Welcome to Scribd, the world's digital library. Read, publish, and share books and documents. See more
Download
Standard view
Full view
of .
Save to My Library
Look up keyword or section
Like this
16Activity
0 of .
Results for:
No results containing your search query
P. 1
Barbara McMahon - El hombre equivocado (Harlequín by Mariquiña)

Barbara McMahon - El hombre equivocado (Harlequín by Mariquiña)

Ratings: (0)|Views: 650 |Likes:
Published by kampello

More info:

Published by: kampello on Sep 25, 2012
Copyright:Attribution Non-commercial

Availability:

Read on Scribd mobile: iPhone, iPad and Android.
download as RTF, PDF, TXT or read online from Scribd
See more
See less

08/20/2013

pdf

text

original

 
El hombre equivocado
Cuando conoció al misterioso Mitch Holden, Ginny Morgan estaba buscandodesesperadamente al padre de su hijo. Mitch no era lo que andaba buscando,pero eso no impidió que él le hiciera una increíble proposición: si ella se convertíaen su secretaria, él pagaría la operación de su hijo. Ginny estaba encantada detrabajar para él, pero le resultaba muy difícil acercarse a un hombre que sehabía aislado del mundo desde la terrible pérdida de su familia. Por eso se quedótan sorprendida cuando el trabajo de conveniencia se convirtió en un matrimoniode conveniencia.¿Sería posible que aquel hombre le hubiera hecho un hueco en su corazón?
 
PROLOGO
A GINNY Morgan les espantaban las vacaciones de primavera. Las horas no sóloeran más largas, sino que durante esas dos semanas hacía el doble de turnos y sepodía olvidar de librar un día. Estaba segura de que la mitad de los estudiantes en uni-versidades del Oeste y casi todos los de universidades del Medio Oeste acudían aFort Lauderdale para pasárselo en grande. Iban a beber, divertirse y enamorarse.Tenía una parte buena que eran las propinas y el buen humor de los visitantes,pero también tenía una parte mala por los recuerdos que le traía. Recuerdos quemantenía alejados durante casi todo el año. Sólo cuando miraba a los ojos de su hijosentía retazos de tristeza.Ginny limpió la mesa y amontonó los platos y los vasos en el cubo. ¿Dónde estabael maldito mozo? Si ella fuera la jefa, ya habría despedido a Manuel y habríacontratado a alguien más fiable.Levantó el pesado cubo, lo llevó a la cocina y lo dejó junto al fregadero. El humode las cazuelas y los pucheros convertían la cocina del restaurante en un baño turco.El aire olía a gambas fritas. Miró a la barra y vio que no había pedidos, así que escapóal relativo frescor de la sala del restaurante.Echó una ojeada a la zona que tenía asignada y vio que un grupo de chicasuniversitarias estaba a punto de marcharse entre risitas. Las observó reírse y lanzarmiradas descaradas a un grupo de chicos que aparecieron paseando. Los trajes debaño diminutos estaban a la orden del día y los albornoces dejaban ver más de lo quetapaban.Cinco años antes ella llevaba uno sobre el biquini, cuando...No quería seguir dándole vueltas. Ya habían pasado cinco años desde aquellahistoria de Cenicienta con final desgraciado. Ya era mayor y había aprendido. Elfrenesí y los idilios de las vacaciones de primavera ya no iban con ella. Ya noescucharía las mentiras encubiertas con palabras románticas. Ya no creería a unhombre que le dijera que la amaba cuando la conocía de dos semanas. Quizá nunca lohiciera.Era una madre soltera con un hijo que le daba más satisfacciones que las que semerecía. Su vida no había seguido el sendero que ella había querido hacía tantotiempo, pero no cambiaría a Joey ni por todo el oro del mundo.Sin embargo, todo tenía su precio. Sonrió a las chicas cuando se despidieron deella con la mano y esperó que hubieran dejado una buena propina. Habían pedido detodo y luego habían dejado la mitad de la comida. Seguro que serían igual dedesprendidas con la propina.Ginny se guardó el dinero en el bolsillo. Unos dólares más para la operación deJoey. Se proponía ahorrar lo suficiente para poder operarlo antes de que empezara elcolegio al año siguiente. No era justo que un niño fuera bizco. Había hecho todo loposible para protegerlo de las bromas crueles, pero sabía que si empezaba el colegio,no podría hacer nada y no estaba dispuesta a que su hijo pasara por eso.
 
Como la operación no era fundamental para la salud de su hijo, el exiguo seguroque tenía por el restaurante no se la cubría. Todavía le faltaban unos cuantos miles dedólares.Ginny amontonó los platos de la mesa en otro cubo, resignada ya a que Manuelhubiera desaparecido una vez más. Tomó un periódico olvidado, lo dobló y se lo guardódebajo del brazo. Le gustaba leer los periódicos de todos lados que se olvidaban losclientes. Hubo un tiempo en que soñaba con dejar Fort Lauderdale y conocer Atlanta,Washington o Nueva York. Sin embargo, los sueños de viajar e ir a la universidad sedesvanecieron cuando se quedó embarazada.Vació el cubo y sirvió otras dos mesas antes de que le tocara descansar. Agarróel periódico y salió afuera, lejos del bullicio y el alboroto. Se sentó debajo de unavieja palmera enorme y extendió el periódico bajo la sombra que la protegía delcaluroso día. Era el Dallas Tribune. El corazón se le encogió un instante. Levantó lamirada y vislumbró el Océano Atlántico entre las tiendas de recuerdos y el paseo llenode universitarios que se pavoneaban. Era como si mirara al pasado. Texas. Él era deTexas.Suspiró levemente y ojeó los artículos de la primera plana. Iba a pasar la páginacuando se fijó en un pequeño titular que había en la esquina inferior izquierda. «JohnMitchell Holden y su familia donan un millón de dólares a la Fundación Infantil últimoDeseo».Ginny no podía creerse lo que veían sus ojos.John Mitchell Holden.Cinco años se desvanecieron al instante y ella volvió a ser la joven a la que untexano grande y descarado enamoró perdidamente, sedujo y se llevó a la cama. Fuerondos semanas maravillosas. El esplendor, la emoción constante, el deleite embriagador,el hechizo de aquellos días volvieron a su mente. El pulso se le aceleró al recordarlo.La invitó a comer y beber en los sitios más elegantes y no dejaba de repetirle que erala mujer más hermosa que había conocido. Casi podía oír el eco de aquel seductoracento texano.Hasta que desapareció sin decir una palabra. Las vacaciones de primavera habíanterminado y él se volvió a Texas.Ginny no volvió a saber nada de él. No sabía cómo ponerse en contacto con él.Había buscado en listines telefónicos y en Internet para intentar conectar con todoslos Holden y preguntarles si conocían a John Mitchell, sobre todo cuando supo queestaba embarazada. Debía saber que era el padre de un niño. No consiguió nada. Nadiedijo conocerlo. Era como si se lo hubiera tragado la tierra.Leyó el artículo a toda velocidad. Se mencionaba un rancho en Tumbleweed. Ellase acordaba de las historias extrañas y disparatadas del rancho familiar. La mayoríano se las creía del todo, pero pensó que tenía que haber un fondo de verdad. No erade extrañar que no lo hubiera encontrado en los listines telefónicos de las ciudades,vivía en un pueblo que no conocía a setenta y cinco kilómetros de Fort Worth.El artículo se centraba en la espléndida donación suya y de su familia. Un millón

Activity (16)

You've already reviewed this. Edit your review.
1 hundred reads
1 thousand reads
argesolglez liked this
anacm1961 liked this
Evelyn Toro liked this
Evelyn Toro liked this
Ala Barrufet liked this
elsie67 liked this

You're Reading a Free Preview

Download
/*********** DO NOT ALTER ANYTHING BELOW THIS LINE ! ************/ var s_code=s.t();if(s_code)document.write(s_code)//-->