Preview

Download
/*********** DO NOT ALTER ANYTHING BELOW THIS LINE ! ************/ var s_code=s.t();if(s_code)document.write(s_code)//-->