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104620095 Homilias Sobre El Evangelio de San Juan San Juan Crisostomo

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San Juan Crisóstomo
Homilías sobre el Evangelio de San Juan
Homilía 1
Los espectadores de los certámenes, si ven que se acerca algún campeón esforzado y ya anteriormentecoronado, corren al punto con el objeto de presenciar el combate y su arte, y su fuerza; y se ve entonces unainmensa reunión de hombres que hechos todos ojos, con los del cuerpo y con los de la mente se aplican enabsoluto al espectáculo, de manera de no perder ninguno de sus pormenores. Si se trata de un excelente músicoque se presenta, todos igualmente llenan el teatro; y haciendo a un lado todo lo que traen entre manos, auncuando se trate de cosas urgentes y necesarias, suben al teatro y toman asiento; y captando cuidadosamente elcanto y el sonido de los instrumentos, discuten luego acerca de la sinfonía de ambos. Muchos lo hacen así. Y lomismo proceden los oradores respecto de los sofistas. Porque también entre éstos hay reuniones y oyentes yaplausos y estrépito y examen cuidadoso de lo que dicen.Pues bien: si los espectadores y los que son a la vez espectadores y oyentes permanecen sentados congrande atención ¿con cuánto cuidado, con cuánta diligencia debéis vosotros atender, cuando no ya un flautista,ni un sofista, sino un hombre celestial, lanzando una voz más penetrante que un trueno os convoca a esteespectáculo? Porque esa voz llenó el universo todo y lo saturó; y lo llenó no con la grandeza del clamor, sinoporque su lengua hablaba movida por la gracia divina. Y lo más maravilloso es que semejante clamor, nosiendo ni áspero ni desagradable, sino más agradable y más amable que cualquier música, a causa de suarmonía, y teniendo una fuerza mayor para captar al oyente, es al mismo tiempo santísimo y sumamentetremendo, y lleno de tan grandes arcanos y que confiere tantos bienes a quienes lo aceptan y guardan condiligencia que son ya no hombres, ni viven sobre la tierra, sino que participando, levantados sobre todo loterreno, de la suerte de los ángeles, habitan en la tierra como si fuera en el cielo. Porque ese hijo del trueno,amado de Cristo, columna de todas las iglesias que hay en el orbe, que tiene las llaves del cielo, que participódel cáliz de Cristo y fue bautizado con su mismo bautismo, que con grande confianza se recostó en el pechodel Señor, éste es el que nos ha convocado; y nos ha convocado no para representar fábulas, ni para eso seacerca; y no viene disfrazado (porque no va a pronunciar cosas teatrales), ni sube a una tribuna, ni golpea conel pie la orquesta, ni viene con vestiduras de oro; sino que se presenta con una veste de singular belleza. Se leve revestido de Cristo, calzados sus hermosos pies con la preparación del evangelio de la paz, ceñido con elcinturón no al pecho sino a los riñones, no con pieles purpúreas adornadas por encima de oro, sino tejidas yfabricadas con la sincera verdad.Se nos ofrece así, sin disfraces. En él no hay simulación alguna, ninguna ficción, ninguna fábula: con lacabeza desnuda viene anunciando la verdad desnuda. Ni aun cuando en realidad él sea otro, nos persuadirácosas distintas ni con su presentación ni con su mirada ni con su voz. Para anunciar la verdad no necesita deinstrumento alguno, ni cítara, ni lira, pues todo lo hace por medio de su lengua y lanza voces más suaves quecualquier cítara o música y más agradables y útiles. Tiene como proscenio el cielo todo; su teatro deespectadores es el orbe; espectadores y oyentes son todos los ángeles y de entre los hombres todos los que sonángeles o desean serlo. Porque solamente éstos pueden percibir con exactitud en sus oídos semejante armoníay demostrarla luego en sus obras, y ser oyentes tales como conviene que sean los que tal armonía han de oír.Todos los demás, a la manera de infantes (que oyen pero no entienden lo que oyen), andan ocupados en juegosagradables pero pueriles. También los que se han entregado a las risotadas, a los placeres, a las riquezas, alpoder, y viven para el vientre, de vez en cuando oyen lo que se dice, pero en sus obras no demuestran nadagrande ni alto, porque se han ocupado del todo en construir con lodo y ladrillos. A este apóstol están presenteslas Virtudes de lo alto, admiradas de la hermosura de su alma, de su prudencia y de las muestras de virtud conque atrajo al mismo Cristo y recibió la gracia espiritual. A la manera de una lira bellísima, adornada de piedraspreciosas y de broches de oro, dispuso su alma y logró que resonara con el Espíritu Santo algo grande yexcelso.Escuchémoslo, pues, no como a un pescador ni como a un hijo del Zebedeo, sino como a quien conoce lasprofundidades de Dios, digo al Espíritu Santo, que es quien pulsa esa lira. Nada humano dirá, sino que todocuanto anuncie será extraído de los abismos del Espíritu Santo, de los arcones aquellos que ni los ángeles
 
conocieron antes de que se verificaran en la realidad. Porque los ángeles junto con nosotros, por la boca deJuan y por nosotros, conocieron lo que ahora conocemos. Esto significó el apóstol con estas palabras: Para quese manifieste a los Principados y Potestades, por medio de la Iglesia, la multiforme sabiduría de Dios. Si pueslos Principados, las Potestades, los Querubines y los Serafines conocieron tales arcanos por medio de laIglesia, es manifiesto que sin duda los escucharon con suma atención.No es esto pequeño honor para nosotros: que los ángeles oigan con nosotros lo que ellos ignoraban. Cómolo hayan sabido por nosotros, no lo explicaré todavía. Hagamos, pues, un silencio grande y modesto, nosolamente hoy o en el día en que oímos, sino durante toda la vida; porque es útil escuchar a este apóstoldurante toda nuestra existencia terrena. Si anhelamos saber lo que en palacio se trata, o sea qué hace elemperador, qué consulta acerca de sus súbditos (y esto aun cuando con frecuencia para nada nos toque), conmayor anhelo hemos de querer oír lo que Dios ha dicho, sobre todo porque muy de cerca e íntimamente nosinteresa. Pues bien, todo eso Juan nos lo va a referir cuidadosamente, pues es amigo del Rey y tiene en sí mismo al Rey que por su medio nos habla, y escucha de su boca todo lo que el Rey recibe de su Padre. ¿Porquedice: Os he llamado amigos porque os he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre?En consecuencia, así como si viéramos a uno que repentinamente se asomara e inclinara desde el cielo yque nos prometiera referirnos en pormenor las cosas celestiales, todos al punto correríamos, así también ahoraestemos con igual disposición de ánimo. Juan nos habla desde el cielo, porque no es de este mundo, como lodijo Cristo: Vosotros no sois de este mundo y tiene en sí al Paráclito que habla y está presente en todas partesy conoce lo de Dios como el alma humana conoce lo suyo propio. Es decir al Espíritu Santo, Espíritu desantidad, al Espíritu de rectitud que rige y conduce al cielo todo y cambia en otros nuestros ojos, y hace queveamos como presentes las cosas futuras, y viviendo en carne contemplemos las cosas celestiales.Presentémonos a él durante toda la vida con ánimo tranquilo y calmado: nadie perezoso, nadie soñoliento,nadie manchado permanezca aquí. Trasladémonos al cielo en donde el evangelista va a hablar a los que vivenacá. Si permanecemos en la tierra, ninguna ventaja sacaremos de aquí. La enseñanza de Juan nada tiene quever con los que no se apartan de un modo de vivir digno de los cerdos; así como a Juan para nada le tocan lascosas humanas. Nos aterroriza el trueno con su ronco sonido; pero la voz de Juan a ninguno de los fielesconturba; más aún, por el contrario, los libra del tumulto y desorden, y solamente para los demonios y losesclavos del demonio es terrible. Y para que podamos ver cómo los aterroriza, callemos con la boca y con elánimo; y más aún con el ánimo. Porque ¿qué utilidad puede haber en que calle la boca, pero en el alma hayatumulto? Busco el silencio del alma porque anhelo que el alma escuche.Que no nos sobresalte codicia alguna de dineros, ningún amor a la vanagloria, ni la tiranía de la ira, ni eldesorden de otras pasiones. Porque no puede un oído no purificado captar como es conveniente la alteza de lassentencias, ni el fondo temible de estos misteriosos arcanos, ni conocer con exactitud todas las virtudes queestán en estos oráculos contenidas. Si nadie puede aprender a tocar la lira o la flauta si a ello no aplica suánimo, ¿cómo podrá alguno sentarse a escuchar las místicas voces, dejando inoperante a su ánimo?Por tal motivo Cristo nos amonesta con estas palabras: No deis lo santo a los canes, ni arrojéis lasmargaritas a los cerdos. A estas sentencias llamó margaritas aunque son de mucho mayor precio que lasmargaritas con mucho, porque no hay materia más preciosa. Por tal motivo suele compararse a la miel lasuavidad de estos discursos: no porque la suavidad de la miel pueda igualarla, sino porque no tenemos cosamás dulce que la miel. Y que supere con mucho a la dulzura de la miel y al precio de las margaritas y piedraspreciosas, oye cómo lo afirma el profeta con estas palabras: Son deseables más que el oro y la piedra preciosa,más dulces que la miel y el panal. Pero sólo lo son para quienes gozan de salud. Por eso añade: Porque tusiervo las guarda. Y en otra parte, tras de haber dicho que esos discursos son dulces, continuó: Para mi boca:cuán dulces para mi boca son tus palabras. Y exaltando su excelencia dijo: Más que la miel y el panal. Porquetenía sano el entendimiento.En consecuencia, no nos acerquemos así enfermos, sino una vez purificados del ánimo tomemos estealimento. Para esto fui echando por delante tan largo discurso y no había aún llegado a esto; para que cadacual, quitadas todas las enfermedades, como si entrara al cielo, penetre sin la ira, sin los cuidados y solicitudes,sin las demás pasiones. Nada podremos lucrar aquí si antes no purificamos el alma. Ni me oponga alguno serbreve el lapso entre ésta y la siguiente explicación; puesto que no ya en el término de cinco días, sino en unsolo instante podemos cambiar toda nuestra vida. Pregunto: ¿quién hay más criminal que un ladrón yhomicida? ¿Acaso no está aquí el extremo de la perversidad? Y sin embargo, el ladrón aquel en un instantellegó a la cumbre de la virtud y penetró en el paraíso y no necesitó de muchos días; ni siquiera de medio día,
 
sino de sólo un momento. Se puede, pues, cambiar repentinamente y de lodo convertirse en oro. Como notengamos innatos ni la virtud ni el vicio, resulta fácil el cambio, libremente y no por necesidad. Si queréis,dice, y me oyereis, comeréis los bienes de la tierral ¿Ves cómo sólo se necesita la buena voluntad? Pero no deuna voluntad vulgar como la que muchos tienen, sino de una voluntad diligente. Yo sé que todos anhelan volaral cielo; pero semejante anhelo es en las obras en donde hay que manifestarlo. El mercader desea enriquecerse,pero semejante deseo no se le queda en sólo el pensamiento, sino que va y prepara la nave, junta marineros,llama al piloto, pone en la nave los aparejos, cambia su dinero, atraviesa el mar, va a tierras extrañas, pasa pormuchos peligros y padece muchas otras cosas que saben bien los que acostumbran navegar.Pues una voluntad así conviene que demostremos. También nosotros navegamos; y no de un país a otro,sino de la tierra al cielo. Pues bien, preparémonos con el pensamiento a esta navegación que nos ha de llevar alcielo; y seamos marineros dóciles, y procurémonos una nave firme, no sea que naufraguemos a causa dealguna desgracia del siglo o de la tristeza, o que nos desvíe el viento de la arrogancia; sino que vayamos ligerosy expeditos. Si así nos preparamos nave, marineros y piloto, navegaremos prósperamente; y nos haremosbenévolo al verdadero piloto que es el Hijo de Dios, el cual no dejará que nuestra barquilla se hunda; pues auncuando soplen infinitos vendavales, él increpará a los vientos y al mar y convertirá la tormenta en grandetranquilidad.Así preparados os acercaréis a la siguiente explicación, si es que deseáis algo útil y poder guardarlo en lamemoria. Que nadie sea camino, que nadie sea piedra, que nadie esté repleto de espinas. Hagámonos camposnovales. Así echaremos nosotros en vuestras almas gustosamente la semilla; es decir, si encontramos unatierra limpia y pura. Si, por el contrario, la hallamos pedregosa y áspera, perdonadnos que no queramostrabajar en vano. Si desistiendo de sembrar, habernos de comenzar por desbrozar las espinas, sería cosa deextrema locura esparcir la semilla en tierra inculta. Al oyente de esta explicación no le es lícito ser partícipe dela mesa de los demonios. Porque ¿qué consorcio puede haber entre la justicia y la iniquidad? Te presentascomo oyente de Juan y por medio de él aprendes lo que es propio del Espíritu Santo ¿y luego te vas a escuchara las meretrices que hablan obscenidades y representan cosa más obscena aún y a afeminados que mutuamentese abofetean?¿Cómo podrás luego purificarte bien tras de revolearte en cieno tan grande? ¿Para qué es necesario recordarahora en pormenores tal obscenidad? Todo ahí son risotadas, todo oprobios, injurias y dicterios; tododisolución, todo ruina. Os lo digo de antemano: ninguno de los que disfrutan de la mesa presente corrompa sualma con esos perniciosos espectáculos. Todos los dichos y hechos son ahí pompas satánicas. Y todos cuantoshabéis sido iniciados ¿sabéis los pactos que con nosotros habéis celebrado, o mejor dicho con Cristo, puestoque es Él quien os inicia? ¿Sabéis lo que le prometisteis y lo que le dijisteis de las pompas satánicas y querenunciasteis a Satanás y a sus ángeles y prometisteis no adheriros jamás a ellos? Pero es de temer que alguno,violando estos compromisos, se torne indigno de los presentes misterios. ¿No has advertido cómo en lospalacios son llamados a participar en los concejos, no los que se han hecho culpables en algo, sino los queestán en honor y son colocados entre los amigos del rey? Pues ahora viene a nosotros un legado del rey,directamente enviado por Dios, para hablarnos de asuntos necesarios. Pero vosotros sin cuidaros de escucharni saber lo que desea, permanecéis allá sentados, escuchando a los comediantes. ¿De cuántos y cuán terriblesrayos no será digno semejante proceder?Así como no es lícito participar en la mesa de los demonios, tampoco es lícito escuchar las cosasdemoníacas, ni presentarse con vestidos sucios a la mesa espléndida, tan colmada de bienes y por el mismoDios preparada. Tanta es su fuerza que instantáneamente nos arrebata al cielo, con tal de que con mentesdespiertas pongamos atención. Porque no permanece en este vil estado quien con frecuencia es instruido en lapalabra divina, sino que es necesario que vuele y busque aquel altísimo sitio y goce de inmensos tesoros.Tesoros que ojalá todos nosotros consigamos por gracia y benignidad del Señor nuestro Jesucristo, por el cualy con el cual sea al Padre la gloria, en unión con el Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de lossiglos. Amén.
Homilía 2
Al principio existía el Verbo (Jn
 
1,1)
 
Si hubiera de hablarnos Juan y contarnos cosas suyas, lo oportuno sería referiros acerca de su linaje, patriay educación. Pero como no habla él sino Dios por su medio a la humana naturaleza, me parece superfluo

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