Welcome to Scribd, the world's digital library. Read, publish, and share books and documents. See more
Download
Standard view
Full view
of .
Save to My Library
Look up keyword
Like this
3Activity
0 of .
Results for:
No results containing your search query
P. 1
De Sousa Santos, Boaventura. Critica de La Razon Indolente (pp. 156-172)

De Sousa Santos, Boaventura. Critica de La Razon Indolente (pp. 156-172)

Ratings: (0)|Views: 245 |Likes:

More info:

Published by: Grupo HistoriayJusticia on Sep 15, 2012
Copyright:Attribution Non-commercial

Availability:

Read on Scribd mobile: iPhone, iPad and Android.
download as PDF, TXT or read online from Scribd
See more
See less

07/29/2013

pdf

text

original

 
C
RÍTICA DE LA RAZÓN INDOLENTE
 
siempre es el ejercicio de la regulación en nombre de la emancipación. Muyespecialmente para Hobbes y Locke, las leyes civiles extraen, en última ins-tancia, su universalidad y legitimidad de la correspondencia con las leyesnaturales. Las debilidades, las pasiones, los intereses personales de los sereshumanos obligan a que las leyes naturales sean garantizadas por las leyesciviles.
 
Hobbes, Locke y Rousseau anticiparon, cada cual a su modo, la anti-nomia entre la universalidad de este paradigma político-jurídico y el mundoparticularista en que habrá de ser aplicado, una sociedad progresivamentedominada por el capitalismo, por las divisiones de clase y por extremas desi-gualdades. Las "soluciones" que ellos ofrecen a esta antinomia son muydiferentes. Rousseau la ataca frontalmente, rechazando separar la libertadde la igualdad y deslegitimando las desigualdades sociales con base en lapropiedad. Hobbes suprime u oculta la antinomia, reduciendo todos losindividuos a una situación de extrema e idéntica impotencia frente al sobe-rano. Finalmente, Locke acoje la antinomia, sin excederse en consistencia,a través de una justificación que legitima, simultáneamente, la universalidaddel orden jurídico-político y las desigualdades de la propiedad.
 
Ninguno de los análisis de estos autores es, en sí, reduccionista; peropodemos fácilmente identificar las semillas de posibles reduccionismos encada uno de ellos. En última instancia, la tensión entre regulación y eman-cipación que recorre esa poderosa constelación intelectual es sentida por losfundadores del pensamiento político moderno como una ansiedad de
 justi- ficación.
Se sienten llamados a justificar el nuevo orden social y político queestá surgiendo ante sus ojos, pero anticipan, y hasta testimonian, el hechode que ese nuevo orden va a tener, simultáneamente, un lado límpido depromesas sin precedentes y un lado oscuro de excesos y déficits irreversi-bles. La ansiedad de justificación es fruto, por un lado, de no poder justifi-car aquello que consideran moralmente errado, y, por otro, de saber que,para salvar el nuevo orden de sus enemigos reaccionarios, tienen que justi-ficarlo globalmente.
 
2. La modernidad político-jurídica y el capitalismo
 
En el campo jurídico y político, la "prueba real" del paradigma de lamodernidad se da en el siglo XIX. Es justamente en ese periodo donde elcapitalismo se convierte en el modo de producción dominante en los países
 156
 
H
ACIA UNA CONCEPCIÓN POST
-
MODERNA DEL DERECHO
 
centrales y que la burguesía emerge como clase hegemónica. De ahí en ade-lante, el paradigma de la modernidad queda asociado al desarrollo del capi-talismo. Siguiendo la propuesta inicialmente presentada por Hilferding, ycontinuada por Offe y otros, divido ese desarrollo en tres periodos
30
. El pri-mero, el del capitalismo liberal, cubre todo el siglo XIX, aunque las tres últi-mas décadas tengan un carácter de transición; el segundo, el periodo delcapitalismo organizado, comienza a finales del XIX y alcanza su máximodesarrollo en el periodo de entreguerras y en las dos primeras décadas de lapost-guerra; finalmente, el tercer periodo, el del capitalismo desorganizado,que comienza a finales de los años 60 y aún continúa.
 
No pretendo hacer una descripción pormenorizada de cada periodo,sólo destacar las características necesarias que permitan seguir la trayecto-ria del paradigma de la modernidad a lo largo de los tres periodos
31
. Mi tesisconsiste en que en el primer periodo se muestra ya que el proyecto socio-cultural de la modernidad es demasiado ambicioso e internamente contra-dictorio. El segundo periodo cumple algunas de las promesas de la moder-nidad y deja otras por cumplir, mientras procura, gracias a una política dehegemonía, minimizar la extensión de sus fracasos para convertirlos socialy simbólicamente invisibles. El tercer periodo representa la conciencia deuna situación con tres características esenciales: primero, lo que la moder-nidad ha realizado no es irreversible, y, si no fuera excesivo, debe ser pre-servado, aunque tal preservación no pueda ser garantizada por la mismamodernidad; segundo, las promesas aún no cumplidas seguirán incumplidasmientras que domine el paradigma de la modernidad; y, finalmente, ese défi-cit, además de irreversible, es mucho mayor de lo que se pensaba en elsegundo periodo.
 
A medida que avanzamos del primero al segundo y tercer periodos, elparadigma de la modernidad, al igual que un rayo láser, reduce la amplitudde sus realizaciones al mismo tiempo que las intensifica. Ese proceso de con-centración/exclusión es también el proceso a través del cual la tensión entreregulación social y emancipación social, constitutiva del pensamiento jurí-dico moderno, va siendo gradualmente sustituida por una utopía automáti-ca de regulación jurídica confiada al Estado.
 
30.
 
Ver Hilferding (1981); Offe (1985); Lash y Urry (1987). Ver, también, Winckler (1974).31.
 
En la descripción de los tres periodos del desarrollo capitalista, me remito a lo que escribí anteriormente (1994: 73-84).
157
 
C
RÍTICA DE LA RAZÓN INDOLENTE
 
2.1. Primer periodo
 
El Estado constitucional del siglo XIX es heredero de la rica tradiciónintelectual descrita en la sección anterior, aunque minimizando los idealeséticos y las promesas políticas para ajustarlas a las necesidades regulatoriasdel capitalismo liberal. La soberanía del pueblo se transformó en la sobera-nía del Estado-nación dentro de un sistema interestatal; la voluntad generalse transformó en la regla de la mayoría (obtenida entre las élites gobernan-tes) y en la
raison d'état;
el derecho se separó de los principios éticos y seconvirtió en un instrumento dócil de la construcción institucional y de regu-lación del mercado; el buen orden se transformó en orden
tout court.
 
Ese complejo proceso histórico no puede ser descrito aquí con detalle.Inflamada por las contradicciones del desarrollo capitalista, la tensiónentre regulación y emancipación explotó. El Estado liberal encontró en elcaos resultante la justificación para imponer un modo de regulación queconvirtiese las pretensiones más inequívocamente emancipatorias delparadigma en anomia o utopía y, por tanto, en cualquiera de los dos casos,en peligro social. La deslegitimación social de la emancipación se da casisimultáneamente en el derecho y en la política, por un lado, y en la cien-cia y en la tecnología, por otro: el caos socio-político y el caos epistémicoreferido en el Capítulo I -el caos concebido como ignorancia del punto devista del conocimiento-regulación- están así, estrechamente imbricados. Elisomorfismo entre las transformaciones jurídico-políticas y las epistemo-lógicas es acentuado por la misma filosofía que gradualmente las penetra:el positivismo
32
.
 
La aparición del positivismo en la epistemología de la ciencia modernay del positivismo jurídico en el derecho y en la dogmática jurídica puedenconsiderarse, en ambos casos, construcciones ideológicas destinadas tanto areducir el progreso social al desarrollo capitalista, como a inmunizar laracionalidad contra la contaminación de cualquier irracionalidad no capi-talista, sea la divina, la religiosa, la tradicional, la metafísica o la ética, o,incluso, las utopías o los ideales emancipadores. En el mismo proceso, lasirracionalidades del capitalismo pasan a coexistir y hasta a convivir con laracionalidad moderna, si se presentasen como regularidades (jurídicas o cien-tíficas) empíricas.
 
32. A propósito de las relaciones entre el positivismo científico y el positivismo jurídico, verWieacker (1967:458-468).
 158

You're Reading a Free Preview

Download
/*********** DO NOT ALTER ANYTHING BELOW THIS LINE ! ************/ var s_code=s.t();if(s_code)document.write(s_code)//-->