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Como me gustaría envejecer- Dolores Aleixandre

Como me gustaría envejecer- Dolores Aleixandre

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Published by: Patricio Igor Gallardo Vargas on Sep 21, 2012
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 1
CÓMO ME GUSTARÍA ENVEJECER
 Dolores AleixandreHabía pensado poner como título a este artículo: “
 Disminuir y crecer. Una paradoja de la vidacristiana”,
pero antes de ponerme a escribirlo, me llega un número de
El Ciervo
(Junio 2003) enel que unos cuantos hombres y mujeres conocidos a nivel eclesial, cuentan cómo están viviendola década de los 80. Leer sus testimonios me orienta en otra dirección y cambio el título por otromás sencillo: cómo
me gustaría envejecer 
. Porque tengo 65 años y, por si acaso llego a la deellos, me doy cuenta de que tengo ya a mi alrededor suficientes modelos de identificación (ytambién de desidentificación...) como para saber cómo me gustaría vivir esa “quincenafantástica”.
1
 Soy consciente del posible comentario de algún lector menor de 30 años: (“querrá decir
cómo envejecer aún más...
”), en sintonía con la frase estupefacta de Mafalda al enterarse de quesu padre tenía 40 años: _”
¿Qué pila de años decís que tenés?
... O con esos titulares que nossobresaltan de vez en cuando: “
 Anciana de 60 años muere atropellada en un paso de cebra”.
 El paso del tiempo nos hace entender mejor las palabras de Qohélet:
“Acuérdate de tu Hacedor durante tu juventud, antes de que lleguen los días aciagos y alcances los años en quedirás: “No les saco gusto”. (...) Antes de que se rompa el hilo de plata y se destroce la copa deoro y se quiebre el cántaro en la fuente, y se raje la polea del pozo, y el polvo vuelva a la tierraque fue, y el espíritu vuelva a Dios, que lo dio”
(Qo 12,1. 6-7). Es la misma filosofía del
Gaudeamus igitur 
que graba en nuestra memoria cada inicio de curso lo de la
“iucundamiuventutem”
y la
”molestam senectutem”
, versión ancestral de la absoluta primacía quenuestras sociedades otorgan a lo joven, a la apariencia y a la lucha a brazo partido contra losestragos del tiempo. Como alguien ha dicho: “Hemos conseguido estirar la vida en longitud, perono hemos aprendido a gestionar inteligentemente el suplemento de años conseguido. Cultivamosla juventud con frenesí. Nos ocupamos de vivir mucho pero no tenemos derecho de ser viejos”.
2
 Y encima gravita sobre nosotros el reproche de que por culpa de tantos “adultos mayores”(reciente terminología de la UNESCO), se va a venir abajo en Europa el sistema de pensiones.La pregunta es entonces si no tendrá el Evangelio algo alternativo que decir y ofrecer alos modelos culturales dominantes: la visión de la vejez como un tiempo de regresión, pérdida einactividad, carente de expectación y de proyectos y habitada irremediablemente por la amarguray la nostalgia; o su versión “revancha recreativa” que empuja a un ocio vacío y a aturdirse en elconsumo y la exterioridad.
1
Por asociación de ideas : ¿no es llamativa la inexistencia de una “Planta de Tercera Edad” en El Corte Inglés?Quizá se deba a que el instinto comercial intuye la resistencia de muchos posibles clientes a “salir del armario” y areconocerse del gremio (de la tercera edad, se entiende). En todo caso, con todos los que somos, se podrían venderen ella mil productos, desde pegamento para las dentaduras postizas hasta ofertas de viajes a Benidorm entemporada baja.
2
A. Brennan –J.Brewi,
Pasión por la vida. Crecimiento psicológico y espiritual a lo largo de la vida
, Bilbao 2002,91
 
 2Como tengo una reconocida fijación con los verbos bíblicos y a estas alturas de la vidacomprenderán que no voy a empeñarme en ser original, he agrupado mi reflexión en torno a
seisimperativos
(otra fijación), que escucharon algunos hombres o mujeres de Israel. El propósito esque nos sirvan de guía a la hora de acometer esta travesía como gente diversamente calificada(mayores, viejos, ancianos, jubilados, tercera edad o abuelos), pero a quienes urge vivirlamarcados y sostenidos por el Señor y su Evangelio.Después de cada imperativo, incluyo propuestas para una posible
“tertulia entre pensionistas”
. Su intento es facilitar el intercambio de experiencias, llamadas y expectativas entorno a esta etapa de la vida, rodeada de tanta afasia y despalabramiento.
CÍÑETE; SUELTA; NO TENGAS MIEDO; RECUERDA; ELIGE; ESPÉRAMECÍÑETE
 
”Y tú, cíñete, ponte en pie...”
(Jer 1,17)
 
Esa fue la orden que recibió Jeremías en el momento de su vocación y la acción equivalía enIsrael a disponerse para acometer un trabajo, un viaje o un combate. En nuestra cultura quizá lomás parecido sería el “fajarse” de los toreros, o sea lo contrario de la flojera, el descuido o laimprevisión (sería impensable un torero saliendo a la plaza con guayabera, bermudas y chanclas).No está de más la advertencia, teniendo en cuenta que es frecuente el intento inútil deesquivar la realidad del paso del tiempo y sus consecuencias, desoír sus avisos y disimular susefectos. Puestos a elegir, posiblemente preferiríamos que se nos colara imperceptiblemente bajola puerta, evitándonos el trago de tomar conciencia de ello, enfrentar su llegada, ponernos en piey salir a su encuentro bien ceñidos.
“Enséñanos a calcular nuestros años
 
 para que adquiramos un corazón sensato
” (Sal 90,12),pedía el orante del salmo y Oseas ridiculiza a Israel cuando intenta adoptar esta postura:
“¡Tiene la cabeza llena de canas y él sin enterarse!”
(Os 7,9).En otra ocasión recurre a una imagen de genial ironía:
“Cuando su madre estaba con dolores, fue una criatura torpe
 
que no supo ponerse a tiempo
 
en la embocadura del alumbramiento”
(Os 13,13).Y eso puede pasarnos también a nosotros si nos negamos a traspasar el umbral que la vidanos pone delante e intentamos eternizarnos en una etapa fetal anterior, sin ser capaces dereconocer que estamos ante la posibilidad de un alumbramiento, aunque lleve consigo dolores departo.
 
 3¿En qué consistiría entonces ceñirse? En primer lugar en la decisión de asumir la propiaexistencia, habitarla y comenzar a negociar los cambios que el paso de la edad va a introducir enella. Nos guste o no, estamos ante una etapa diferente de las anteriores en la que, junto aevidentes pérdidas, se nos presentan nuevas oportunidades. Pero para eso hay que irsementalizando poco a poco y hacerse suavemente a la idea de que va llegando la hora de dejaralgunas de las tareas o responsabilidades que llevábamos entre manos para emprender otras másapropiadas al momento en que estamos. “Echarle mística” a estas decisiones de desapropiación ycomenzar a mirar con simpatía las posibilidades que se abren ante nosotros: se va a ir acabandoun ritmo acelerado de vida, podemos entrar en otro modo de estar presentes a los demás en formade acogida, de escucha y de compañía sin prisas. No se trata de desinteresarnos por aquello en loque hemos invertido dedicación y energías anteriormente, sino de ir encontrando otros modos deacción y de presencia.Alegrarnos de poder seguir testimoniando valores del Evangelio que hemos deseado vivir yde los que ahora tenemos mayor experiencia: gratuidad, interioridad y tiempo de vivir, porencima de eficacia, exterioridad y activismo.No obsesionarnos por buscar frenéticamente cómo estar ocupados, sino más bien irhaciéndonos más disponibles a lo que Dios proyecta para nosotros ahora y que se nos irá dando aconocer sencillamente, a través de pequeños signos y “guiños” a los que tendremos que estaratentos. Mirar “la cara sur” de esas nuevas circunstancias: lo que hay en nosotros de “personaje”con su carga de “representación”, roles y funciones, entra en fase menguante, y nuestra verdaderaidentidad desnuda, libre y auténtica puede pasar a creciente.Como es muy conveniente hablar de esa transición con naturalidad y sin dramatismo,
3
podríamosdialogar sobre cómo entiende cada uno eso de “ceñirse” y las diferencias que ve entre la orden aJeremías y la “profecía” de Jesús a Pedro:
“Cuando eras joven te ceñías e ibas adonde querías;cuando seas viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará donde no quieres...”
(Jn 21,18)En su libro
Pasión por la vida
(cf nota 2), de muy recomendable y provechosa lectura, susautoras, dos religiosas psicólogas norteamericanas, insisten con razón en que la vejez no es algoque sucede sin más, sino una oportunidad para emprender el viaje más importante de nuestra viday por eso hay que vivirlo con plena conciencia y total participación: “No es demasiado tarde másque cuando se ha decidido que es demasiado tarde”. Un buen tema de conversación seríailuminarnos mutuamente acerca de los proyectos de cada uno al respecto...
3
Otro dato sobre el empeño en escabullirse del calendario: cuando hace unos años mi Superiora General escribió unacarta sobre esa etapa de la vida y la envió a cada hermana a partir de 65 años, a más de una le molestó recibirla. Yme ha dicho un pajarito que algo parecido ha ocurrido en una provincia jesuítica.

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