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Llosa 1Artes de la memoria y universo chicano: La memoria como técnica estructural en “…y no se lotragó la tierra” de Tomás RiveraÁlvaro Llosa SanzUniversity of Nevada, RenoJames Abbott recuerda cómo en su juventud conoció en un viaje de estudios a TomásRivera y menciona su memoria precisa para recuperar acontecimientos y anécdotas vitales, asícomo su capacidad para disfrazar esos protagonistas y experiencias propias al transformarlasluego en literatura (26-7), aspecto que pudo comparar un tiempo después al contrastar lasanécdotas oídas de propia voz aquel verano y la lectura de los episodios literarios hechos libro de
…y no se lo tragó la tierra
(1971).La crítica se ha encargado de destacar esa pasión permanente de Tomás Rivera por lamemoria, que él mismo ha explicitado en algunos textos emblemáticos sobre su propia obra (cfr.Leal). Para Rivera, existe un ritual del recuerdo, y en su opinión tres son los actos vitales queencierran y se encadenan en este ritual y que aplicará como motores o claves de su novelística:recordación, descubrimiento y volición (Leal 36):“Precisamente, yo trato de describir en
…y no se lo tragó la tierra
, que abarca los años 40y 50, la explotación del trabajador agrícola… para que a través de ese recordar, salga la fuerzavolitiva que nos permita vernos como personas psicológica y físicamente completas. De esemodo, descubrimos que siempre habíamos tenido voluntad, y que ello nos daría el empuje finalen nuestra búsqueda” (cit. en Leal 37).La memoria activa una búsqueda plena de voluntad que permitirá un descubrimientocompleto del ser chicano. En su base, Rivera siente la situación de que si no se recuerda, el
 
Llosa 2 pasado chicano se va a perder (Leal 37), una actitud que se integra además en el núcleo de lo queZimmerman denomina como segunda fase de la literatura chicana, una literatura centrada endescribir los conflictos laborales, étnicos, religiosos y culturales diarios de una comunidadchicana emigrante y marginada todavía no completamente inserta en la nueva cultura de losEstados Unidos (21-2).Y Rivera va a buscar ritualizar esa experiencia histórica concreta en
Tierra
, unaritualización de esa existencia emigrante que él llevará a cabo mediante palabras, tal como proponía el propio autor (Olivares 281). Curiosamente, es precisamente un conflicto ante laausencia de palabras para describirse a sí mismo el que impulsa la búsqueda del protagonista(Rodríguez, “The Problematic…” 133) de
Tierra
, mediante un plantearse “¿quién soy y quién mellama?” en el capítulo-marco inicial, y que sólo obtendrá una resolución feliz de sentido yliberación personal en el capítulo-marco final. Esa respuesta la componen las 13 anécdotas y 12episodios narrados entre ambos capítulos-marco, y lo que me gustaría demostrar a partir de elloes que Rivera no solamente ha recurrido a un ritual de la memoria, sino que
Tierra
podríaincluirse en la mejor tradición clásica de Arte de la Memoria, técnica retórica usada desde laAntigüedad para construir discursos efectivos y conservarlos en la memoria.Esta ciencia o arte tiene su origen legendario en Simónides, que tras un banquetemultitudinario y trágico, fue posteriormente capaz de recuperar en su imaginación la posición decada uno de los comensales (Yates 13). En la época romana, con Cicerón y después Quintiliano, pasó a ser una parte indispensable de la Retórica, ya que permitía construir los discursos deforma que pudiesen ser memorizados para su correcta reproducción oral (Yates 16-41). En laEdad Media permite la edificación de obras teológicas monumentales reflejadas en catedrales yesquemas conceptuales del universo moral, que se ampliarían en el Renacimiento neoplatónico ala descripción del universo – 
imago mundi
 – (Yates 74, 99, 54) y, en la Edad moderna, los
 
Llosa 3dominicos la utilizarían para la elaboración de sermones (Yates 141) y los jesuitas para laevangelización en las Américas.Para empezar, la elaboración de un discurso regido por el arte de la memoria exige unamente individual con interés de crearlo y fijarlo. En
Tierra
, nos hallamos en los citadoscapítulos-marco un individuo que, en el primero, “trataba de recordar y ya para cuando creía quese estaba aclarando todo un poco se le perdían las palabras” (7) y en el último, tras una serie deimágenes interiores encadenadas que, caóticamente enlaza en su mente monologante, declara undeseo: “Quisiera ver a toda esa gente junta. Y luego si tuviera unos brazos bien grandes los podríaabrazar a todos. Quisiera poder platicar con todos otra vez, pero que todos estuvieran juntos. Peroeso apenas en un sueño” (75). Todas esas imágenes recuperadas como hilván en el últimocapítulo, cuando este personaje se encuentra escondido bajo una casa, son un recuerdomonologado y concatenado de múltiples recuerdos que remiten al lector, directa o indirectamente,y como una síntesis, hacia todas las anécdotas y episodios que han compuesto, de manera untanto fragmentaria, la novela. Sólo entonces nos damos cuenta realmente de que la función deeste personaje, personaje que identificamos ya con el del primer capítulo, es el de reunir en sítodo lo anteriormente disperso, mediante un ejercicio de integración que se realiza en la memoria.Tenemos así lo que la crítica ha denominado como un
rememorador 
(Grajeda 72).“In terms of technique, the monologue serves to integrate the disparate strands which arethe basis of the earlier stories and anecdotes, but it also suggests, paradoxically, a circular relationship, since the final integration (the boy’s victory over chaos) may be said to be the sourceof any of the individual parts which precede it” (Testa 92).En mi opinión, no solamente este final integrador es la fuente de algunas partes anteriores,es que realmente este capítulo final precede a todo lo anterior en cierto sentido, porque contienela materia necesaria de la que se nutrirán las historias evocadas a lo largo del libro. Por supuesto
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