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17106189 Luhmann N Como Se Pueden Observar Estructuras Latentes 1998

17106189 Luhmann N Como Se Pueden Observar Estructuras Latentes 1998

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11/29/2013

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text

original

 
3
*Cómo
se
pueden obselliar
45
estrx~eta~ras
atentes?
Parece
ser
cierto
10
que
eemos en
Reina,
vcn Foerster:
no
se
puede
vei.
ue no
se
ve
o
qne
no
se
ve.]
Si
seguimos leyendo,ncsenterarnos ocasionallmente de algo
acerca
cle
una
mancha
ciega
como
condíc46n de posibilidad de
ver
y
nos sentimos ir~itados
realizar
un
experirnernio
qrre
por
lo
menos
nos
permite saber(aunque no ver) que no se
ve
lo que no
se
Parece tratarse por
lo
tanto
de
una trivialidad ernpín-icamente comprobable.
¿O
talvez
de
un
hecho
mpírico
conocido desde hace mucho tiempo,que hay que trivializar para sacar de sus goznes a
a
epistemologíaclásica?
El
valor del descubrimiernto de esta comprobación resultaincomprensible si nos aferrarnos a la unidad de un sujetocsa,gnoscente
al
que se enr";rentaun objeto que el sujeto ve o
an
ve,que puede ver o
puede
no ver. Entonces Ia comprobación sóloexcluye la contradiccian de que el sujeto ve la que
no
ve,
y
asísigue siendo trivial. La cuestión cambia en cuanto comenzarnos
a
contar con una pluralidad
de
sujetos. También la pluralidad
se
puede abreviar hasta llegar a una unidad, descartando todolo superfluo,
si
se supone que los sujetos observan el mismomundo con
miradas
paralelas. Entonces podrían ser tratadoscomo uno solo, pueslaobservación de cada sujeto produciría lamisma observación, el
mismo
mundo.
No
es necesario queinteresen
las
relacioiles "intersubjetivas". Pero,
¿y
si
uno
comenzara a interesarse en ellas? ¿Porqué'?Laepistemslogía clásicade los sujetos, que observa objetos,respondería: para e~ncontrar a verdad. Podría ocurrir quealguno de los sujetos se equivocara. Como
en
el
Teeteto
dePlatón, se trataría de la cuestión de cómo. se pueden hacercomprobaciones verdaderas
de
que otros observadores hacencomprobaciones falsas que consideran verdaderas.
Ea
categoríade error solucionaria entonces
1a
disputa. Pero el mismo Platónno parece haher estado muy seguro respecto
del
origen delderecho de calificar de falsa
una
observación consideradaverdadera. Sin embargo, debe
haber
tal derecho, pnes
si se
dejara
a
cada
Lino
SU
(Idsil)
verdad
porque el hombre es lamedida de todas las cosas (Protágorasj, entonces la verdad deesa afirmación (y conello el fundamento de todo el edificio de
la
verdad) sería dudosa.3 El problema
crea
una filosofia, crea lateoría de la reminiscencia de las ideas; y más allá habríz quepensar hasta nuevo aviso, hastz la continuaciian del diálogo.Eatiriscña.nza
dice:
no
ccaafíes
en
inguna teoráa
y
ten paciencia con
los
derná~.~
Meir,z
=Jan
?ozrsa;,eí.
T~GS
ixyzii~i
a
ccntinurna..
Srt
fbrrnuia.mágica
no
st:
tleaumina
a?zamnesks,
se denomina
obseroing
systems.
8
embién,
eoni
otro
@.so
de
la
misma
('?)
idea:
ssu-uiving
,htlures.
La f~rmuPa eBala
y
ocei-lta
de
manera
hábil
lo
que
sueledenorriinarse ambién cibernética de segundo oden
o
cibernéticzde
la
observación de observadores.
De
ninguna
manera se tratadel reconocimiento
de que
hay más
de
un
sujetoyque con eso elconcepto de sujeto se
pone
en
contradicción consigo
niismo.
NO
lo se trata de
que un
sujeto que c80nsLituye
n
sí mismo
su
propia relaciéin
con el
nzundo descubre que otros también
lo
hacen,
y
a decir verdad otros
que
aparecen
en
el mundo dels~~jetoombrado en primer lugar
(ego),
que a su
vez
debe
comprobar que aparece en el mundo de otro
alter
ego.
No sólo setrata de que el constituyente descubre su ser-constituido.
El
romanticismo ya había planteado el problema en ese nivel
y
había tratado
de
solucionarlo con el auxilio
de
los conceptos dedesdoblamieazto,
por
ejemplo con el mundo mágico de los dobles,
i
de
los espejos
y
de las
máscara^.^
Y
Gotthard Günther habíapreguntado en ese mismo sentido
por
la subjetividad del
tiá,
y
habia despertado el interés del soci6logo S~helslagi.~
a
con esose había superado labanalidad
de
postular la "intersubjetividad"como una realidad
sui
g-eneri~.~
e habia cumplido el paso
de
tina descripción "monocontextural"
del
mundo
a
oti-a "psli-contextural". .No había que volver
a.
cael.
atrás.
Pero,
¿cómo
se
In: WATZLAWIK, Paul; KRIE, Peter. El ojo del observador: contribuciones alconstructivismo. Barcelona, Gedisa, 1998. p. 60-72.
 
sise? ¿Es suficiente con postular valores lógicos adicionales?LN~mplica eso una Binealidad falsa, no lo suficientementecompleja: de dos, tres, cuatro,
n
valores?La cibernética de segundo orden puede trabajar con cálculosmatemáticos, pero puede aplicarse también a sistemas emplricos.
Los
análisis matemáticos o
ógicos
pueden explicar entonces
que
ocurre realmente cuando
un
olosevvador observa a un observador,o cómo hay que construir para que un obscwador observe
a
im
observador y no sólo cosas
o
estados de sistemas.
Y
eso pareceexigir el paso a una lógica de mtiltipPes valores. Pero ante todohabría que aclarardequé
manera
está constituida la operaciónempírica de observar, a diferencia
de
las operaciones sencillas,
que no
hacen sino -c;hodificarel
estado
del mundo en uno
as
otrosentido.Hcinz von Foerster elige como resumen de su artículo
""On
ConstrucLing a Reality" la breve f6rmula
"Druw
a
distinction!"[Realice una di~tinción].~sta es una cita
y
remite al cálculo delas formas que George Spencer Brotvn introdiice con esac~nsigna.~s probable por lo tanto que coincida con el propósitode von Foerster sí se entiende la observación corno el empleo deuna distinción. Eso
no
modifica el hecho de que se trata de unaoperación que debe ser realizada (puesen caso contrario no tienelugar). Pero la operación tiene una estructura muy compleja,cuyo análisis nos lleva de vuele2
a
nuestro tema.
Una
distinción tiene siempre dos lados, consiste por lo tankoen
un
límite que permite distinguir esos dos lados
y
eventualmente pasar de
ms
otro (Spencer Brown:
cro.s.sing).
La separación de los dos lados y su marcacisn mediante la forma
de
la distinción tiene
el
propósito de obligar a la observacian asalir deun lado (por
lo
tanto no del otro) de la distinción. Debeindicar (Spencer Brown: indicate) Io que se observa. Debeofrecer, se podría decir, una
referencia.
Al mismo tiempo
hay
allíuna indicación oculta de que hay otro lado que (en todo caso enese momento) no se menciona. Puede tratarse simplemente delresto del
mundo, de
lo que queda del
unmarked
state
(otra vezS~encer
row~)
isando se indica algo determinado.
La
mayoríade las veces, sin
embargo,
lo
que no se menciona es limitado porel tipo de distinción. Una batalla naval -piensoenel
Peri
herrneneins
de
Aristalteles- puede distinguirse de una batallaterrestre; o tal vez también del comercio marítimo. Pero no sellegará tan fácilmente a la idea de que son peces, estrellas odioses los que pueblan el otro lado.
Y
es así como la estrategia
de
Salamina consisti6 en enfrentar a los persas
no
en
tierra sinoen
el
mar.Por lo tanto la observación sería una operación que utiliza
una
dis inci6n para indicar unlado (y no el otro).
En
consecuencia
es
una operacibn con dos componentes: la distinción y laSardlcacP6a, que no pueden amalgamarse
ni
separarse operati-~rarnente.'~
in
embargo, eso
I~PTI~
la
crtrs-tión
de
la distinci6n.
Si
esL6 para facilitar
da
indicacibn
de
uno
e
sus
ados
(y
no del
odso),
entonces
no
ueda
volver
a
aparecerensí misma. FranciscoVarela
ha
ü.dvertido este problema de4 defecto y
ha
trakado
de
superarlo con el notable concepto deself-indication.ll Pero en
un
contexto determinado
por
la consigriü "druw
a
distinctiolz", esoconduce de nuevo a
la
cuestión de en
qu6
se
cllstingriie unadistinción cuando se indica a sí misma.De todos modos cada distinción tiene dos lados, pero noaparece ni en un lacio ni en el otro.
Si
observar es distinguir,entonces la distinción
no
es observable; pues
no
puede sera'aidicada
ni
como
un
lado
de la distinción ni
como
el otro. Porsupuesto que se pueden distinguir distinciones, por ejemplo unaobra
de
arte cara (y no barata) en vez de nueva (y
no
antigua)
s
ella (y no fea). Pero con la distinción de las distinciones solose ha desplazado
el
problema
y
no se lo ha resuelto. Puesentonces esa diseinción de las distinciones
ni0
puede alojarse enmisma.
así sucesivamente. Entonces
la
distinción es elpunto ciego que se presupone en cada obsewaciéin como condición
de
su posibilidad.
O
para fornnularlo más .drásticamente conMichel Serres:
e4
observador es e1 parásito de su observacian. Sebeneficia con la distincibn de la que se alimenta. Se amamantasinhacer ruido. El observador es
lo
no 0bservab8e.~"
 
El camino ulterior está seraalado. Hemos encontrado elpunto
ciego9
obviamente
en
ulla
siteiaeidn abstracta
que
dejamuchas rosas en suspenso. Es
Ia
distinción misma cn
la
quedebe basarse toda observación.13 Pero el concepto
de
laobscrvaci~n orno indicaciáln distinguidora
ha
sido tomado enforma demasiado abstracta. No sólo incluye
la
percepción y elpensamiento (conocimiento),sino tarnbien la accion. Pues,
21
fin
y
al
cabo,
los objeiivos y los valores son distinciones, es decir,puntos ciegos.14
Uno
podría esforzarse por obtcncr
funda-
mentaciones, sólo
para
advertir
que
otra vez
se
trata sólo
de
distincioi~es.
U
así
con
todo
lo
que
uno
quisiera ofrecer oimpugnar
como
saber.
De esa maneya
cae
también
la
viejadistincián
ontí-e
azh y vol~i~ltad,
ue
a
su vez
no
pudo
ofrecermás que utia rnetafslca
i.ePerida
al homkre.
Tampoco
hemcs
resuelto
nada
a6n
sobre el aparato
que
realiza operativamentela observación. ¿Acaso la
fisiea
no
coatribuye a posibilitaín
al
fisicu?
¿Qué
ocurre
con
las células, los sistemas inmunológicos,los sistemas nervioscs, los organismos?
i$u@
ocurre
con
la
concienciay
con
los
sistemas
de
comílnieación
de
tipo social?Sólo Dios esia exceptuado; el diablo como observador de Dios
ya
no lo est5;
y
mucho
menos
atín sus eompekidorss, los teólogos.Es importante mantener por el momento el concepto
de
observaci~nn esta sltsaaclón abstracta
y
con ello
la
comprensiónde laatencia ligzda con
él,
para no limitar demasiado rjpido elproblema a problemas particulares de una teoría sistkmica
biollígica,
neuropsicológica, psicológica o sociológdca. Con laabstracciáln correspondiente, pregrantarnos
sobre
la posibilidad
de
observar la observación.
En
principio
se
puede pensar aquíen una reconstrucción completa en el nivel
de
segiindo orden.Quien quiera observar
a
inn
observador
como
observador, no
sólo
debe tomarlo como un
objeto
distinguible; debe comprender la
distincis'n
utilizada en el nivel de
la
observación de
primer
orden. Para
una
lógica corresporidiente
se
necesitarían, segúnGürilher,mas de dos valores Iógñcos, porq3de
ya
la
observacibnde primer orden debe ser reconstrzida con dos valores. Luego.
en
el
nivel de laokservación de segundo orden
se
da
la
posibilidadde aceptar o rechazar la distinción
del
observador
de
primer
orden.
Además habría
que
pensar qua la mera indicación
en
elnivel
de
prirner
orden
y
en el nivel
de
segundo
orden
puede seruna indicaciór,
verdadera
y
falsa, según coino resulten lascondiciones (teorías, métodos) que regulan
la
dis
ribucihn de losvalores de verdad.
No
seguimos desarrollando esto, sino
que
observamos sólo cuan estructkaralmen~eica
debe
ser una teoríaformal que pretenda observar acleciladamenie esos hechos.
Eii
vez
de eso, nos interesamos ea
la
cuestión
de
si unobsei~adore segundo
orden
no
puede
concentrarse en observar
10
que
el
ubservadur
ile
piirner orcleri
no
piiecle
obscrvai,
y
sabernos
que
no
puede
observar
lo
distinció~ n que
baca su
observación.
Decirnos
que
~iop~tcdc
bswrrar.,
para
dei.iirar
n
n
u-tilizaci6n
ilc
la
dislincibn.
Eso
exelrlyr,
en
tod.0
raso
en
iin
principio,
Ldo
-1
bap~)
cli3-
no--ver.
ccide~i
il.
No
hre-iazos
;ist,r:
a
anri
miincdo en
la.
calle
y
pnu.
eso
no
lo hemos
sa!-;i,cIa'do.
6tTo
podc.r.ros
saber
por
q116
no
lo
hemos visto; pues
no
se
piiede
ver
que
ns
se
ve
la
que
no
SI
ve.
Dicho de
otra
nrariera,
airi
pod~einos aber
,por
qu8
noestajmos acostumbrados
y
entreiaacios
a
c1asifica.r
bajé, cl
punto
. .
de vista conncido/desconccide
a
los
hombres
que
vernos elesdelejos.
Talvaz s61
nteresala p-sotecciían de
a
suffciente Clistanciacorporal o "'dis'cincioiiles
finas"
Q
la
Bourdieu.
Y
tra
vez:
no
sabemos,
ni
siquiera como observadores de segundo urden
de
noseatmrvs niisnnos, acostumbrados
al
clivAn,
por
qué distinguimoslas distinciones
de
lamanera.
acnstumbrada
y
no
de
otra,Eso quiere decir que tampoco
el
observador de segundoorden
que
se concentra
en
las causas de
la
no observacion tieneotra posibilidad
que utilizar
ciegamente distinciones propias.
La
teoría de la práctica terapéutica
ha
aceptado esto
y
tzrnbikn
lo
ha discutido-
bajo
la forma
de
unprogramaconstructivista de coia6;cimiento.
Puede
desplazar el nivel delanálisis de distinción en distinción. Pero el anaiista, ¿debemaniobrar finalmente
con
13
vaioaes lógicos:'
¿O
lo que importa
en
última instancia
es
adistinci6si
de
i
el
clieriie
(o
el
terapeuta)
interruxpe o continua
la
terapia?

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